El guapísimo chulazo Mike Cain muestra su musculoso cuerpazo de empotrador y controla la eyaculación corriéndose dos veces seguidas | GayHoopla

Rapadito, cejas pobladas, la barbita arreglada que enmarca sus facciones masculinas en el rostro, bigote finito y perilla, nariz ancha y unos ojazos con una mirada arrebatadora que definitivamente te hacen ponerle el calificativo de empotrador, Mike Cain todavía no ha desplegado todas sus armas. Su cuerpo es una delicia para la vista. Hombros anchos, biceps de lujo, pectorales de waterpolista, vientre plano y fibrado, esos pelitos entre los pectorales y formando una hilera desde su ombligo hasta perderse por debajo de sus calzones.

No le hace falta aceite para remarcar sus musculazos, para que nos enamoremos a primera vista, pero con él está incluso más potente todavía. Sin pretenderlo, el aceite resbala hasta sus calzones, tiene la huevera como si se hubiera meado. Se amasa el paquete con una mano y abre esos ojazos mirando a la cámara, como pidiendo permiso para empezar. Esa miradita que lanza, esos labios, esa barbita. Apetece besarle y mucho.

Se mete la mano por debajo y acaricia su miembro y sus bolas. Se humedece los labios y se muerde el inferior. De momento sólo él sabe lo que está tocando que tanto le gusta. Por fin nos deja verlo y hasta la polla la tiene bonita. Es muy larga, gruesa, venosa, con un cipote reluciente y grande de esos que te metes en la boca y te llevan al paraíso de los rabos.

Las pelotas le cuelgan, la izquierda, como a todos los hombres, más, y se le introiduce el cojón por la rajita del culete. Le gusta pimplársela duro y fuerte con la zurda. Con la fuerza que imprime ese biceps se la deja bien dura y ahora su pollón y su cipote grandioso están más deliciosos que nunca. Para llevárselos a la boca. Dura y empinada le ha crecido casi el doble que cuando se la sacó y esa pirula larga es todo un espectáculo entre sus manos.

Se pone cómodo en el sofá y ahora se la casca con la diestra. Un plano general suyo es mejor que apreciar una obra de arte. Guapo, atractivo, cachas, el moreno de su tronco superior contrastando con el blanquito del inferior de la cadera hacia abajo, con unos buenos muslazos en las piernas algo peluditas y meneándose esa enorme tranca. El gustazo que daría que te la metiera dentro y tener ese cuerpazo fundiéndose encima dle tuyo, sobrepasa todos los límites de la lujuria.

Por si te queda alguna duda de cómo sería, te lo demuestra, situándose en posición de flexiones y fingiendo que folla, con toda esa picha preciosa colgando y ese meneo de caderas, su culazo de futbolista grande, blanquito y redondo al que te agarrarías a dos manos para que te poseyera entero. Se contonea hacia adelante y hacia atrás. Las pelotas le cuelgan entre las piernas y se deslizan por el sofá.

Se ponde de rodillas y se la casca una vez más. Le gusta jugar al borde de la locura. De repente su polla se hincha, se le remarcan las venas en el tronco, separa su mano lentamente mientras el pollón da unos espasmos involuntarios, se la acaricia de nuevo y entonces explota. Una nutritiva fuente de leche se pone en marcha y lanza un par de chorrazos cargados de esperma al viento.

Entre chorro y chorro se acaricia el glande. Parece ser su técnica de autocontrol. Quiere enseñarnos que es capaz de controlar el momento en el que la lefa sale por su polla. Consigue dominarla y cuando la tiene bajo control, se la casca de nuevo y deja que la leche salga de nuevo, esta vez otra ristra de lefazos más espesitos. Ahora sí se la sigue cascando hasta el final, incluso a dos manos, porque la longitud de su pene se lo permite.

Si no has conocido todavía a un hombre que se corra dos veces seguidas, ahora lo vas a conocer. Además de guapo, atractivo, musculoso y bien dotado, Mike es un amante de pura cepa para dejar bien satisfecho a cualquier mortal. La segunda le cuesta un poquito más, pero ahí está la leche, calentita, espesa y blanca saliendo de su polla con un buen chorrazo, la lefa babeando y colgando del cipote, el sofá lleno de leche. Sonríe ahora que se ha despejado los huevos por completo y se queda ahí de rodillas, corrido y con la minga todavía tiesa y mojada, perfecto para acercarse, morrearle, lamerle ese torso de arriba a abajo, degustar su pito húmedo con sabor a macho y relamer como un cerdo el charco de lefa que ha dejado ante él.

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