Diego Sans penetra el culito apretado de Daniel Dean y se corre sobre su espalda con ocho potentes trallazos de lefa | MEN

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Lo que te gusta del cuerpo de un hombre puede llegar a diferir mucho de lo que piensas de forma genera a cuando tienes a uno delante. Cada uno posee algo que te llama poderosamente la atención y, aunque ver su polla colgando termina de ponerte cachondo, sobre todo si la tiene potente, hay ciertas zonas que te ponen la pirula bien tiesa y te excitan hasta límites insospechados.

La envidia sana se apodera de nosotros cuando vemos al jovencito Daniel Dean hacerse dueño de «el cuerpo» de Diego Sans. El chaval se aprovecha y toca todo lo humanamente palpable, intentando decidirse sobre qué es lo que más le gusta del hombre que tiene enfrente. Su barba, sus ojazos, quizá su torso peludo, o esas líneas inguinales perfectas que se cuelan por debajo de los calzones y desaparecen levantando la líbido.

Esa mano juguetona que se cuela por el paquete que apenas deja lugar a la imaginación, conteniendo una polla morcillona. Se detiene ahí dentro un buen rato, gozando del tamaño, la robustez y el calorcito de ese rabo hecho de deseo. Daniel se coloca delante del cuerpo y roza con el dorso de la mano los pelazos negros que protegen la armadura de sus marcados abdominales, una imagen que despierta todos sus sentidos, pura fantasía.

Puro músculo, Diego se quita los calzones y hace el puente, sosteniendo sus muslos y su torso arriba, apoyado con pies y manos sobre el suelo. La tiene bien dura y pone a Daniel a comer rabo. El chaval no debe estar acostumbrado a comérselas así de grandes y eso excita más a Diego, cuando ve que se le empacha la boca simplemente con el cipote dentro.

Diego espera que su culito virgen sea capaz de tragar mucho más. Le coloca en posición de carretilla con los pies en alto en la valla blanca que hay cerca y se pone entre sus piernas lamiéndole la raja del culito. Lo tiene muy peludo y ese agujero negro que se adivina entre sus nalgas tiene muy buena pinta. Escupe dentro, se atreve a meterle un dedo hasta el fondo arrancándole un gemidito, le hace tumbarse en el suelo apoyando la espalda, elevando el culo, se pone un condón tamaño extra grande y le penetra ofreciéndole al chaval las estupendas vistas de su incomparable culazo, sus pelotas y su enorme falo.

En cualquier otra postura, Daniel nunca podría haber visto la penetración completa, pero esta es perfecta para disfrutarla en primera fila. Primeor el cipote, luego la tranca y de postre los huevos bien acoplados a los alrededores del agujero, completamente follado. El incesante bombeo arriba y abajo del estupendo culazo de Diego.

El parquecito que hay cerca con la verja está hecho para los caballitos y los vaqueros que saben montar. ¿Está preparado Daniel para sentarse sobre la montura? Lo intenta, permanece clavado en la polla al sentarse sobre las piernas de Diego. Le tiemblan un poco las piernas. Diego acude en su ayuda y le culea desde abajo iniciando el trote.

Se ha enamorado del cuerpo de ese chaval. Le recuerda un poco al de un jugador de rugby, con pectorales grandes grandes y blanquitos salpicados de pelos en la zona de los pezones, fuertecito y el tren inferior, muslos y piernas, completamente peludos, demasiado para su edad, lo que le hace mucho más atractivo que al resto de chicos de su quinta, por no hablar de esos ojazos azules que muestra menos de lo que a Diego le gustaría.

Le mete una última follada, por detrás y a traición. Diego se infla de placer, saca el rabo, se quita el condón y presiente que por muchas señas que le haga al zagal para agacharse y probar de su leche, no va a llegar, así que se corre allí de pie sin más, lanzando ocho potentes trallazos sobre su espalda, con unos buenos goterones de sudor de semen resbalando por ella y goteando por su culo. Daniel se tumba y se la pela. No tiene un tiro tan largo, pero unos buenos espumarajos de lefa le salen de la polla y le embadurnan los pelos de la barriga. Está contento y el besito final que Diego le regala, le hace estarlo un poco más.

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