Pervy Narcissus muestra su deseable torso atlético y juega con su grueso pollón | The Male Muse
Se aventuraba un fin de semana intenso en el que seguramente no saldría ni de la habitación ni de la cama. Al ver a Pervy Narcissus de rodillas en ella, tan imponente, vestido apenas con unos calcetines y calzones de cuero negros por debajo de la cintura marcando sus líneas inguinales, dejándome ver su esplendoroso torso atlético en el que se dibujaba cada músculo, sus brazos largos con la vena marcándose en los bíceps y esa cadena gruesa al cuello, todavía no sabía si iba a ser yo el dominado o me iba a dejar dominarlo a él, pero estaba claro que no íbamos a desenredarnos de las sábanas en mucho, mucho tiempo.
Vi el movimiento de su mano grande y varonil posándose en su paquete. Deslizó la cremallera de la bragueta de los gayumbos de cuero y el sonido me hizo sentir perverso. Se metió el pulgar, luego el resto de la mano y se sacó los huevos. Los dejó ahí un rato colgando para que los viera, para que los deseara. Volvió a meter la mano y se sacó la polla, más morenota que el resto de su cuerpo, poderosa, gordísima, venosa, con un cipote tan grande y despampanante que se me hizo la boca agua.
Se la enderezó y soltó un gapo desde arriba que cayó directo a su glande, ya de por sí brillante y lujurioso. Se dejó caer sobre la cama y se hizo una paja, luego se puso a cuatro, se desgarró la parte de atrás de los calzones y me enseñó la raja de su culo metiéndose los dedos. Me tenía contrariado. Si quería que le diera mi culo para que metiera esa pollaza lo tendría y si me pedía acercarme y darle rabo, también lo haría, pero necesitaba que me condujera por uno de los dos caminos.
Cayó de bruces sobre la cama, con los brazos estirados y empezó a gemir meneando el culo. Me preparé para ir hacia él y metérsela. Entonces se dio media vuelta y volvió a agarrarse la tranca con la mano. Ahora que la tenía completamente dura, fui consciente de su verdadero tamaño, gordísima y grande. Se apretó la raja del capullo con el dedo índice y lo apartó. Una hilera casi invisible se despegó entre el cipote y su dedo. Condujo la mano hacia su boca, se metió el dedo y lo chupó entre sus labios. Aunque no era mi boca, casi pude sentir el sabor de su semen dentro de la mía.
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fotografías por @The_Male_Muse













