Franklin Acevedo empala en su descomunal rabo desnudo el culazo de Dani Brown y se corre en toda su cara | Fucker Mate

Need for cock

Acababan de ver la peli de Need for Speed y si los protas estaban necesitados de velocidad, ellos estaban con ganas de rabo y culo para follar a toda hostia. Pero primero despacio y con buena letra para empezar a dar forma al guión. Se estaban besando, uno enfrente del otro, guardando una distancia diríamos que de algo más de veinte centímetros. Dani Brown miraba con ojitos y sonriendo hacia abajo, donde algo estaba sucediendo, algo muy grande.

Estaba rozando el descomunal pollón de Franklin Acevedo contra el suyo, que aunque de buen tamaño también y tan bonito ahí conservando su pellejo sobre el glande, al lado de ese se le hacía hasta pequeñito. Veintitrés centímetros de falo bien formado, larguísimo, exageradamente grueso, todo empinado hacia arriba, descapullado y con un cipote de esos que son capaces de rellenarte la puta boca sin dejar que te metas más trozo de rabo en ella, porque no te cabe ni de coña.

Se agachó y se la metió dentro de la boca. Al tener ese cipote acoplado dentro como esperaba, su semblante dibujó una carita de felicidad inusual, la que cualquier hombre con un rabo así en la boca podía haber puesto, como si en ese momento ya no necesitara nada más para saciar su hambre y su codicia. Dani todavía no conocía polla así de grande que no tuviera una forma irregular.

Precisamente era eso lo que le gustaba de los tios pollones. Rabacos irregulares, que han crecido tanto que de una u otra forma no les quedó remedio que hacerlo en alguna dirección. Si la de Frank la sacaba de su boca, se le disparaba hacia la derecha, toda dura e imponente, ahí con su cipote por bandera, con una raja que tenía que escupir leche como ninguna.

Una cosa comprendió Frank enseguida, cuando le vio jugueteando con su rabo, deslizando el glande por su nariz y es que a ese cerdete le gustaba que le pasearan la polla por toda la cara. Le azotó con ella dulcemente y se la restregó por encima. Ver su pedazo pollón rozando la frente, el nacimiento dle pelo, sus napias y sus morritos, le puso cachondo también.

Como siguiera fraguándosela así, a fuego lento, con miraditas y chupaditas cortas e intensas, iba a soltarle la leche en menos que cantaba un gallo. Frank ya estaba con la mirada en blanco, echando la cabeza hacia atrás. ¿No podían coger un poquito de velocidad? Como los de la peli. Con ese bólido que tenía entre las piernas, ya se podía ir olvidando de meter otra marcha.

Colocó a Dani sobre la cama, con la cabeza al borde del colchón, entre sus piernas, y le siguió restregando el pene por toda la jeta, encajándole el cipote dentro de la boca, dándole de comer rabo y huevos. Qué delicia, cómo disfrutaba con un vergón encima de su cara. Le puso a cuatro patas, le abrió el ojete del culo a base de deslizar su gigantesco pollón por la raja de su culo, se lo lubricó a base de lengua y saliva y le plantó el cabezón de la polla en el ojete, bien a pelo.

Igual que había ocurrido con su boca, se quedó ahí encajado un ratito, hasta que de repente Dani dilató un poquito, lo justo para que Frank le atacara con fuerza por detrás y le metiera a fondo sus más de veinte centíemtros de barra grande y gorda. No esperó para empezar a follárselo, no le dejó acostumbrarse. ¿Quién necesitaba acostumbrarse a un ferrari? Nadie. Todo el mundo daría lo que fuera por montarse en uno aunque no supiera conducirlo.

A Frank le encantó escuchar el soniquete de sus propias pelotas sudadas golpeando la entrepierna del chaval. No había culo que se follara que no le dejara una leve sensación de estar abusando con su tremenda manguera, pero cuando uno se follaba muchos culos y estos recibían con ganas la empalizada, terminaba por acostumbrarse.

Le penetró, se hizo con el culo del guaperas morenito. Adoró su carita cuando la giraba gimiendo, intentando decirle algo que nunca le decía, quizá una mezcla de para y sigue, como si se quedara bloqueado en ambos sentidos de la carretera intentando decidir sin poder hacerlo. Al final tiraba hacia adelante mirando al frente y se dejaba follar sin condón.

Le sorprendió lo rápido que se acostumbró al grosor de su rabo. A pesar de tener un pollón gigantesco taponándole el hueco, saliendo y entrando enterito por el interior de su estrechito y acogedor ano, el cabrón no cedía ni un paso, siempre ahí anclado de rodillas y manos en la cama, a cuatro patas, recibiendo polla. Quería que le cabalgara y así poder ver esa churra encapuchada retozado sobre su nestómago cuando saltara sobre su verga desnuda.

Se lo terminó de ventilar bocarriba, abierto de piernas, metiéndole toda la barra sin contemplaciones. Dani tenía los huevos arrugaditos y bien compactados, por el exceso de tanto placer. Se hizo un estupendo pajote soltando perdigonazos de leche sobre su pripio cuerpo, en su muslo y en el cojín que tenía a un lado, que de color azul, pasó a ser azul con un chorrete blanco. Se quedó bien a gusto, con toda la parte baja de su torso vestida de blanco, mojada y sucia.

Frank se la sacó del culo y se acercó a él, plantándose de rodillas cerca de su carita. Apuntó hacia ella pajeándose el rabo y cuando le vino el gustillo de la corrida se la plantó encima de la jeta y comenzó a disparar lefa. El primer chorrete vicioso sobre su lengua, seguido de otros dos que salieron como balas, uno hacia el colchón y otro sobre la frente. Los demás, como lava, saliendo de la generosa raja de su cipote y cayendo como miel sobre su barba, su boca, su bigote, sus mejillas. Frank no podía dejar de mirar ese chorrazo blanco que le había metido desde el bigote hasta el pelo. Ese rastro blanco de semen sobre su cara se lo recordaba una y otra vez. Paseó por sus labios su descomunal pene recién corrido, al que todavía le quedaba un buen rato para regresar a su forma pasiva.

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