Igor Lucios y Alberth Pineda se comen bien los enormes rabos y se dan al folleteo a pelo | Tim Tales
Pocos compañeros de clase en el instuto imaginaban o se les pasaba siquiera por la cabeza que dos chicos como Igor Lucios y Alberth Pineda pudieran quedar después de clase para hacer todo tipo de guarradas. Igor era el guaperas gamberro y Alberth otro guapo con apariencia intelectual tras esas gafitas. Que Igor acabara siempre incomodando a Alberth en clase tirándole boltas de papel o riéndose de él con los compañeros, ayudaba a mantener la coartada.
Pero la verdad salía a la luz cada vez que se encontraban en la azotea del piso de un amigo. Igor con esa cara guapa e irresistible de bonita media sonrisa, el pelo recubriendo su torso, marcando abdominales y el culazo más bonito del mundo, redondo y blanquito. Alberth tan atractivo, con esos ojazos, su cuerpo delgado pero atlético y un kilométrico pollón entre las piernas.
Los besos eran puro fuego y las mamadas que se hacían no se quedaban atrás. Los dos lo daban todo, intentando tragar hasta las pelotas, dejándose un mar de saliva en el intento y lubricando los rabos de tal forma que no les hacía falta gastar en condones para follar. Alberth era un tio inteligente con pocas debilidades, pero el culito respingón de Igor era una de ellas. Ver cómo su larga polla se hundía dentro de él le maravillaba y todavía a día de hoy no era capaz de comprender el influjo de ese trasero y lo que provocaba en él.
Adoraba cuando se intercambiaban e Igor se ponía a follárselo, él a cuatro patas e Igor encima de él, protegiendo su pandero, machacándole con nesa gordísima y preciosa polla que tenía entre las piernas, abrazándose a él y amándole con todas sus ganas. La cara de perro que ponía y cómo sudaba metiéndosela como un animal.
El soniquete que hacían sus caderas y esas pelotas gordas llenas de leche al impactar contra las nalgas. Se daban el uno al otro hasta estallar de placer, literalmente. Alberth acababa corriéndose sin manos, soltando al aire una lluvia blanca de leche que caía sobre los dos. Igor prefería el cara a cara, mirando el pollón de Alberth mientras se pajeaba y le daba leche en los morros, una leche que después los dos compartían con besos muy pegajosos.
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