Guillaume Wayne mete una buena follada a pelo al guaperas de Malek Tobias en el cuarto de baño de la oficina | Men At Play

Office Cruising

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En esa oficina no paraban de entrar a trabajar tios buenorros. Meses más tarde la llamarían la oficina del cruising, porque los tios se hacían algunas escapaditas al baño bastante sospechosas que duraban más de la cuenta, pero lo que nadie sabe ni cuenta es cómo comenzó todo, cuando Malek Tobias fue al cuarto de baño, pasó por el despacho de Guillaume Wayne, este le siguió, fingió no darse cuenta de que el baño estaba ocupado y su compañero le dijo que no pasaba nada, que podían compartirlo juntos.

El bueno de Malek ya se estaba lavando las manos cuando Guillaume se sacó la picha para mear. Sería de tontos no decir la verdad, que Malek echó una miradita por el rabillo del ojo y quedó impresionado por lo larga que la tenía. Con lo que no contaba era con que Guillaume no iba a mear precisamente, sino a descargar tensiones haciéndose una pajilla.

Fue mirar por el rabillo del ojo, volver a desviar la mirada hacia el espejo para ver si estaba mono y al volver a mirar a Guillaume le vio con la polla enorme y dura en la mano. Los segundos que suraron las miradas entre los dos fueron clave. Malek se acercó, se sacó por la bragueta la polla que también la tenía bien dura ya e intercambiaron unas buenas pajas, agarrándose el miembro contrario, descubriendo el calorcito de sus penes firmes, su tamaño, su grosor y si les daba más gustito apretar fuerte o deslizar la mano de forma suave por las barras.

Las manos de Guillaume sobre los hombros de Malek, empujándole hacia abajo. No se resistió, empezó a comerle la polla a cabezazo limpio. Malek perdio los pantalones. Guillaume le puso mirando hacia el retrete, con una pierna encima y le comió ese apetitoso culito con pelos rubios, lengüeteando ociosamente los alrededores y la entrada de su ano, haciendo que a Malek se salieran por la boca gemidos de auténtica pasión.

Se lo folló a pelo por todos los rincones del cuarto de baño. No podía sacarla, le encantaba estar dentro de ese tio. Le dio por culo empotrándole por las esquinas. Siempre por detrás, hasta cuando se sentó en la tapa del váter y Malek sobre sus piernas, brincando, soltándose la polla que hacía aspavientos con cada salto que pegaba. Así fue como nació la leyenda de esa oficina, cómo su cuarto de baño se convirtió en un improvisado lugar de cruising en el que los hombres podían descargar tensiones.

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