Mr. Deep Voice se folla a pelo el culazo de futbolista de su nuevo compañero de piso Andy Toro | Falcon Studios
Right Place, Right Time
El casero tenía que haberse confundido. Mr. Deep Voice ya llevaba viviendo en el piso de alquiler durante dos días, se estaba haciendo el desayuno cuando de pronto apareció Andy Toro por la puerta con las llaves en la mano. A ver, el tio estaba todo buenorro, con esa camiseta negra, una cara de macho sumamente atractiva que entraban ganas de darle culo, con ese pelo rapadito por los lados, pero aquello había sido claramente una confusión, era imposible que hubieran firmado el contrato dos personas al mismo tiempo, pero así era.
Lo mejor es que conectaron enseguida entre los dos, como si acabaran de conocerse en la barra de un bar y estuvieran hablando de deportes. Pasaron toda la tarde juntos en el piso, con Mr. Deep enseñándole todas las estancias. La última de ellas fue el dormitorio principal, que curiosamente tenía cama de matrimonio. Mr. Deep no se imaginaba a cada uno en una habitación, él quería esa grande y Andy también, así que no quedaría más remedio que compartir también cama.
Y podía dormir cada uno en un lado de ella o podían hacer algo mejor, mucho más agradable. Mr. Deep no pudo contenerse más ante la presencia de ese chulazo. La abertura de la camiseta por la parte de arriba le tenía loco y además olía muy bien. Se acercó con tiempo, te acarició el pecho y le robó un beso que fue gratamente correspondido.
Le colmó de besos y caricias. Qué bien besaba. Andy, que estaba sentado, le abrazó por el culo y con la otra mano no paraba de rozarle el paquete con los nudillos de los dedos. Mr. Deep se alzó la camiseta y le dejó que le desabrochara los pantalones, que tirara de la goma de los calzones y le sacara la pija morcillona. Puso los ojos en blanco al sentir le tacto de la mano de ese tio tocándole el pene.
Ni qué decir tiene que se le puso dura al instante, en cuanto bajó la mirada y se encontró la cara de ese tio guapo succionándole el rabo. Le colocó una mano en el cogote y le folló la boquita, haciendo que se la tragara hasta besarle la base del tronco y los mismísimo huevos. Se la penetró hasta ver cómo se le hinchaban las venas del cuello.
Le dio la vuelta, le bajó los vaqueros por detrás y bufó al verle el pedazo de culo de futbolista que tenía, como a él le gustaban, más blanquitos que el resto del cuerpo, suaves, musculosos y redonditos. Se inclinó, metió los morros, sacó la lengua y buscó su ojete a lengüetazos dentro de esa portentosa raja. Se puso de rodillas detrás de él, dirigió el rabo duro hacia su agujero y le penetró mientras le abrazaba y le besaba con la cara girada hacia él.
Qué culo tan precioso. Mr. Deep mecía las caderas adelante y atrás dándoles impulso, entrando dentro de él sin condón. Los dos completamente desnudos en la cama, pasándolo bien. Gracias señor casero por esta maravillosa confusión. Si a Mr. Deep se le escapaba el rabo del culo, ya estaba atento Andy para alargar el brazo, cogerle la pirula y volver a metérsela dentro. Él tampoco se quedaba quieto, meciendo el culo para tragar polla.
Mr. Deep creía que lo que más le apatecía era culo, pero cuando Andy se dio la vuelta y estaba a punto de abrirse de piernas bocarriba, se dio cuenta de lo que ese cabrón se gastaba entre las piernas, un pollón largo, grande y gordo, super apetitoso. Hambre de rabo al ver el tamaño y la forma de ese suculento pene. Cilíndrica, larga, bonita, empezó por besarle la puntita y acabó metiendo todo el tronco dentro de su boca hasta dejarlo pasar por su garganta.
Juntó los muslos con los suyos y plantó su polla sobre la de él, escupió sobre las dos y se dedicó a frotar una sobre otra sintiendo el calor y la dureza de ambas, la suavidad con la que retozaban juntas. Le atrajo hacia él y se lo folló a pelo abierto de piernas. Luego le hizo la cucharita, sin dejar de mirar cómo le rebotaba el pijote a cada embestida. Se lo miraba tanto que Andy le propuso algo lógico que se le propone a un tio cuando te mira mucho el rabo. «¿Quieres que te folle?«.
No estaba seguro. Mr. Deep eras más de dar que de recibir, pero ante la propuesta, de momento y sin dar una respuesta clara, se abrió de piernas y dejó que Andy jugara con su ojete, sus pelotas y su polla lamiéndole todo. No estaba seguro, quizá otro día. Tendrían muchos para poder decidir si regalaba su ojete a un desconocido. Se cerró de piernas y Andy no se lo tomó a malas. Sabía que ese tio acabaría por recibir rabo un día.
Se empaló sobre la polla de Mr. Deep y comenzó a cabalgarle de espaldas. Mr. Deep empujó hacia arriba con sus muslos, dejando a Andy casi en volandas. Le embistió desde abajo metiéndole todo el rabo dentro una y otra vez. Después afrontó la misma jugada pero con Andy encima cara a cara. Su polla dura y grande rebotando y sobándole los abdominales, la leche cada vez más a punto.
Andy se cogió el rabo y siguió saltando mientras se la pelaba. Su intención estaba clara, pero su leche muy espesa cuando se desvalijó la polla y se corrió sobre el abdómen de Mr. Deep. La lefa todavía supuraba de la raja del cipote cuando se retiró y pajeó el pito de Mr. Deep apuntándolo hacia su jeta. La cara de ese macho jodidamente atractiva, sus cejas pobladas, esa mirada de vicio, esa lengua tocando la punta de su pene, su mano fuerte atosigando su rabo.
Mr. Deep no pudo aguantar más la leche en las pelotas y comenzó a convulsionar, dejando escapar el semen de su verga, con la cara de Andy y su lengua bien pegadas siempre al rabo, su aliento dando alas. Le dejó el puño lleno de semen. Mr. Deep se lo cogió y le pegó una lamida. Andy le dio otra, un gesto que a Mr. Deep le encantó. Le gustaba que otros hombres se comieran su semen. Se besaron intercambiándolo entre sus bocas. Joder, vaya que si había empezado bien esto de compartir piso. Mejor imposible.









