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Drake Von descubre el placer de la puerta de atrás dejando que su colega Leo Levine se lo folle sin condón | MEN

Drake Bottoms Again

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El día en que Drake Von descubrió los placeres de la puerta de atrás, fue de forma totalmente casual. Lo estaba haciendo con su chica, él siempre arriba, dominando. Recibió una llamada de teléfono y, al acercarse al móvil en la mesilla, se quedó expuesto, completamente desnudo, a cuatro patas en la cama, con la raja del culo abierta y la polla y las pelotas colgando entre sus piernas.

Su chica flipó con las vistas, con ese culazo que tanto bien le hacía y un agujero bonito y con algunos pelillos alrededor. Pensó en las pelis guarras que veían juntos de vez en cuando, en algunas en las que ellos se abrían de piernas y se dejaban comer ojete. Quizá a Drake le gustara eso también como al resto de chicos, así que acercó un dedo y se lo metió por el ano, sacando a Drake un gemido de gusto de la rehostia.

Desde ese momento Drake no podría olvidar el gustito de ese dedo metiéndose por su orificio, apretadito, provocándole un placer enorme. Lo dejó pasar, pero al día siguiente ya estaba otra vez dándole vueltas. Aquella primera vez había significado tanto como cuando se hizo la primera paja, que el día que se la cascó y sintió el terrible gusto de la corrida poniendo en alerta a todo su cuerpo, ya no pudo parar, pues con esto sucedió lo mismo.

Si ya un dedo le gustaba tanto, qué no podría conseguir algo más grande. Pensando pensando, se fijó en la cesta de las frutas y verduras de la cocina, donde había un pepino de medio metro bien grueso, del grosor de dos pollas como la suya al menos. Lo cogió, deslizó la mano por encima para asegurarse de que estaba lisito, escupió en la punta para darle lubricante y, después de mirar a un lado y a otro para asegurarse de que no había nadie cerca, se bajó los pantalones y se lo fue introduciendo por el culo, dándose placer a sí mismo.

Le estaba gustando demasiado y fue a por más. Alzó una pierna y siguió metiendo esa pieza de verdura entre sus nalgas de futbolista, con el rabo morcillón colgándole entre las piernas. Los gemidos le salían por la boca sin esfuerzo y sus caras eran la de un auténtico idiota la que le estaban dando un placer tremendo, con los ojos en blanco y la lengua por fuera.

Quitó a cesta de la encimera y se colocó encima, se abrió de piernas, como abría a su chica cuando la ponía debajo de él dispuesta a follársela y se insertó el pepino de nuevo. Es ese momento, su compañero de piso Leo Levine llegó del entrenamiento y le pilló en plena acción. Acababa de beber un poco de agua y al ver a su compi con las piernas abiertas metiéndose un pepino por el culo, lo escupió todo.

Compartiendo piso con otro tio había cosas que no podían evitarse, como verse desnudos en el baño, pillarse haciéndose pajas, escuchar gemidos y chirridos de la cama en la habitación de al lado, pero Leo no le había visto nunca así. Intentó preguntarle de la forma más natural que pudo dada la situación, si era de esos hetero a los que les gustaba explorar. Drake no supo bien qué contestarle a eso, porque sabía que hacerlo con chicos también le gustaría. Lo único que pudo decirle es que había descubierto el placer de meterse algo por el culo y que le había gustado.

«Pues a ver si te gusta esto«, le contestó Leo bajándose los pantalones de deporte y dejando a la vista su larga polla empinada, bien gordita. Podían pasar un rato divertido entre colegas si él quería. Drake miró a su colega, tremendamente guapo y atractivo, esos ojazos, su pelito revuelto, la cara de pillín que tenía. Por si no estaba aún decidido, Leo se subió la camiseta y le mostró su torso musculadito marcando six-pack, se agarró la pedazo de polla con la mano, empezó a masturbársela acercándose al culo de su compi y por fin Drake le dijo que sí.

Por un momento pensó que sería una buena forma de descubrir lo que sentía su chica cuando él estaba encima haciéndoselo. Otra vez esa cara de tontorrón con la mirada perdida y la lengua por fuera al sentir el miembro duro y caliente de su colega abriéndose paso por su ojete, sin condón. Tan diferente al dedo y al pepino, jodidamente mejor, sin duda. El dedo de su chica estaba frío, hurgaba en su interior, el pepino igual de frío, recto y demasiado suave.

La polla no, la polla estaba caliente, durísima y el cipote se abría camino por su recto blandiendo la carne tierna de su ano, provocándole una reacción de placer inmenso por todo el cuerpo. Los primeros momentos fueron bien intensos. Pidió a su colega que se lo follara duro y descubrió que con las manos libres podía agarrarse la pija y cascársela a la vez. Leo no perdió el tiempo. Cogió a su compi por los muslos y lo atrajo hacia el borde de la encimera para follárselo a gusto de pie en la cocina.

Drake se puso de lado. Sabía que con la polla dura y empinada de su coleguita, la postura era importante para sentir otros puntos de placer en función de cómo se colocara. Leo miró hacia abajo y vio el pollón de Drake durísimo apuntando hacia la cadera, naciendo de una buena pelambrera en la base, sus pelotas. Siguió dándole, reventándole a pollazos, observando cómo le rebotaba toda esa dote.

El rabo estaba empezando a entrar demasiado seco y dolía. Sin lubricante en el piso, Drake supo lo que tocaba, pedirle a su compi que se escupiera en la mano y se la lubricara, hacerlo él mismo o aquello de lo que más ganas tenía en ese momento, agradecer a su colega la experiencia poniéndose de rodillas delante de él y hacerle una buena mamada.

Por supuesto eligió lo último, lo más excitante. Era curioso cómo no se había comido nunca antes una polla pero sabía cómo hacerlo, no sólo porque lo hubiera visto hacer, sino porque lo llevaba dentro, en su propia naturaleza. Poco le importó si las ganas que tenía de hacer eso le convertían en gay o no, pero no iba a dejar de explorar por miedo a las etiquetas. Una vez tuvo el rabo en la boca, caliente a tope, con ese sabor saladito, empezó a chupar y ya no pudo parar, como todo lo que le daba placer.

Mirar hacia arriba y ver la cara de su colega, su torso desnudo, el tamaño de su polla dura frente a él, le animaron a chupar con más ahínco. Una cosa era verla de lejos, tenerla enfrente cambiaba la percepción. Leo estaba muy bien dotado. De lo grande que la tenía, solo pudo chuparle hasta la mitad. Leo acercó un banco en la entrada de la cocina, se tumbó en él a cuerpo de rey y Drake se sentó sobre sus piernas, paso una mano por detrás atrapándole la verga, meneándosela para ver cómo le rebotaban las pelotas y se la insertó a pelo por el culo.

Hacerlo frete a frente y uno sobre el otro cambió para siempre la percepción de amistad que tenían. Drake intentó desviar la mirada mientras se clavaba ese pollón y hacía pequeñas sentadillas digiriendo cada vez más trozo de polla, pero Leo no le quitaba ojo, porque era más abierto de mente, porque nunca imaginó que estaría follándose a su compi, sintiendo su cola y sus pelotas calientes retozando sobre los abdominales.

Cada vez que Leo le sacaba la polla del culo, Drake sentía que se había abierto en su esfínter un agujero que seguramente no se cerraría jamás. Tampoco quería que se cerrara. Se inclinó sobre la encimera, Leo se acercó por detrás colocándose entre el fregadero y su amigo, esta vez sí se escupió en la mano para rociarse la polla en saliva y prepararse para lo que se venía y le dio por culo.

Si Drake creía que ya se había acostumbrado a tenerla dentro, flipó una vez más y esta vez le dolió como nunca. Sintió cómo lo más grande y gordo se le colaba por el ano y lo expandía, haciendo que su cuerpo estallara en una mezcla de dolor y gusto indescriptibles. Leo no cedió ni un sólo centímetro, abandonándose al noble arte de follar, caderas hacia adelante, caderas hacia atrás, empleando la fuerza de su culete blanco y respingón, mirando ensimismado cómo su gran rabo penetraba el pomposo culazo de su colega y sintiendo cada vez más hambre.

Se quedó quieto. Drake inició un momento de enculada fantástico, llevando el culazo de adelante hacia atrás, auto follándose, dejando que su grandísima polla morcillona y sus pelotas colgando se mecieran entre sus piernas. Abierto de nuevo de piernas sobre la encimera, Leo le metió la última follada, esta vez tomando el control de la polla de Drake, masturbándosela mientras se la metía.

Se corrieron juntos, casi a la vez. Drake apartó la mano de su colega, se hizo con el control de su propio rabo y se dejó la leche en el muslo. Leo la sacó del culo y comenzó a proyectar su esperma, primero con chorretes manchando el otro muslo de su colega y luego, cada vez más excitado, disparando a saco por encima, soltando lefazos cargados que cayeron sobre el costado y el antebrazo de Drake, dejándole unos buenos chorrazos de semen encima.

Su novia les pilló in fraganti. La suerte de Drake fue que su chica era bastante abierta. Y qué hostias, la culpa de que acabara así la tuvo ella, por meterle aquel dedo por el culo y descubrirle el placer de la puerta de atrás.

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