Hairy Wolf penetra a pelo al guaperas de Koki Castillo en el Cine XY | Men At Play
Cine-X 7: Bribery
Desde bien jovencito, Hairy Wolf había frecuentado los Cines XY. Ningún otro lugar le daba tanto morbo como ese. El cine se convertía en un refugio para aquellos hombres que disfrutaban viendo follar a otros, que se tocaban y se masturbaban en los asientos, que pasaban por el pasillo delante de ti empalmados, directos a los baños, algunos de la manita de otro tio. En la parte trasera sonidos de mamadas y gemidos de penetraciones directas que ponían la banda sonora a ese maravilloso placer masculino.
Es por eso que, con el paso del tiempo, a Hairy se le ocurrió la experiencia definitiva. Un cine de un solo asiento, donde uno no tuviera que perder el tiempo en preliminares, buscando pareja en la penumbra con miraditas o sacándose la polla para enseñar el material, donde tuvieras a un tio ya preparado para hacerte gozar mientras tu mirada iba de la pantalla de ficción a la vida real haciéndose sus propias pajas mentales.
Ya sólo quedaba probar la experiencia y no se le ocurrió para ello nadie mejor que Koki Castillo. Guapo, atractivo, sensual, buena barba, con esos ojazos y unos morritos deliciosos, el típico tio que tendría cola esperando en el cine. Para cola la que le iba a dar Hairy. Al verlo en el asiento, todo guapete y trajeado mientras le ponía una porno gay, se le puso bien dura. Tras juguetear con él rozando sus manos, sus muslo, lamiéndole los dedos, se levantó, se sacó la verga por la bragueta y le puso a comer polla.
Cómo jalaba el cabrón, vaya si le gustaba. Después de eso Hairy le dio el servicio completo. Le bajó los pantalones de pinzas hasta los tobillos, le comió el rabo, le separó y levantó las piernas dándole lengua al ojete y, tras meterle la corbata por el ano y sacársela poco a poco haciéndole sentir el ser más feliz sobre la faz de la Tierra, se lo folló a pelo reventándolo por detrás con ganas, sentándolo sobre sus piernas y haciéndole cabalgar hasta correrse encima.
Qué cara tan guapa, qué bueno que estaba, esos ojos de cachorrito, esos labios húmedos y rojizos que besaban tan bien. La leche se acumuló en las pelotas de Hairy, que enseguida hizo pasar a Koki del asiento a ponerse de rodillas. Se pajeó dirigiendo el cipote a esa cara tan bonita y le plantó los lefazos en todos los morros, regándole bien de leche la barba, con los mecos colgando. Su idea iba a ser todo un éxito, estaba seguro. Años de experiencia frecuentando los cines gay se lo decían.









