Rico Marlon se folla a pelo el culazo de Lipe Levado en el bosque con su descomunal polla y le relame su corrida de la boca | Fucker Mate

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De buena mañana, nada más levantarse y echar la primera meada, Rico Marlon y Lipe Levado salían de su cabaña para adentrarse en el bosque, apenas ataviados con sus calzones. Les gustaba rodearse de naturaleza y como siempre no llegaban al final del camino. Paraban en el puente y no podían resistirse el uno al otro, quedándose de pie, frente a frente, juntando sus cuerpos, rozandos sus musculosos pectorales, rozándose con los marcados abdominales, dedeándose las tetillas con los pulgares mientras se daban el lote.

Lo primero que Lipe hacía era sacarle la polla a Rico. Le bajaba la gomita un poco para sacarla y luego se quedaba mirando cómo le caía entre las piernas, enorme, gordísima. No tardaba en ponerse de rodillas y comérsela. Ningún otro chico le había hecho abrir tanto la boca y la sensación de notar cómo iba creciendo y poniéndose dura a medida que se la chupaba, era de un vicio incomparable.

Tras unas pocas caladas en las que tragaba lo que buenamente podía, pues eso era imposible metérselo por la garganta, se separaba apenas un centímetro para observarla de cerca con sus ojos. Un pollón gigantesco, ahora durísimo, con un cipote despampanante, el tronco jodidamente gordo y marcando vena. Entonces Rico le cogía del cogote, se levantaba la polla y le hacía comerle los huevos.

Le estiraba suavemente del escroto, cogiendo la piel entre sus labios, se metía un huevo en la boca y notaba su carga, luego el otro, sintiendo el roce del rabo caliente y duro rozando su nariz, sus mejillas, su frente. Adoraba estar delante de una polla tan grande. La polla estaba tan tiesa que, para volver a metérsela en la boca sin abandonar su posición de rezo, tenía que cogerla con la mano y dirigirla hacia su boca.

Lo que le estaba creando leche en los huevos a Rico no era solo la mamadita de su colega, era también la visión de ese culazo que se dibujaba al fondo, blanquito, con dos buenas bombonas y que tan bien destacaba al final de su espalda, elevándose como un monte al que Rico quería conquistar. Le puso contra la barandilla de madera del puente, se agachó detrás de él y para llegar al fondo de su ojete se vio obligado a desplegar con las manos esas dos buenas cachas.

Hacía ya un rato que los dos habían perdido los calzones por le camino. Allí estaban, tirados sobre el puente. Puede incluso que volvieran desnudos a casa, dejando que cualquier otro tio que pasara por allí no pudiera resistirse a cogerlos y esnifárselos haciéndose una buena paja. El olor de la huevera de un tio siempre es un buen aliciente y mucho más cuando no sabes a quién pertenece.

Con el rabo tan gordo que tenía, para Rico cualquier culo se quedaba apretado y el de Lipe no fue menos. Por suerte tenía un cipote suave y que se lubricaba de forma natural para abrise camino. Lo que más le costaba cuando lo hacía a pelo, era calzar la segunda mitad de la polla. A veces requería de un salivazo, otras, como esa, de pura fuerza tirando de cadera.

Le metió la pija hasta el fondo y empezó a zumbárselo por la retaguardia, haciendo impactar sus caderas en esas bombonas que se mecían como flanes cada vez que lo empotraba. La fuerza con la que se lo estaba follando se reflejaba en el rabo de Lipe, que no paraba de contonearse entre sus piernas de adelante hacia atrás, formándo círculos, un impulso frenado sólo por sus dos cojones que estaban duritos como melocotones, todavía acostumbrándose a un pollón tan grande dentro de él.

Le costó unos minutos hacerlo, aferrándose como pudo a una rama que tenía enfrente. Luego se soltó y empezó a disfrutar. Se puso a cuatro patas en mitad del puente y dejó que Rico le cubriera desde arriba, con sus muslos apresando su culazo, empalándole de arriba a abajo, jodiendo la raja de su culo con sus dos enormes pelotas. Dos perros haciéndoselo en plena naturaleza.

La madera del puente todavía estaba fresquita y algo húmeda por el rocío de la mañana. Como al volver todavía les quedaría la ducha en buena compañía, lo hicieron retozando por el suelo. Lipe se tumbó bocarriba, elevó las piernas todo lo que pudo para dejar la raja de su culo bien abierta y vio cómo Rico se abalanzaba sobre él y le metía toda la polla, sus abdominales duros como una roca, en plena acción para crujirle de amor.

Si Lipe había podido alegrarse la vista con el cuerpazo de Rico, con sus dominantes pectorales en ese pechito peludo, sus tetillas duras y su torso musculado, Rico también se había ganado el derecho a ser espectador de primera categoría. Lipe le regaló un pajote con el culo. Se sentó encima de las piernas de Rico dándole la espalda y empezó a bombear su polla, dejando que Rico se recreara con las vistas de un buen culazo tragándose su enorme rabo.

Luego le hizo lo mismo, pero girando ciento ochenta grados para mirarse cara a cara. Para entonces Rico ya tenía los huevos a reventar. Hizo que Lipe se tumbara encima de la madera, Rico se arrodilló frente a su cara, se la meneó y tras soltar un improperio que le nació del alma de un hombre a punto de correrse, la lefa empezó a manar de la raja de su gordísimo cipote.

Blanca, colgando espesita como la miel con unos buenos colgajos, Lipe estaba preparado con la boca abierta, recibiendo ese dulce de macho sbre su lengua, donde se quedaba meciéndose como gelatina antes de resbalar hacia su barbilla y hacia el interior de su garganta. Rico se la sacudió desperdigando la lefa por toda su cara y bajó a relamer su pecado. Dio un repasito con la lengua por el semen que le había dejado en el oyuelo de la barbilla, lo recogió y colgando todavía de su boca, lo condujo a la de Lipe. Volvió a hacerlo, una y otra vez, compartiendo esos dulces besitos hasta que le dejó la cara limpita.

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