El segurata Greg Dixxon se vicia con el culo peludo del jovencito guaperas Harrison Todd y se lo folla a pelo | Young Perps
Mira que Greg Dixxon había tenido cientos de conversaciones con jovenzuelos como Harrison Todd acerca de tener sexo en los baños públicos de los grandes almacenes, pero ese chaval no daba su brazo a torcer y no comprendía que aunque las hormonas pudieran con su voluntad, había cosas que no podían hacerse a la vista de todos. Y aún así lo comprendía, porque follar en un lugar así donde te podían pillar en cualquier momento, donde poder tener espectadores que se pajearan mientras te miraban, donde pillar con un completo desconocido, tenía un puto morbo que te cagas.
Intentó que entrara en razón. Que sí, que era muy guapo, que tenía unos ojazos y una cara bonita, pero no todo valía con tal de satisfacer sus necesidades. El chico se le puso bravucón así que no le quedó otra. Si sus padres no le habían enseñado modales, él tendría que ejerecer de cabeza de familia. El chaval estaba buenorro, así que hacer aquello para lo que le habían contratado, no le iba a requerir mucho esfuerzo.
Cogió su brazo zurdo y se lo puso a la espalda para inmovilizarlo, lo inclinó contra la mesa y le bajó los pantalones por las rodillas. Joder qué puto culazo tenía el colega. Ahora comprendía por qué era reincidente y por qué no paraba de entrar a los baños. Cualquier tia y cualquier tio soñarían por agarrar a dos manos ese pandero tan blanquito y peludo. No se lo esperaba tan peludo para su edad y lo cierto es que no esperar eso de un chico tan joven le hacía ganar enteros cuando se desnudaba. Desde luego a Greg estos chavales de hoy día no dejaban de darle sorpresas, la nueva generación estaba saliendo buenorra.
La forma de educar a los chicos de su edad no era darles con la porra ni avisar a la poli, qué va, sus formas iban por otros derroteros. De alguna forma quería dejarle claro a Harrison que si la próxima vez sentía la necesidad de meterse en los baños, antes podía ir a la cabina de seguridad y follar allí los dos juntos, porque veinte años de diferencia no eran nada, además del morbo de que bien podría ser su padre.
Le comió el culito y al chico le gustó. No se lo esperaba. Luego le puso de rodillas y empezó a ver que el chaval estaba más apaciguado. Siempre lo estaban, cuando les pillabas con el pie en contra, se sentían confundidos intentando asimilar lo que estaba pasando y acababan aprendiendo. Greg se bajó los calzones prometiendo a Harrison que lo que iba a vr era más grande que cualquier cosa que pudiera haber visto antes. Le aseguró que ni su padre la tenía tan grande.
Eso despertó la curiosidad de Harrison, que se mantuvo quietecito y con la boca callada mientras Greg tiraba de la goma de los gayumbos enfrente de su cara y se sacaba esa pedazo de polla larga y gorda. Harrison se lanzó a comérsela y tenía buenas tragaderas. Greg jamás había visto a un zagal como ese echrle tanto valor. Ninguno se había quedado tan cerca como él de besarle la base del rabo. Puto tragón.
Le lanzó contra la mesa y le folló ese pedazo de culo redondo y peludo de futbolista que tenía. Qué guapo era, qué bueno estaba y cómo gemía de gusto al sentir esa polla tan grande y sin condón perforando su culito. Le fostió a pollazos dándole por culo bien fuerte y luego se lo llevó a la silla para cabalgarlo. Le dio la vida de nuevo tener a un jovencito así saltando sobre su polla, regalándole todo su amor. Era como regresar a los veinte. Siempre volvían. Otro chico reformado y otro contacto para su larga lista de polvos.




