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Vadim Romanov y el tio pollón de los vaqueros dan de comer rabo y lefa al chulazo Jorge Sainz y se lo follan a pelo en los glory hole del Boyberry Barcelona | Fucker Mate

Glorious debut at Boyberry

Nada más levantarse, Jorge Sainz lo hizo con una necesidad en mente según echaba la primera meada del día: comerse unos buenos rabos. Siendo tan guapo, podía conseguir al tio que se propusiera, pero le apetecía ir a cazar pollas a un local de chicos, a ver qué encontraba. Se ponía nervioso solo de pensar en la cantidad de rabos que esa mañana habían amanecido bien empalmados y que estarían esperando esa mañana una boca que los mamara.

Al entrar en el Boyberry Barcelona, no fueron pocas las atentas miradas que seguían el cuerpazo de ese tio atlético, chulazo y alto dirigiéndose hacia los glory hole. Vadim Romanov se enamoró al instante. Se levantó de su silla en la barra del bar y siguió sus pasos internándose en una de las estancias con más morbo de todas. Jorge, valiente, hincó las rodillas entre las cuatro paredes con cuatro agujeros  por los que cabían hasta cuatro  pollas y la primera no tardó en llegar.

Vadim metió la pirula por el hueco pero hizo implorar a Jorge por tenerla en su boca, haciéndole meter la cabeza por el hueco hacia el otro lado persiguiendo ese cipote que se le escapaba. De un caderazo, Vadim coló la polla dentro del glory y le dio de comer uno de los mejores rabos que se habían metido por ese agujero. Veintidós centímetros de trabuco largo y bien gordo, con un cipote despampanante, un pollón que callaba bocas.

De tanto chupar, Jorge se tomó un respiro y miró hacia abajo. Su polla se había escapado de sus calzones y estaba ahí toda dura y bien grande, con el capuchón puesto. Diecinueve centímetros por los que cualquier hombre habría suplicado, igual que él suplicaba los de Vadim en toda su gloria. De rodillas, se hizo una buena pelada mientras seguía deglutiendo rabo, intentando en vano tragarse todo ese soberano pollón.

Sus intentos por ir a saco chupando y dejándose follar la boca no llegaron a buen puerto. Tomárselo con más calma, posando primero el cipote sobre su lengua y arramplando con toda la polla del tirón, tampoco hizo que lo consiguiera, pero sí le dejaron más cerca de tragarla entera. Al hacerlo, se le saltaron algunas lágrimas y le sobrevino una pequeña arcada, lo cual era bueno.

Vaya empacho de rabo. Vadim la tenía gordísima. Ese cabrón le estaba obligando a abrir la comisura de la boca más de la cuenta. Cada vez que Jorge la sacaba de su boca se quedaba mirando ese alucinante y gigantesco pollón con sus babas encima y ahora que le había cogido el gustillo por intentar tragarla entera, volvió a intentarlo varias veces. Despejó la garganta, dejó que Vadim tomara el control y se la colara hasta el fondo, pero algo en su fuero interno le decía que jamás conseguiría besarle los huevos con la pija entre sus labios.

La cosa empezó a animarse de buena mañana. Un tio en vaqueros se plantó en la puerta del cubículo y se empezó a tocar el paquete mientras miraba la carita guapa de Jorge comiendo rabo. Se fue detrás de una de las paredes, se bajó los pantalones y metió la chorra para que le hicieran una buena limpieza. Jorge se puso cachondísimo al verla. Larga, hermosa, gordísima, con un cipote deslumbrante. Miró la de ese nuevo inquilino y luego la de Vadim y se preguntó si esos dos cabronazos sería gemelos y pretendían hacerle un sandwich después.

Le dedicó unos cuantos mimos sin desatender a la otra y se dio cuenta de lo cerdo que era al verse a sí mismo de rodillas en el glory, desnudo y empalmado, pajeando dos pollas gigantes, una en cada mano. Si saliera una tercera, lo cual no era descabellado viendo que la cosa se animaba y él estaba demasiado bueno, no hubiera sabido cómo manejar la situación, pero habría terminado haciéndolo.

El propósito principal de un glory era comer y deslechar pollas. Atiborrarse de ellas hasta quedar satisfecho y pajearlas duro hasta obtener toda la leche que uno necesita para convertirse en el ser más feliz de la tierra. Ese era también el propósito de Jorge al llegar allí, pero vien el aguante que tenían esos dos tio tan bien dotados, se levantó, se puso de espaldas a la pared cogiendo la polla de Vadim por detrás y la metió sin condón dentro de su culo dejándose follar a pelo.

Con rabos tan largos era relativamente fácil manejarse allí dentro, ser follado por uno e inclinarse y chupar el que tenías enfrente, pero no dejaba de ser una postura incómoda, así que el chaval de los vaqueros se metió en la sala y facilitó las cosas un poco, haciendo que Jorge se diera un festín de rabo mientras Vadim podía darse el gusto de colar toda su enorme polla dentro de ese culazo del que podía ver parte de las nalgas apretadas sobresaliendo por su parte del agujero.

El glory había cumplido su misión. El morbo dejó paso al desenfreno y se vieron las caras. Tres hombres dando rienda suelta a sus pasiones dentro de una estrecha habitación. Sin pared de por medio, Vadim se puso detrás de Jorge y se agenció su culo, esta vez con el placer de cascarle las bolas en el trasero. Jorge se dio cuenta de que el tio al que se la estaba chupando tenía la parte baja de la camiseta con manchas blancas, un detalle que le dio un chute de vicio al pensar en mil y una guarradas. Una de ellas tenía que ver con que a ese tio le gustaba llevar encima el recuerdo de los autógrafos de los hombres a los que iba conociendo en el Boyberry.

Vadim salió de su culo y él y el otro chico se quedaron frente a frente para darle de comer rabo. Jorge se quedó bizco admirando la solemnitud de esas dos pollas frente a frente formando una línea recta de casi cincuenta centímetros entre las dos. Incluso estando los dos tios con los culos pegados contra la pared, no podían evitar que sus rabos chocasen entre sí y Jorge se puso cerdísimo presenciando ese espectáculo de la naturaleza humana.

Una polla, la otra, sus dedos que rozaban esos pollones calientes tratando de conducirlos hacia el interior de su cueva, la mirada perdida, gozando con el roce de esos pitos duros y palpitantes sobre sus hombros, sobre su cara, entre sus labios, Vadim que se encargó de lavantar su polla contra su estómago y que ayudó al tio que tenía enfrente a hacer lo mismo para que Jorge les comiera los huevos a los dos.

Esos dos tios también estaban salidos. Le follaron la boca, rebozaban sus mingas por su cuello, por sus fuertes biceps. Jorge no fue menos. En un acto de total pérdida de cordura, instinto animal salvaje, agarró los dos pirulones, uno en cada mano y los empezó a restregar por toda su cara. Mejillas, ojos, frente, ni un solo centímetro de su rostro quedó sin impregnarse con olor a rabo de macho.

Jorge había visto muchas cerdadas, pero ninguna como la que estaba a punto de presencial, una por la que tendría que confesarse de por vida. Estaba sentado en el suelo, mirando hacia arriba, con las dos enormes pollas sobre su cara. Vadim se la estaba metiendo por la boca. Entonces el tio de los vaqueros se la pajeó, empezó a gemir y roció con leche todo lo que se le ponía a tiro.

El rabaco de Vadim cubierto del esperma de otro hombre, el hombro y los morros de Jorge llenos de leche, los últimos goterones cayendo a saco sobre la otra polla y Jorge disfrutando de ese recién creado pepito de nata, chupando rabo cubierto de leche. Sin duda el tio de los vaqueros estaba hecho un buen repostero. Los tres dieron rienda suelta a esa cerdada y participaron activamente.

Vadim recogió con los dedos el semen que se le había quedado en los hombros y le metió esos mismos dedos por la boca mientras por su rabo resbalaba todo el lechal del otro tio. Jorge se puso cerdísimo. El tio de los vaqueros se había sacado tanta leche que le había dejado perdida de lefa toda la barba. Entre los dos empezaron a frotar sus rabos por encima de su boca abierta y nutrida. Había ido a por eso y eso era lo que se llevaba. Pero aún quedaba más.

Fuera de los glory había unos puff bien molones, para pajilleros a los que les iba eso de cascársela escuchando los gemidos de las salas contiguas dándole a la imaginación y también para follar cuando los glory te habían dejado con ganas de conocer gente. Vadim puso a Jorge a cuatro patas, le acicaló bien el culo y se lo folló por última vez por delante y por detrás. Ese chulazo ahora era suyo. Habían pasado de ser unos completos desconocidos a estar muy unidos en cuestión de minutos.

Por si había visto poca leche, Jorge vio la suya salir a presión de su rabo mientras todavía Vadim permanecía en su interior machacándole con ese enorme rabo. Vadim se la sacó del culo y decidió darle otra merecida dósis a ese tio guapo en la jetita. Tras meterse un buen pajeo, apuntó con la punta del rabo hacia su boquita y le metió todo el esperma dentro. La puntería se complicó cuando le comenzaron a temblar las piernas y el gusto se hacía infinito, pero para entonces ya le había metido todo el grueso de la corrida en la boca y el mamón la estaba digiriendo.

El estertor de la corrida le duró a Vadim más de la cuenta. Se dejó los huevos tan secos que los cojones se le montaron a cada lado de la base de la polla, bien marcados. Jorge sacó la lengua y le lamió el cipote por el que colgaba una gota brillante de esperma. Al sentir la lengua húmeda y caliente en el capullo, Vadim se estremeció de gusto, satisfecho por mandar a casa a otro tio bien alimentado.

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