El mecánico super buenorro Justin Jett le folla el culazo a su jefe Drew Dixon sin condón en el taller | Men At Play

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Un cliente especial necesitaba que su coche estuviera listo en menos de una hora y con la presión que su jefe Drew Dixon le metía encima cada cinco minutos, a Justin Jett se le olvidó poner a punto el sistema informático del vehículo. Ni de coña iba a llagar a tiempo, aparte de que por los putos nervios de las prisas, ya se le caían hasta las herramientas de las manos como si tuviera dedos de mantequilla. Estaba hecho un flan.

Cuando su jefe apareció pasada la hora, Juntin agachó la cabeza dispuesto a afrontar el rapapolvo, pero no imaginaba siquiera que lo que estaba punto de hacer era echar un buen polvo. Su jefe, más comprensivo de lo normal, al que ni reconocía con esa actitud, se acercó a él con buenas palabras y le metió un repasito de arriba a abajo. Justin pudo sentir su mirada clavándosele por todas partes. En su masculina y atractiva cara de empotrador con barbita, digno sucesor del prota de Cincuenta Sombras de Grey, en su pechote musculoso y tatuado que quedaba al descubierto por la abertura del mono de trabajo.

Su jefe se acercó más, demasiado, cruzando la línea de lo que se supone que deben guardar dos tios. Ahora tenía su cara a un palmo, entreabriendo la boca, a punto de morrearle a la vez que con las manos le iba bajando la cremallera del mono. Drew sacó la lengua, le relamió los labios con deseo y le metió un agarrón en todo ese paquete de mecánico que tenía, descomunal.

Al sentirlo tan grande y caliente, Drew empezó a perder las fuerzas del trfemendo gusto que le daba. Para colmo, Justin se puso cariñoso y empezó a susurrarle al oído, a comerle la oreja, el cuello. Drew metió la mano por la abertura de la cremallera y le sobó la polla y los huevos con tremenda satisfacción. Cuando le sacó la polla, la tenía completamente dura apuntando hacia él. Se agachó, atrapó su enorme y destacable cipote descapullado con la lengua y lo condujo junto a su rabo hacia el interior de su boca para meterle una buena mamada.

Así se suponía que debía ser un buen mecánico: atractivo, con un cuerpazo de infarto, bien dotado y servicial. Aunque tuviera que atragantarse, Drew pensó tragársela hasta los huevos. Era lo mínimo que se merecía un chulazo así. Los sonidos guturales de la polla entrando por su garganta no cesaban ahí abajo y Justin tuvo que echar la cabeza hacia atrás para no mirar, porque cuanto más miraba, más ganas le entraban de preñar.

Drew se dio la vuelta, se bajó los pantalones y se abrió ligeramente de piernas. Justin ya sabía lo que tenía que hacer. Dobló un tanto las rodillas para dejar su polla a la altura del trasero de su jefe, la coló dentro de su raja y le penetró el agujero del culo sin condón. Era todo tan sucio y tan demencial que Drew se volvió loco. Quería que ese macho le follara por todo el taller. Menuda tranca tenía y qué bueno que estaba. Se lo cabalgó en el suelo, él apoyado contra el coche del cliente, viendo cómo su jefe le pajeaba la polla con el culo mientras su polla danzaba libre al viento, bien larga, haciendo aspavientos.

Justin se desnudó para poder hacer lo que mejor sabía. Al ver ese cuerpazo, Drew prometió, juró dejarse hacer de todo. Ese cabrón le dio por culo sin parar y Drew terminó corriéndose en la carrocería del coche, su semen haciendo un largo viaje hasta los neumáticos. Luego se agachó para recibir el aceite espesito de ese machote. Se corrió con la polla pegadita a su boca. A Drew le chorrearon goterones por los pelos de la barba. Prometió no abroncar nunca más a sus empleados y tratarles con respeto, eso sí, siempre y cuando pudieran darle lo que necesitaba.

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