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Gustavo Cruz da de comer de su enorme rabo a Valentin Amour y le penetra el culazo sin condón | Fucker Mate

Light me on fire

Tenía muchas cosas y muy especiales de las que estar orgulloso. Su mirada, su cara guapísima, su cuerpazo. Pero había una zona del cuerpo de Valentin Amour con la que los chicos explotaban de placer y les provocaban ereccciones inmediatas e involuntarias. Ese era su precioso y bonito culazo, dos auténticos globazos musculosos, suavecitos, hechos para mqanos grandes y varoniles y pollas descomunales.

Había preparado una sesión especial a su novio en la habitación, convirtiéndola en una cabina de local de citas en la que chicos desconocidos derrochan a raudales su placer contenido. Luces de neón de color rosa tras las cortinas y un chico guapo en la camita meneando su trasero, atrayendo a su macho. Una mano traviesa bajando un poco la gomita de los calzones para enseñar el trasero y Gustavo Cruz ya estaba excitado y con la polla a punto de reventar sus gayumbos.

Se acercó a su chico, que ya estaba como un perrete a cuatro patas en el suelo, y le besó en la boca agradeciéndole ese regalo. Él le dio otro mucho mejor, un paquete descomunal con olor a rabo. Valentin sólo tuvo que tirar una vez más de la goma hacia abajo. Lo que descubrió le hizo sonreir de felicidad y soltar un «guauuu». Un badajo de veintidós centímetros bien grueso le colgaba entre las piernas, morcillón, casi duro.

Miró hacia arriba para ver el conjunto. Atractivo, nariz grande, barbita, esa cadena de plata que destacaba en su cuerpo morenito debido al ambiente de las luces, puro músculo. De un chulazo como Gustavo cabía la posibilidad de pensar, aun viéndole vestido y sin verle el tamaño del paquete, que grande la tenía, pero el hecho de que la tuviera de un tamaño mayor de lo que cabía esperar en un primer momento, era lo que provocaba en Valentin esa muestra de felicidad al decubrir su gigantesca verga.

Que no la tuviera totalmente recta le daba su morbo. Se doblaba hacia abajo levemente en el último tercio según se acercaba a la punta. Le gustaba lamerle los huevos y sostenerla calentita y pesada sobre su rostro, chuparle el cipotón y comer, comer metiéndosela cada vez más adentro con cada cabezazo, mirar hacia arriba con la polla metida dentro de la boca, porque eso le daba energía al ver su cara de machote empotrador, y hacerle un sitio dentro de su garganta.

Valentin no era muy religioso que digamos, pero se le daba muy bien rezar sobre una polla como esa, de rodillas, aprisionando el rabo con ambas manos enfrente de su cara y comerse ese alimento bendecido. El momento en que deglutía la polla hasta los huevos era especial para los dos. Se le hinchaban las venas del cuello, la cara se le ponía roja y al ratito la sacaba de su boca embadurnada de saliva, emitiendo una arcada. Gustavo se inclinaba para escupirle en la boca y devolverle la saliva que había perdido y luego le morreaba.

La trempera de Gustavo no hacía sino aumentar. Con un chico así a sus pies no podía ser menos. Las vistas que tenía desde arriba eran casi como estar en el jardín de las delicias. Un tio guapo, con una mirada rompedora y a la vez tan tierna, de fondo su culazo que no paraba de menearse, sabiendo que en un rato se lo iba a estar follando. La polla no paraba de crecerle y los huevos se le estaban inflando de leche.

Ahora la cama era suya. Gustavo se sentó en una postura que cualquier tio hubiera acudido a cuatro patas como un perro a comer de su rabo. Con las manos apoyadas detrás del torso, lucía cuerpazo fornido y su enorme pollón deslumbraba en medio. El sueño de todo hombre. Valentin le devoró la polla que inexplicablemente había vuelto a crecer, sobre todo en grosor, por lo que ya no le cabía tan fácilmente por la boca. Gustavo alargó una mano, la pasó por encima de su espalda hasta llegar a su trasero y le metió un dedo por el culo que Valentin agradeció con un gemido apagado, porque tenía su miembro entre los labios.

Valentin no se cansaba de jugar con esa descomunal polla, de intentar digerirla a toda costa y Gustavo no se cansaba de mirar cómo lo hacía, de ayudarle a conseguirlo, pasando una pierna por encima de él y empujando su espalda o agarrando su cabeza para darle ese último empujón que necesitaba para besarle las pelotas de una vez.

Hacer un gag the fag era casi indecente teniendo en cuenta el tamaño de su polla, pero Gustavo confiaba en su chico, así que le puso con la cabecita al borde de la cama y le atravesó la boca y la garganta con el mástil. Las vistas de un culazo, unas bolas y un buen miembro viril a la vez abrían el apetito hasta al más pintado y con Valentin no fue menos. Se dejó follar la boquita a toda hostia y durante unos breves segundos los pelillos de su bigote se pusieron contentos al notar cómo los huevazos de Gustavo les rozaban y se espachurraban encima.

Tras el plato de butifarra servido, llegó el turno del plato principal. Valentin se puso a cuatro patas sobre la cama y dejó que Gustavo le amara el culo. Gustavo le pasó una manita entre las piernas atrayendo la polla de Valentin entre ellas, con nel puño le agarró los huevos y sumergió los morros en la raja de ese culazo de ensueño. Le hizo la triple comida soñada, lamiéndole la polla, las bolas y el ojete. Valentin tenía una generosa picha brava y se hubiera merecido una mamada en condiciones, pero a Gustavo se le daban mejor los culos.

Era experto en lengua y sabía cómo abrirlos como almejas. A él también le ponían cachondo ciertas posturas que le animaban a dar lo mejor de su parte animal. Hizo a Valentin ponerse en cuclillas sobre su cara, de tal forma que Gustavo tenía a ese tio encima de él, con su huevera calentándole la frente y el agujerito del culo a tiro de lengua. Le gustaba explorar con ella, meter el hocico, relamer los alrededores.

El ojete de Valentin reaccionaba a su contacto, expandiéndose y cerrándose, latiendo lleno de vida. Luego volvió a ponerse para él a cuatro patas y sin más preliminares, Gustavo le encajó esa tremenda verga sin condón dentro del culo. La primera reacción de Valentin fue de sorpresa, de pensar cómo un tio la podía tener tan bien armada. Se le quedaron los ojos en blanco pero enseguida se recompuso y empezó a sentir el gusto.

Notó todo ese churrazo dentro de él, duro, potente, desgarrador. Que la primera parte del pollote estuviera ligeramente doblada hacia abajo le estaba tocando puntos sensibles de la próstata. Gustavo se echó un poco hacia atrás para ver sus preciosas nalgas blanquitas y redondas y su picha ahí en medio penetrándolas. Era el tamaño de polla que se merecía un culo así de bonito.

No solo la tenía grande, también sabía cómo moverse en la cama y mucho arte follando, manejando los culitos a su antojo. Valentin ya había caído casi de bruces sobre la cama y Gustavo tomó el control ladeándose un poquito y propinándole unos caderazos que hicieron que su polla entrara limpia y certera, algo que a Valentin pareció encantarle, porque una vez más volvió a dejar los ojos en blanco del gusto que le estaba dando.

Gustavo ya estaba encima de él, en postura de flexiones, inflando su culito a pollazos. Se puso sobre él en posición de cuclillas sin sacarle la polla y se la siguió metiendo. Valentin tuvo fuerzas para levantar la espalda, mirar hacia atrás y desviar la mirada hacia la cara de Gustavo, sus abdominales de infarto y la zona más allá entre sus piernas, donde esa descomunal polla le estaba partiendo el culo en dos.

Después de pasar demasiado tiempo dándose la espalda, Valentin se tumbó en la cama y se abrió de piernas para su macho. Todavía le dolía un poco cuando se la metía tan fuerte, pero a la vez le daba tanto gustito que no podía parar. Una sonrisa cargada de vicio que despertaba su lado más salvaje, seguida de otra mueca de dolor apretando los dientes. La mezcla de sensaciones hacía que cada encuentro con su novi fuera tan especial.

Y fue así, viendo a su chico dándolo todo sobre él, como Valentin se corrió encima. La leche super blanquita como la nieve y bien espesa salió disparada a plena potencia por encima de su pectoral derecho. Más mecos salieron rozando su pulgar manchando su abdómen y los pelos de su polla. Gustavo sacó la polla y se empezó a masturbar cerca del culito.

Por la postura en la que estaba Valentin hecho un ovillo, las piernas desplegadas y con el culete hacia arriba no pudo verlo, pero sí sentirlo. Los chorretes de esperma regándole la raja, la parte baja de la huevera. Luego sintió el enorme pollón de su chico resbalando por la raja de su culo con la leche encima antes de notar una nueva penetración con toda la preñadita.

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