Mr. Deep Voice penetra sin condón el musculoso culazo de Luca del Rey en la tienda de surf | Falcon Studios
Falcon's Endless Summer
Lavar coches era sólo una tradición para los chicos, una forma de dar la bienvenida al verano con buen humor. Los verdaderos ingresos con los que después podrían hacerse un viajecito, venían de la tienda de surf, donde apreciaban la ayuda de los residentes y les alegraba la vista ver caras nuevas. Si entraba un tio que les molaba, no dudaban en hacerse gestos entre ellos proponiendo a cuál de ellos sin duda se la mamarían.
Eran pocos los que quedaban a salvo de sus miradas lascivas. Hacía ya varios días que Mr. Deep Voice había llegado al pueblo para alquilar la casa de verano y al menos sabían que ya se había follado a uno de los chicos. No tardaría en hacer lo mismo con el resto. Luca del Rey era uno a los que más emocionaba la idea de hacérselo con ese cabrón.
Su nombre hacía honor a su profunda voz masculina y grave. Luego estaba su apariencia de tio atlético, con una camiseta de manga corta ajustada que remarcaba con gusto sus biceps y sus prominentes pectorales. Y esa nuez en el cuello, tan varonil. Sus amigos le aconsejaron hacerlo cuanto antes, pues el verano tocaba a su fin. Ese momento llegó justo cuando Mr. Deep entró en la tienda para comprarse unos pantalones.
Luca estaba colocando algunas prendas de ropa. Mr. Deep estaba en el probador, con la cortina abierta. Acababa de quitarse sus pantalones para ponerse los nuevos y no llevaba calzones. Los nuevos le quedaban demasiado apretados y necesitó ayuda. Llamó a Luca, que lo que vio fue a un tio intentando subirse los vaqueros, con el rabo y las pelotas justo colgando por encima. Pensó que Mr. Deep necesitaba ayuda con eso que le colgaba entre las piernas, no con lo otro, así que alargó la mano y le tocó la picha.
Se dio cuenta un poco tarde de que no era eso con lo que necesitaba ayuda, pero ya tenía su longaniza en la mano, blandita, caliente, bien larga. No le incomodó demasiado, pues miró a Mr. Deep y pareció que le gustaba tener una mano amiga acariciándole el miembro viril. La pollaza empezó a crecer y a ganar en volúmen varias veces su tamaño. Mr. Deep salió cachondo del probador abrazando a Luca, comiéndoselo a besos, dando pequeños pasitos hacia el interior de la tienda, la poca movilidad que le permitían esos pantalones que llevaba justo por debajo del culo y que no subían.
Apoyó su trasero sobre la mesa de las camisetas chulas de temporada, Luca se agachó y le comió todo el pito con ganas, degustando ese pollón descapullado y bien gordo, tragando hasta donde buenamente podía, enfocando la vista hacia el frente viendo la pelambrera de Mr. Deep enla base de su rabo, el vello que recorría su pubis hacia el ombligo y que le quedaba perfecto.
Adoraba comerle la polla a un tio y ver pelo. Le excitaba. Mr. Deep le agarró por detrás de la cabeza con una mano, atrayéndola hacia su entrepierna, obligando a Luca a tragarse la pija entera. Pudo entender mejor lo de «profundo» en su nombre, que no era sólo su voz. Tras comerle los huevos, se tumbó en la misma mesa dejando el culo hacia afuera y abriéndose de piernas. Mr. Deep se agachó y le trabajó el culito.
Lo tenía precioso, con unas buenas nalgas y peludito. Lo que más le gustó fue que tuviera el agujerito tan cerrado, tanto que apenas podía meterle la yema del dedo. La idea de meterla ahí dentro le volvía loco, pero de hacerlo, iba a estar en serios apuros. Cómo gemía el cabroncete al sentir la lengua raspando la entrada. Mr. Deep miró hacia adelante y vio su cuerpo entregado, con las piernas abiertas para él, un chaval que era todo un caramelito, con su melena, su torso velludo y musculadito, esos muslitos y el culazo blanco y apetitoso.
Dedicó un buen rato, más del que recordaba haberse tomado nunca con un tio, para abrirle le ojete. Nada que no pudiera conseguir con la lengua, mucha saliva y la inestimable ayuda del roce de su grueso, largo y caliente pene. Cuando confió en que Luca estaba preparado, le hizo darse la vuelta mirando inclinado hacia la mesa y le dio por culo.
La polla entró apretadísima. Luca no paró de gemir con la insertada inicial de cada centímetro. Mr. Deep se la metió entera, hasta dejar sus muslos y caderas plantadas en su pandero. Se tomó unos segundos para dejársela dentro, luego miró esa espalda de nadador, ese culazo tan terso y bonito y se arrepintió de habérsela metio entera, porque al intentar sacarla un poco, le sobrevino una oleada de gusto.
Respiró hondo y empezó a follárselo a pelo, mirando de vez en cuando hacia abajo, observando cómo esas nalgas se movían con cada impacto de sus caderas. Joder, qué culo más duro y hermoso. Agradeció que estuvieran solos en la tienda, porque Luca se puso a gritar en alto con los pollazos que estaba recibiendo. Se inclinó posando su torso en la espalda, abrazándolo y siguió metiéndosela sin control.
Le dio la vuelta y el contacto visual les puso cachondos. Mr. Deep lo dio todo. No podía hacer menos si un tio estaba mirándolo. Los dos estaban empezando a sudar, pero el calor, lejos de desanimarlos, lo que conseguía era subir la temperatura y volverlos más perros. Mr. Deep metió el turbo jodiéndole con el rabo a toda hostia, Luca se retorció de placer y, tras un gemido desgarrador, se corrió encima.
Un grumo de lefa blanca y espesa apareció por la raja del cipote. El siguiente desplazó al primero, haciéndolo caer sobre los pelos bajo el ombligo. Un tercero se quedó pegadito a la raja mientras el segundo resbalaba por la cabeza de su pene. Mr. Deep le sacó la polla del culo y empezó a pajearse a buen ritmo. Luca asintió con la cabeza y le pidió que se corriera encima de él.
La paja paró en seco y un chorrazo de lefa salió disparado contra el culazo de Luca, bañando la parte baja de sus pelotas, resbalando hasta colársele por el agujero. Mr. Deep se quedó temblando de gusto, intentando recomponerse. Recogió un poco de su leche y se la ofreció a Luca, que se metió los dedos de Mr. Deep en la boca saboreándolos. Mr. Deep aprovechó el lubricante para volver a metérsela por el ojete. Todavía la tenía durísima. Se olvidaron de meter en la lavadora las prendas que contactaron con sus cuerpos y sus flujos, así que algunos clientes se iban a llevar premio seguro a casa.






