Viktor Rom, Pablo Bravo, Thiago y Adonai meten un cuatro para uno sin condones a Alam Herrera follándole el culo y la boquita al aire libre | Fucker Mate
Siempre que estaban juntos, Pablo Bravo, Thiago y Adonai no sabían cómo se las apañaba Viktor Rom que siempre les dejaba bien calientes, con la tienda de campaña montada. Encima epoca de calor y piscina, que no había forma de esconder la empalmada. Se ponía a contar historietas, fantasías y en cuanto mencionaba culos y pollas, ya no había forma de escapar a su influjo. Los tres terminaron con un buen problema entre las piernas, sentados en el empredrado alrededor de una pequeña piscina natural.
Por encima de ellos, en la colina, Alam Herrera miraba atentamente a esos cuatro chicos que habían decidido darse una vuelta por la zona. Los miraba y se tocaba, el ojete se le hacía pepsi cola al imaginar lo que esos cuatro tiarrones podrían hacer si él decidía abrirles las puertas de su culazo. Aunque no hubiera hecho ruido a posta, alertando a los chicos que subieron a ver qué ocurría y quién les estaba espiando, el resultado habría sido el mismo, puesto que sólo había un camino, y en él se habrían encontrado a Alam sobre una roca, a cuatro patas, caliente perdido, meneando su trasero, esperando a que llegaran uno o varios machos dispuestos a cobijar la polla dentro de él.
Ninguno se resistió a su raja y todo sucedió como debía. Thiago se levantó las gafas de sol y se acercó para contemplarlo, Pablo fue el primero en bajarse el bañador y empezar a tocarse la cola gordita, los demás le siguieron el ritmo con los rabos algunos morcillones y otros empalmados directamente y el chaval acabó mamando arrodillado en el suelo, protegido por cuatro tíos que estaban deseando darle rabo.
Si había alguno al que le faltaba poco para que se le pusiera tiesa del todo, en cuestión de segundos todos la tenían ya bien dura, en cuanto vieron a ese mamón tragar rabo. El tio iba a por todas, sin detenerse a rechupetear, tragando a fondo, cabeceando con fuerza, abriendo la garganta y dejando pasar las pijas una a una. Que con la polla de Pablo dentro toda entera, se animara a sacar la lengua y le lamiera los huevos, les dejó a todos locos.
Los cuatro parecían una jauría de perros hambrientos en la que Alam era su comida. Se las metieron de dos en dos por la boca, le rodearon sin dejarle espacio para maniobrar y empezaron a fostiarle la cara con sus rabos mojados en babas, a jalear, a joderle la boquita. No pararon hasta tenerlas bien engrasadas, hasta asegurarse de que no les harían falta condones ni otro lubricante para metérsela por el culo.
Formaban un gran equipo. Thiago lanzó a Alam hacia la roca para que volviera a cuatro patas y le preparó el culete. Pablo le ayudó a abrirle las nalgas para que se lo comiera. Adonai y Viktor se quedaron dándole rabo. Tras intercambiarse, Alam se tumbó bocarriba sobre la roca y se abrió de piernas para todos. El chaval estaba buenorro y la polla le sobresalía de entre una buena mata de pelos bien negros.
El primero en metérsela y follárselo a pelo fue Adonai, el que la tenía más larga y grande del grupo, para abrir camino a los demás. Era una regla no escrita entre hombres que llevaba propagándose por siglos. Unos pollazos después, dejó vía libre al segundo que la tenía más grande, Viktor. Le siguió el que indudablemente a tenía más larga, todo un pincel mágico y morenote, Thiago, que a pesar de su cuerpo delgadito, estaba en plena forma, atlético, empleando buena fuerza en sacudir ese culazo con su larga pija.
Dejaron el resto a Pablo, que se encargó bien de enseñar a ese pibe y a los demás cómo se follaba un buen culo. Su forma de empotrar, de mecer hacia adelante y hacia atrás el culete de forma redondeada que tenía, hacía que todos se quedaran embeleasados mirando y se la menearan a su salud. No ayudaba a mantener la leche quieta en los huevos el que Adonai alardeara de tamaño frente a la cara del chaval ni que le metiera la polla hasta el fondo de la garganta haciendo flexiones encima de él, con la cabeza entre sus piernas. Se lo estaban follando limpio por los dos agujeros.
Le dejó con los morros cargados de saliva, con las babas cayéndole por la barbilla cuando Viktor decidió lanzar a esa putita al césped para disfrutarla y guarrear. De nuevo a cuatro patas, él se encargó de ser el primero en penetrar y proteger su pandero dándole unas buenas dósis de rabo gordo. Los demás se unieron al cachondeo pasando uno a uno por detrás y follándose a Alam.
Pablo, que tenía una mirada artística superior a la del resto de sus amiguetes, más de una vez se separó de los otros que se habían quedado dando de comer rabo al chico para agacharse y mirar la penetración desde atrás. Flipó cuando vio a Thiago joder al chaval. Había magía al contemplar una polla perforando un agujero, en las pelotas colgando en la base de la polla y meciéndose ligeramente, cargaditas de leche, golpeando las nalgas, en el ojete abierto del propio Thiago cuando se lo follaba, un agujero negro de pequeño diámetro y profundo.
Ya que Alam había demostrado ser un buen tragón, en cuanto todos se habían aliviado el primer pico de sus pollas metiéndosela por el culo, de regreso a la roca le hicieron un gag the fag. Era acojonante lo bien que le entraban las pollas hasta el fondo. Sólo tenían que colocar una mano en su garganta para ver cómo se le desplazaba la nuez cuando deglutía rabo.
Uno a uno pasaron por su boca, dejándole los huevos bien aplastados contra la nariz. Incluso Adonai consiguió hundirla hasta el fondo, a pesar de la cacho pollaza larga y gordísima que le colgaba entre las piernas. De hecho no acostumbraba a hacerlo con tios con tantas agallas, así que con permiso de sus coleguitas, aprovechó la ocasión y le depositó la pollaza entera dentro varias veces, para que ese momento no se le olvidara jamás.
Con la cabeza hacia atrás, las babas empezaban a colgarle de la punta de la nariz, por la frente y el pelo. La leche se fue uniendo a las babas a medida que le fueron alimentando la boquita. Le endosaban la polla hasta el fondo, se corrían en su garganta obligándole a tragar y la sacaban para que el siguiente repitiera la tarea. Alam sonrió, satisfecho por haberse permitido el lujo de que cuatro machos le fornicaran con esa fuerza y zorrearan con él, viendo cómo los cuatro jinetes meneaban sus grandes colas recién corridas delante de él para que apreciara lo que se había comido por el culo y por la boca, lo más grande.
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