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Manuel Skye y Markus Kage hacen intercambio de chavales y se follan los tiernos culitos de Jake y Thyle Knoxx sin condones | Twink Trade

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Noche de chicos. Markus Kage y Manuel Skye habían salido a comprar provisiones para el partido que echaban por la tele. Al entrar por la puerta se percataron de la buena sintonía que tenían sus chavales Jake y Thyle Knoxx, en el sofá deshaciendo las maletas e intercambiando anécdotas del viaje. Manuel y Markus se miraron y se sintieron identificados, recordando además la de cerdadas que habían hecho en ese mismo sofá donde ellos estaban sentados ahora, en ese lugar de vacaciones.

A Markus se le puso un poco morcillona pensando en el pollón de Manuel. A pesar del paso de los años y de haber visto multitud de rabos, siempre recordaría el suyo con una sonrisa en la boca. Se le ocurrió pensar en si su hijo estaría igual de bien dotado y habría salido al padre. Después de muchos años de amistad y de compartir más que una ducha desnudos, Manuel supo lo que rondaba la cabeza de su estimado amigo y le echó una mano para que pudiera hacer realidad sus fantasías.

Agarró a su hijo Thyle por el hombro y animó a los chavales proponiéndoles hacer cosas de hombres antes de que empezara el partido. Los chicos se emocionaron, sobre todo porque no estaban acostumbrados a que los mayores les trataran de igual a igual. Manuel les dejó claro por dónde iban los tiros. Jake y Thyle se sonrojaron un poco cuando escucharon hablar de pajas, mamadas y folladas en boca de Manuel, pero sólo un poco, porque estaban deseando ser adultos del todo, a pesar de haber cumplido ya los dieciocho.

Markus y Manuel se intercambiaron las posiciones detrás del sofá y cada uno empezó a masaear los hombros del hijo que les había caído en suerte. Los chavales se miraron, algo extrañados pero deseando probar esa nueva experiencia que sin duda les marcaría. Estaban en edad de decidir y su decisión estaba clara, querían hacerlo. Los padres también estaban excitados. Manuel por fin comprobaría también si el hijo de Markus tendría tanto aguante cuando le metiera un buen pijote por el culo.

Empezaron dejando las cosas claras. No era igual empalmar a los cuarenta que a los veinte y los papis necesitaban combustible para sus pollas. Propusieron a los chicos besarse y desnudarse mientras ellos miraban y se ponían a tono. A Jake le resultó raro besar en los labios a su colega, pero no estuvo nada mal y les gustó, porque a ambos se les pusieron firmes las pollas.

Ver a los dos chavales semidesnudos tuvo su efecto en los paquetes de sus pantalones. Los dos llevaban vaqueros y unos buenos bulto se marcaban ya inflando de rabo los bolsillos. “Jake– dijo Manuel al hijo de Markus.- Quita a tu amigo los calzones. Descubre su rabo como tu padre descubrió el mío a vuestra edad“. Jake siguió sus órdenes y un largo, gordo y tremendo pirulón descomunal salió dando bandazos de los gayumbos.

Lo primero que hizo Jake nada más ver ese pito enorme cilimbreando hacia un lado fue cogerlo con la mano llena y masturbarlo como si fuera suyo. Era enorme. Jake dio a los dos padres las gracias por hacerle vivir ese momento y ahora los chicos ya no sólo se besaban, sino que tras bajar los calzones Markus a su hijo Jake, los dos jovenzuelos estaban comiéndose la boca y cruzando pajas.

Markus y Manuel se sentaron a cada lado de sus respectivos hijos, con las pollas a punto de reventar los vaqueros. Instaron a sus chavales a ponerse de rodillas mirando hacia el respaldo del sofá. La escena era casi indecente. Dos culitos blancos, redonditos, deliciosos, con unas buenas huchas, meneándose delante de ellos. Y entre sus piernas los cojones y las pollas colgando.

Markus no se puso resistir. Echó mano a la huevera de Thyle y se la paló con la mano, luego le estrujó la polla son su fuerte mano de fuertes dedos, se llevó un par a la boca humedeciéndolos con la lengua y rozó con la yema de uno de ellos el caliente agujerito que se abría ante él como un pozo sin fondo. Posó la lengua en la hendidura, Manuel hizo lo mismo con Jake y empezaron a engrasarles las rajetas, intercambiando miradas de vicio, conscientes de lo mucho que se parecían sus hijos en todo a ellos y deseando hacerles disfrutar lo mismo que ellos disfrutaron la primera vez que lo hicieron juntos.

Los chicos soltaban gemiditos apagados de placer y se reían entre ellos por ahí arriba. Sabían lo que era el sexo. Hacerse pajas, meterla por un coño o un culo, pero para ellos eso era nuevo, porque fuera del instituto, ningún macho veterano les había tocado un pelo. Después de probar lo que tenían en casa, no estaban seguros de si habría vuelta atrás.

Al darse la vuelta, Markus y Manuel les dieron una buena hostia de realidad. Markus se sacó su estaca de los abultados vaqueros que tan bien rellenaba y Manuel se sacó una polla incluso más larga y gorda que la de su hijo. Pusieron a esos dos granujas a comer rabo de hombre. Para estar más cerca uno del otro y compartir ese momento tan especial que les traía tantos recuerdos, pusieron a los chicos a jalar rabo de rodillas mientras ellos se desnudaban todavía más con la mirada, aparte de redescubrir lo fornidos y varoniles que se habían puesto sus cuerpos con el paso de los años, a mejor como el buen vino.

Y aún llevando el control de la situación, los chavales también tenían cosas que enseñarles. Estaban sentados gozando de las mamadas de intercambio cuando esos dos capullos se morrearon con lengua y luego sonrieron con sus pollas duras delante de las jetas. Manuel sabí aque su hijo era un aventajado, una máquina sexual, pero no descubrió de qué iba hasta ese momento.

Su hijo nunca le había sostenido la mirada de aquella manera, tanto tiempo y con los ojos brillantes cargados de un vicio inmenso. Entonces se inclinó hacia donde Jake estaba comiéndole el rabo y relamió su mejilla, por donde en ese momento se dibujaba un bulto como resultado de que Manuel le estaba jodiendo la boca con el cipote a full. Manuel se excitó tanto que casi se corre, cuando su hijo estuvo a escasos milímetros de chuparle el tronco.

Acto seguido, los chicos se abrazaron por detrás como coleguitas, agarrándose los cuellos con las manos y al compás se obligaron el uno al otro a mamar hasta el fondo. Manuel y Markus se miraron, pensando lo mismo. Esos dos se conocían mejor de lo que ellos pensaban. De fondo vieron algo que les gustó a los dos y es que, al ir al compás mamando, a los dos se les meneaban las mingas entre las piernas allá al fondo, un buen par de badajos dignos de sus padres.

Los machos se quedaron sentados. Sólo tuvieron que sostener sus durísimos rabos en vertical mientras sus respectivos hijos recién adoptados se hundían las vergas sin condón dentro de sus virginales culitos. Thyle tiró a por todas y su cara reflejó el dolor y el gusto a partes iguales que sentía. Jake prefirió ir paso a paso y empezar con el primer tercio del rabo. Fuera como fuera como eligiesen empezar, los dos ya estaban abiertos de piernas, empalados en unas hermosas pollas, saltando sobre ellas, castigándolas con sus nalgas, haciendo que lo que hasta ahora había sido un paseo para sus afortunados padres, se convirtiera desde ese momento en un camino de espinas donde cualquier paso en falso podría sacarles la descarga de los huevos.

Jake ya se había hundido entera la polla de Manuel y el cabrón no paraba de dar saltos y autosatisfacerse. Thyle gozaba loco de alegría, saltando sobre los muslos peludetes, varoniles y fornidos de esa máquina de follar que era el padre de su amigo. Markus también estaba encantado. Se ladeó un poco para poder ver cómo le rebotaba la minga al chaval cada vez que saltaba.

Los chicos pasaron de la rabia a la ternura. Jake se agachó para chuparle la pija a su amigo y después se pusieron a cuatro patas en el sofá, frente a frente, dándose besitos, esperando a que esos dos les dieran por el culo como se merecían. Se los follaron por detrás y abiertos de piernas. Thyle, totalmente descontrolado, viva estampa de su padre, avanzó un par de pasos de rodillas sobre el sofá para relamer el ojete de su colega, abrirle el agujero con los dedos y ver cómo su padre le descerrajaba un pollazo tras otro jodiéndole el ano y dejándoselo al rojo vivo.

Maricón el último, Jake se corrió encima del gusto mientras todavía tenía la enorme polla de Manuel dentro del culo. No tardó en sacarla y pajearse encima de su cara, con permiso o no de su padre. Jake permaneció con la boca abierta cuando Manuel descargó encima de él y le metió unos buenos lefazos dentro de la boca que le hicieron sentir arcadas. No estaba acostumbado a recibir leche de esa manera y tanta hambre le había pillado de imprevisto.

Thyle también se corrió encima y mientras se estrujaba la polla sacándose las últimas gotas de lefa, miró con rabia y placer a su padre, compartiendo con él ese momento fraternal tan especial. Markus recogió con sus dedos algo de la leche que resbalaba por el puño y la polla del muchcaho y le llevó los dedos a la boca para que los chupase.

Ya sólo quedaba Markus por ventilarse los huevos. Manuel y Jake se le quedaron mirando mientras se pajeaba sobre Thyle. El tiarrón estaba de muy buen ver, tan masculino, musculoso, peludo, potente, con esa cara de empotrador tan deseable. Markus deseó haber tenido tan buen saque como cuando era más joven, sobre todo cuando Thyle se acercó y abrió la boca a tope para recibir todo su esperma. Se corrió encima de su cuerpo, aunque Thyle se acercó todavía más para comerle el requesón y chuparle las sobras del rabo.

Sudados, recién corridos de gusto, los cuatro se quedaron conversando y riendo desnudos. Por un momento no hubo relaciones parentales, ni edad. Eran cuatro hombres disfrutando y dando rienda suelta a sus fantasías. De esto a mamá ni una palabra, pero no hacía falta que se lo dijeran, eran mayorcitos. Ellas llegaron al día siguiente y ni se imaginaban la de cosas que sucedían a sus espaldas.

Un día, después de que Manuel se lo follara, Jake lo siguió hasta la habitación donde dormía con su señora esposa. Ella, al verle llegar desnudo y meneando esa grandiosa polla colgando entre sus piernas, destapós las sábanas y le ofreció su tesoro. Él dijo que por la mañana, que ahora no tenía ganas. Jake se pasó un par de dedos por la raja del culo que todavía tenía lleno de lefa y los condujo hasta su boca. Se relamió de gusto, sabiéndose el infatigable amante de los padres de su colega.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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