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Jona Ortiz se folla el culete peludo y apretadísimo de Ari Yummey sin condón y le planta una buena corrida en toda la cara | MEN

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La secretaria de Jona Ortiz conocía muy bien los gustos de su jefe. Le atraían los guapitos y atractivos, con unas buenas nalgas apretadas, menos corpulentos que él para manejarlos a su antojo. En cuanto Jona entró en su despacho y descubrió a Ari Yummey, el nuevo compañero de curro que lo estaba esperando, con esos ojazos y esa cara guapa enmarcada en una espesa barbita, se lo comió a besos tirándolo sobre la mesa.

Fue correspondido de buena gana y es que qué tio no iba a tener ganas de morrearse con un chulazo como Jona, con esa tez morenita, guapísimo, mirada de ojazos latinos que le dejaban calentito el corazón y te hacían latir el ojete. Pocas veces se ponía nervioso, pero esta vez lo estaba. Trastabillando con los botones, Jona empezó a desabrocharle la camisa a Ari, descubriendo con el corazón a mil ese torso peludito.

Continuó con los pantalones, dejando al chico casi completamente desnudo, apenas con la camisa desabrochada y los calcetines. De cintura para abajo era todo pelo el cabrón, lo que despertó aún más si cabe al animal que Jona llevaba dentro, porque le ponían cachondo los tios tan varoniles. Jona se quitó la camisa para ver cómo reaccionaba Ari ante su cuerpo musculado y tan diferente al suyo, suavecito y sin un solo pelo. Parecía que al chaval le había caído en gracia, porque no tardó en lanzarse a sus brazos y buscarle la boca.

Le habría dejado seguir así un ratito más si no fuera porque estaba deseando contemplar su culito. Le dio media vuelta, le obligó a inclinarse sobre la mesa y ahí lo tenía, el pandero más peludo que había visto en toda su puta vida. De tan peludo que era, le apetecía demasiado, aún sabiendo que iba a tener que quitarse pelos de la lengua a saco en cuanto empezara a meter los morros en esa raja que parecía una frondosa selva negra.

Redondito, todo lleno de pelos y con el agujerito tan a tiro cuando se abría bien de piernas. Una puta delicia. Jona se tuvo que quitar los calzones porque la polla le apretaba ya demasiado en el frontal y ya no había espacio. Se pajeó efusivamnete y con alegría con una mano mientras con la otra atrapaba ese culete y se lo comía. Se puso en pie y apuntó con el rabo hacia el agujero.

Joder, estaba apretadísimo. Le plantó el cipote y esperó pacientemente a que a Ari se le despertaran las ganas de tenerla dentro. En algún momento tendría un renuncio, se le relajaría el esfínter y entonces él aprovecharía para penetrarlo sin condón. Ese momento llegó más pronto que tarde y por fin se introdujo dentro de él. Fue un momento glorioso en que los dos se pusieron de acuerdo para gemir al unísimo en un cántico de gozo absoluto, uno por sentir su polla super apretada entrando por un agujero casi imposible y el otro por notar cómo su culo se iba rellenando de polla y le rozaba el punto de la locura.

Por si acaso se le cerraba de nuevo en banda, empezó a trincárselo por detrás. Ahora que ya le había hecho el agujero, no podía permirtirse que se cerrara, tenía que afianzarlo a pollazos. Con cariño, quitó los calcetines a Ari, la única prenda que le quedaba encima y se puso cariñoso con él al verlo desnudito encima de la mesa. Le dio por culo tan fuerte que el chico no paraba de menearse hacia adelante y hacia atrás resbalando sobre el cristal con las rodillas.

La secretaria, que de tonta no tenía ni un pelo, corrió un poco la puerta del despacho para ver a esos dos tios desnudos haciéndolo. Mojó un poco el coño al ver a su jefe todo musculadito, con ese perfil tan guapo en el que destacaban sus pectorales y la forma redondeada de su trasero tatuado, zumbándose a ese nuevo capullo tan peludo de cintura para abajo y tan entregado.

Saciado ese apetito inicial, Jona se relajó, Ari se puso bocarriba en la mesa con la cabeza cayendo hacia atrás por el borde, mirando hacia la entrepierna de su jefe y este le dio de comer polla. No estaba mal, pero Jona prefería un clásico, que se le pusieran de rodillas y se la comieran. Le encantaban las miraditas, su rabo rozando las mejillas, la nariz, la frente, ver esos morritos guapos, los labios deslizándose por su pene, el bigotito encima de la polla bien comida y por ahí de fondo un buen pandero con sus curvas, deseando ser follado.

En el mismo suelo, entre dos sillas, Jona forzó las piernas de Ari hacia su pecho, abriéndole completamente, le alzó el culete y le taladró desde arriba. Al principio a Ari le dio un poco de miedo tener a ese chulazo encima con tantas ganas. Intentó pararlo un poco colocándole una mano en el torso, pero en cuanto volvió a tenerlo dentro de él, se relajó y disfrutó. Ese tio era guapo, estaba cañón, tenía un buen rabo y una mirada que se le clavaba por dentro y le hacía disfrutar como una perra.

Jona le cambió la posición y le dejó cabalgar encima de sus piernas. Su mirada se paseó de esa cara guapa a su barbita, a sus ojazos, a su torso peludo, a sus piernas, su pollita todavía flácida con unos buenos huevazos, lo bien que tragaba por el culo. Con un gesto de la mano, Jona le invitó a acercarse hacia él y dárselo todo. Menudo granuja estaba hecho.

Volvió a darle por detrás, esta vez poniendo a Ari de rodillas mirando hacia el respaldo de la silla y hacia un espejo que había justo delante. Seguro que le gustaba ver la cara y el cuerpo de vicio del tio que le estaba dando por culo. Solo tenía que alzar la vista y mirar hacia el frente. Jona le cogió por las caderas y mantuvo el ritmo metiendo y sacando rabo a pelo. Extraño y a la vez excitante el efecto espejo, como si fueran cuatro en lugar de dos.

Al final fue Jona el que se puso más cachondo mirándose al espejo. Ese morbazo fue mortal para sus pelotas. Intentó concentrarse hasta el final, hasta que sintió el flujo de leche llamando a la puerta. Entonces ordenó a Ari ponerse de nuevo de rodillas y justo cuando abrió la boquita, le plantó una buena lefada encima, desperdigando su semen por encima de su barba, de su bigote, de su nariz, por su lengua, dejándole los morros llenos de leche. Cuando Ari le miró a los ojos y sonrió con todo su esperma encima, deseó haber tenido más lefa en las bolas para meterle otra dósis.

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