Vadim Romanov mete una rica follada a pelo a Ricky Hard y le deja el culito preñado | Fucker Mate

Bare break

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El guión de la película se le empezó a atragantar a Vadim Romanov, que por mucho que repetía una y otra vez las frases que tenía que aprenderse, no conseguía memorizarlas ni a la de tres. Ver aparecer por la puerta a Ricky Hard, tan guapo, con sus calzoncillos de color gris ajustados que tan bien le marcaban el bulto y dibujaban su perfecto culazo, le dibujó una sonrisa en la boca. No podría memorizar el texto, pero con cuerpo de Ricky no le pasaba igual, se conocía cada detalle al dedillo.

Probar los besos de su boquita, notar el roce de su peludito bigote sobre el suyo, las puntas de sus narices tibias rozándose, sentir su respiración uniéndose a la suya, deseando dar inicio a un rato de lo más agradable. Cómo le buscaba el trozo de carne y siempre lograba encontrarlo ahí, bajo los vaqueros, con la polla enorme luchando por salir de los calzones, como una lanza tiesa apuntando hacia su cadera izquierda, levantando tanto el lateral de los gayumbos que era inevitable que se le viera el rabo por la abertura.

Ricky plantó la cabeza en su paquete y comenzó a esnifarle todo por encima de la tela. Rabo, huevos. Estaba bien cachondo protegido entre sus piernas. Vadim le subió hacia arriba arrastrándolo por encima de su cuerpo y aprovechó sus besos para plantarle las manos en las nalgas, dedicando un ratito de su tiempo a ese culazo que pronto se iba a follar.

Tirando de los calzones hacia abajo, Ricky se encontró con lo que andaba buscando. Una polla larguísima, gruesa y dura que llevarse a la boca. Después de echarle el aliento y repasar el cipote con la lengua, arropó el pene entre sus labios, primero acostumbrándose a ese tamaño de verga y luego abriendo la boca para atrapar cada vez más trozo de rabo que jalar.

A medida que chupaba, la polla se le iba poniendo más grande, más larga y rígida, complicándole más las cosas, obligándole a ponerse a cuatro patas con el fin de tener un punto de apoyo para mamarle el pollón en condiciones. Vadim no se quedó quieto. Se levantó y firmemente le coló la polla hasta escuchar lo que quería, un sonido gutural que le hizo saber que había tocado el fondo de su garganta.

Cuando se puso a comerle los huevos, aprovechó para dejar caer su fusta y ver lo bonita que quedaba encima de la atractiva cada de Ricky, que no paraba de mirarle desde abajo con sus ojazos. Volvió a follarle la boquita, esta vez sin parar, colocando una mano detrás de su cuello para evitar que se alejara demasiado. El soniquete del rabo penetrando su garganta le volvió loquito. La barra le entraba de lujo, rellenando su boca.

Al sacársela para que tomara aliento, la imagen de su polla enorme encima de la lengua, mojadita, le hizo ponerse tremendamente cachondo. Ricky también lo estaba gonzando como un perro. A veces dejaba los ojos en blanco o la mirada perdida con el rabo dentro de su boca, deleitándose con el placer de chupar polla. El cabrón entró en celo y se sentó sobre las piernas de Vadim, saltando lenta y suavemente sobre él, simulando que se lo estaba montando, dejando que la figa le rozara la raja del culito, algo que consiguió hacerle latir el ojete de la emoción.

Se puso a cuatro patas en la camita y con un gesto dejó claro que quería su pene dentro de él y sin condón. Se llevó la mano a la boca, se relamió los dedos y los llevó hacia su culo lubricándoselo de forma natural. Su cara fue el fiel reflejo de la de un hombre al que le han metido algo grande y enorme por el culo. De nuevo ojos en blanco, rostro de satisfacción extremo, como si se hubiera corrido, boca abierta exhalando un profundo y sonoro gemido, las mejillas sonrojadas. Vadim acababa de meterse dentro de él.

Recuperado de ese primer momento de gloria que le llevó al cielo, bajó de nuevo a la tierra y culeó hacia atrás tragando polla, toda entera, veintidós centímetros de tranca toda para él. Vadim dejó que tuviera su momento de placer y en cuanto se relajó, se inclinó sobre su cuerpo y le encajó una follada rellenándole ese precioso pandero blanquito de rabo.

Le puso de lado hecho un ovillo, con las piernas recogiditas, los huevos aplastados entre sus muslos. Así es como Vadim conseguía tener para él un culito de lo más apretado y es que le iban las emociones fuertes. Después de eso, se tumbó y dejó que le cabalgara. El ojete de su culo se convirtió en devoción. Lo estaba disfrutando tanto que lo abrazó y lo tumbó sobre su torso, dejándolo casi en volandas.

Tanta atención por su parte se saldó con un pajote de Ricky, que sin poder contener las emociones, enfundó su larga pija con la mano, la inclinó hacia adelante y se corrió de gusto dejando sus semillas desperdigadas entre las entrepiernas de los dos. Vadim le dio la vuelta y le dejó bocabajo sobre la cama. Necesitaba sentir el apretón de ese culazo sobre su polla una última vez.

Un espasmo involuntario, antesala de la corrida. Se la sacó dejando el cipote pegado al agujero del culito. Su leche saliendo por la polla, chorreando el ojete y tan caldosa que resbaló por la raja de su culo y entre sus muslos. Sacado el grueso de la lefa, se la coló y siguió disfrutando de la corrida dentro de su cuerpo. Una media preñada deliciosa que Ricky le agradeció mirando hacia atrás, cogiéndole del cuello y besándole. Vadim le abrió las nalgas con las manos y disfrutó viendo su leche húmeda plantada sobre el ojete de su culo, sobre sus cojones y la polla.

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