Chandler Swanson y Tony Zuko dan de comer rabo a Adam Liotta y se corren en su cara | Freshmen

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No hizo falta que ni papá ni mamá le dijeran a Adam Liotta que fuera a llevar algo de agua a los chicos del pueblo que muy amablemente habían ido a ayudar a labrar los cultivos de su casa en el campo. Si algo tenían los vecinos de la villa es que se ayudaban los unos a los otros cuando hacía falta, pero Adam no supo qué era  eso de arrimar el hombro hasta que vio por la ventana a Chandler Swanson y a Tony Zuko.

Los ojos se le abrieron como platos y se echó una mano al paquete porque se le empezó a amorcillar. Llevaban un mono puesto y por debajo, al menos en la parte de arriba, no llevaban nada, lo que marcaba su musculatura. Encima Chandler tenía uno de los tirantes quitados, por lo que una parte de su torso quedaba al desnudo, dibujando la silueta de un pecho atlético.

Aprovechó para llevarles una jarra de agua bien fría en cuanto les vio sentados a punto de comerse el bocadillo bajo la sombra del árbol. Se sentó entre los dos y, tras entregarles los vasos y servirles, posó cada mano sobre los muslos de los chicos a cada lado. Aquello no significó nada, hasta que esas manos fueron subiendo hasta situarse en las ingles. Fue ya del todo evidente cuando el cabroncete empezó a amarsarles los paquetes, entonces Chandler y Tony se miraron, se sonrieron y tuvieron claro lo que ese chico había ido a hacer allí. No solo había ido a barfles de beber, sino a aliviarles la carga. La de los huevos.

Sí, por si le quedaba alguna duda, debajo de los monos no llevaban nada y cuando digo nada, es nada. Al bajar la cremallera de la bragueta del mono a Chandler, no tuvo que retirar los calzones, la polla estaba ahí dispuesta para sacarla por el hueco. Lo mismo la de Tony. No la tuvieron mucho rato blandita y colgando, en cuanto se las chupó y se dejó follar la boquita, esos dos empalmaron a lo bestia, luciendo unas pollacas largas y gruesas que se introducían una y otra vez por el interior de su boca, entre sus labios, bien duras y hermosas.

Llegó un momento en que si se la mamaba a uno, el otro reclamaba su atención azotándole con todo el pene en la cabeza, llevándose consigo algunos de sus pelitos rubios y rizados. Un rato más tarde, cuando papá le preguntara por qué los chicos estaban tan contentos y estaban avanzando tanto en las labores de cosecha, Adam pensaría en cómo abrió la boca y sacó la lengua agachado entre esos dos, bajo el árbol, cada uno a un lado machacándosela bien duro hasta correrse encima de su cara y dejársela hecha un cuadro.

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