Viktor Rom y Manuel Keny se follan las boca y los culos de Kike, Luigi Chian, Pierre Dubo y El Morocho sin condones en la fiesta disco con sus gigantescos pollones | Fucker Mate

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En esta disco, nada de mirar y no tocar. Lo último que quería Viktor Rom es que los espectadores terminaran con el precum rebosando por los cipotes y las pollas a punto de reventar los pantalones después de haberse pasando hora y media viendo culos, rabos enormes, penetraciones imposibles, mamadas y corridas a mansalva sin haberse podido permitir el lujo de participar, o de tocarse siquiera. En esa disco, el púbico formaba parte del espectáculo.

La pollaza enorme y grandiosa de Viktor era patrimonio de la humanidad, así que la zarandeó frente al escenario y se fueron acercando todos a chupársela como era debido. Esperaba que nadie le hiciera ascos a comerse las babas del anterior, porque había una fila entera esperando. Empezó Kike, que se la comió casi enterita y con muchas ganas. Se la dejó suave a Luigi Chian, el chavalito que venía detrás. Le siguió El Morocho, que se ladeó el pelo en trenza hacia el hombro para degustar esa excelente pieza con delicadeza y voluntad.

Público de todas las edades. Estaba el jovencito y también el daddy de la sala, Manuel Keny, luciendo canas en el pelo y la barba, tremendamente atractivo, otro que pegó un tiento a la pollaza de la estrella mediática comiéndose las babas de los anteriores. Cerró el círculo el último espectador, Pierre Dubo, que le metió unos buenos cabezazos mientras los demás empezaban a ponerse cachondos y a disfrutar encima del escenario.

El morbo se desató cuando dos tios estaban destinados a intimar. Resultó que el benjamín Luigi vio en Manuel una mina de sexo. Empezó a restregar su culete contra el paquete de papi y como papi no era de hierro, se puso cariñoso, agarró por los pelos al chico y le hizo bajar a mamársela. Esperó que le gustara su enorme pollón, que en ese momento le colgaba grandioso entre las piernas, bien largo y grueso.

La mamada no fue solitaria, sino compartida. Ver eso colgando era irresistible, por lo que Pierre se acercó también y entre él y el chavalito sostuvieron el pene por el cipote entre sus labios mirándose las bocas con deseo, chupándolo todo bien. Frente a ellos El Morocho no paraba de buscar verga para rellenar su culo bailongo y negrazo. Viktor le invitó a subir al escenario para follárselo de una vez.

Entre unos y otros andaba Kike, pajeándosela como un mono, girando la cabeza a un lado y a otro sin decidirse hacia dónde ir, recargando la leche de sus pelotas. Acabó de mamporrero, comiéndole el pollón a Viktor para darle lubricante y que se follara el culo cacondo del trencitas. Todos estaban tremendos, pero Pierre era el más cachas y atractivo. Su cuerpo era puro deseo, con esos músculazos, los brazos peludetes y un culazo irresistible, redondito, de futbolista, además de ser tremendamente atractivo y agradable a la vista.

En cuanto se puso a cuatro en la platea y Viktor vio la raja abierta de su hermoso culo, antes de follárselo se vio obligado a meter los morros ahí dentro para comérselo bien. Por delante Manuel ya le estaba dando rabo. El pijote del daddy se había puesto ya durísimo y ahora se había convertido en un auténtico falo destroza culos, largo, gordísimo, tieso, flipante, digna competición para Viktor. Dos pollones para un tio que se merecía sus dos huecos bien follados.

Puro amor, Viktor se inclinó sobre su espalda mientras se la metía a pelo. Los otros tres chicos se acercaron a mirar, a tocar. Ya iba siendo hora de dar al atractivo de Kike su merecido. Viktor le colocó delante de él y le jodió el culete. Como gemía el Kike, disfrutando de su turno, dejándose la polla suelta, toda empinada, que se quedó dando saltitos arriba y abajo alegrando la vista a los presentes. Que gustaba el meneo de la polla de un tio bien follado.

Parecía que el daddy iba sobrado de rabo como para necesitar otro igual dentro del culo, pero el cabrón se puso cachondo, le entró envidia y curiosidad de saber qué se sentiría al tener una pija bien grande dentro del ano y fue el siguiente en pasar por la piedra. Quizá menos acostumbrado que el resto, por si acaso se lamió los dedos y se acicaló el agujero antes de que Viktor lo penetrara sin condón.

Ahí estaba, su culazo peludo y varonil perforado, el pollón colgándole entre las piernas, El Morcho dando buena cuenta de él. Después del daddy le tocaba el turno al más jovencito en la sala. Luigi se quedó gozándolo de pie mientras Viktor se la metía, mirada fija al frente, sintiendo cómo ese rabo se hundía dentro de su ser, dejándose empotrar. Frente a él, Manuel se estaba follando al Morocho con todas sus ganas. Se lo estaban pasando tan bien que el daddy agarró por el cogote al chaval, lo atrajo hacia él y le metió un morreo. Daddy y twink dándose el lote.

Como si de un buffet libre se tratara, los cuatro pasivos se pusieron unos al lado de los otros formando una fila. Viktor iba a pasar revista por detrás mientras que Manuel lo hacía por delante. Uno se iba follando un culo tras otro a la par que Manuel empezaba a dar rabo por la boca comenzando por el otro lado. Cómo aguantaban las embestidas y esa forma de elevar las cabecitas, como polluelos en un nido, para cazar el rabaco largo y gigante de Manuel y chupárselo.

Acabada la ronda de mamadas, Manuel pasó también a atacar por la retaguardia y a dar mejor uso a su pingaza. Toma ahí, los dos dándolo todo, poniéndose las botas admirando esos cuatro culazos a su disposición. Los chicos se dieron la vuelta y agradecieron las folladas agachándose y devorándoles las pollas. Kike y Pierre se quedaron con la de Viktor. Morocho y Luigi con la de Manuel.

Fue entonces cuando Viktor y Manuel descubrieron que esos chicos estarían dispuestos a todo. Tomaron asiento en el sofá de cuerpo, alzaron sus mástiles y enseguida los dos primeros culos fueron a sentarse encima de ellos. Culos alegres saltando a full sobre esos rabos enormes, duros como una roca, pajeándolos entre sus nalgas, pasando de una polla a otra, chupando, besando, una orgía de placer.

La fiesta disco no podía acabar de otra forma que no fuera aquella, con los dos machos explotando de júbilo, pajeándose frente a los cuatro pollitos que, agachados, pedían ya su comida. Manuel y Viktor empezaron a disparar trallazos sobre las caras y el pelo de los chavales, ensuciándoles con su semen. La carita guapa de Pierre con un buen pegote en la ceja, bien podía ser el motivo de la continuación de la fiesta. Al menos a Viktor, al verlo así, se le mantuvo la chorra tiesa, preparada para una segunda ronda.

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