Josh penetra a placer y sin condón a Rudalo con sus impresionantes 25 cm de rabo y le llena el culo de leche | Tim Tales
Que le gustaba a Josh que le miraran a los ojos mientras le comían la polla. Ese simple gesto conseguía acrecentar todos los sentidos. La simple conexión visual se sentía excitante y eso llevaba a que el deslizamiento de los labios húmedos por todo el tronco, observado cómo entraba poco a poco y salía la polla mojada de la boquita, se te llenaran los huevos de leche de lo estimulante que era. Rudalo sabía cómo comérsela a un tio, de eso no cabía duda.
Cómo comérsela y cómo dejársela bien tiesa para llevárselo a la cama. Allí en el ático no había ninguna, pero en su lugar había un amplio sofá de mimbre con una mantita de terciopelo rojo la mar de agradable para ponerse a cuatro, apoyar los codos y dejarse insuflar el culo de vida, la que le daba Josh cada vez que le metía esa gigantesca barra de carne de veinticinco centímetros por el ojete, haciéndose dueño y señor de su cuerpo.
Se abrió de piernas para él y disfrutó del espectáculo desde una posición privilegiada. Josh tenía un atractivo que le hacía un hombre deseable y costaba imaginar que entre las piernas de ese cuerpo delgadito tuviera una polla tan larga, grande y hermosa. Joder, cómo sentía su glande introduciéndose por el agujero, abriendo camino para dejar pasar a pelo el resto de su polla. Follaba genial.
Llegó a dominarlo. Josh le cogió los muslos y se los alzó un poco, abriéndole más aún si cabe el culo para abalanzarse luego encima de él y follárselo en plancha. Hombre habilidoso que era, Josh se hizo un hueco y se las ingenió para metérsela de lado, haciendo que Rudalo se volviera loco al sentir la dureza de ese pene por lugares que no le habían tocado nunca. Rudalo se cabalgó esa polla y Josh le hizo la cucharita para rematar la jugada, sacando el miembro y sudándole los bajos del pandero de leche.









