A ver, no lo iba a negar, a Joey Mills le encantaba la compañía de su novio cuando amanecían los dos en la cama, haciendo la cucharita, desnudos y empalmados, sentir la energía de su pollaza rozándole los muslos, pero el problema era Mark Lax, el padre que tenía, que estaba jodidamente buenísimo, un tiarrón grandote, atractivo, musculoso y con una pinta de empotrador para fliparlo. Los chicos de instituto se corrían encima al verlo junto a su hijo y Joey no era menos.
Como Joey se pasaba casi todo el día en casa de su novio, se había convertido en uno más de la familia. Al principio Mark se cortaba un poco, pero con el paso de los días se fue desinhibiendo y ya danzaba por la casa en calzones. Además, los tres tenían un punto en común, que les gustaban los rabos, y era habitual ver a Mark con la tablet mirando porno o de madrugada o antes de ir al curro.
A Joey le encantaba pillarle en uno de esos momentos, ver su tienda de campaña alzaba bajo los calzones. Nunca se había atreviso a tentar al padre de su novio, pero ese día estaba super cachondo y no pudo aguantarse más las ganas. Se sentó junto a Mark en el sofá, que estaba estirado, apoyando la espalda sobre el reposabrazos y definitivamente mirando en la tablet algo que le hacía tilín. Estaba tan concentrado que no cayó ni en la cuenta de que Joey empezó a tocarle las piernas, a subir por ellas hasta amasar su paquete y acabar sacándole los boxer, descubriendo su enorme y durísima polla.
La sonrisa de Joey dejó entrever que era tal y como la había imaginado, incluso mejor. Larga, bien dura, gordita y con un cipote descapullado. Se puso cómodo entre las piernas de ese macho y comenzó a endulzarla con su boca. Un beso de tornillo precedió a un buen bocado, sintiendo cómo llegaba hasta el fondo de su paladar. El tamaño perfecto para metérsela enterita hasta los cojones.
Le metió una buena mamada, apretando bien sus labios contra el pene, subiendo y bajando, empapándolo con su saliva, envolviéndolo. Se atrevió a palmearle los huevos con la manita, para ver si estaban bien cargados. En ese momento su novio apareció en el salón. Por suerte sólo iba a echar una meada mañanera la baño y no pudo ver a Joey comiéndosela a su padre gracias a que le respaldo del sofá lo protegía.
En cuanto su novio volvió a la habitación, Joey preguntó a Mark si quería follárselo. No le dijo ni que sí ni que no, simplemente hizo un gesto como que no le importaría. Joey hizo una sentadilla sobre sus piernas, enderezó la polla apuntándola hacia el agujero de su culo y se sentó encima endiñándosela a pelo. El gemido que profirió por la boca al sentir esa polla tan dura y potente deslizándose por sus entrañas, fue glorioso.
Lo cabalgó, masturbó esa pija con ganas. Mark ni siquiera se inmutó, seguía con su tablet, ajeno incluso a los movimientos zigzagueantes de la larguísima polla de Joey que no paraba de dar bandazos rozándole las manos. Consciente de que no había cosa que cabreara más a un tio que distraerle de sus aficiones, Joey pellizcó a Mark en los pezones.
Eso le cabreó y por fin Joey consiguió lo que quería. Mark lo levantó en volandas, posando las manos en el culito de Joey, sosteniendo su cuerpo con sus fornidos brazos. Joey se agarró fuerte a su cuello y se le hizo el ojete chiribitas al ver a ese hombretón tan cachas a punto de reventarle. La cara roja por el esfuerzo, su torso con los músculos en tensión, dándolo todo, impulsando a Joey con sus manos por el culo para que cayera a plomo sobre su durísima polla y se la clavara entera.
Joey no quería que ese tiarrón saliera de su interior. Quería que siguiera dándole caña. Se aferró con las piernas a su espalda. Al tener tan cerca la cara rabiosa de Mark entregándoselo todo, creyó que se estaba enamorando y, confundido en sus sentimientos, lo besó. Estaba buenísimo. Mark se lo llevó al sofá y le hizo el misionero, inclinado sobre él, mirándose de cerca. Joey no podía quitarle ojo, mirándole a la cara, sintiéndose amado, querido, deseado.
Le encantó el momento en que Mark se retiró un poco, apretando los dientes, posando una mano en su cuello e impulsando su culazo de macho para penetrarle a fondo. Qué fuerza, cómo le estaba rompiendo el culo. Cuanto más se lo follaba, más destacaba la musculatura de esa fiera en su cuerpo sudado, completamente salido, enfocado en meter y nada más que meter.
Si ya hacía eso cara a cara, no quería ni pensar en lo que sería capaz de hacer si le daba la espalda y le dejaba manga ancha. Tras darle un respiro comiéndole la polla, Joey le puso su culete respingón, redondito y blanco, con apariencia virginal, a su disposición. Que su culito tuviera esa apriencia sólo le traía cosas buenas como aquella, que un tiarrón de esa índole le trincara por detrás con una fuerza desmedida y muchas ganas.
Por qué, por qué tuvo que inclinarse Mark sobre su cuerpo, por qué le hizo sentir el calor de su hombría, del torso sudado y potente sobre la espalda, el roce de las tetillas de sus pezones, los gemidos susurrándole en la oreja. Por su culpa a Joey se le salió la leche sola y se corrió en el sofá como un puto principiante, desperdigando sus semen por el asiento.
Todavía recomponiéndose de la corrida, Joey se tumbó bocarriba dejando caer la cabeza hacia atrás, entre los muslos de Mark, que empezó a pelársela duro apuntando hacia su cara. Joey abrió la boca justo a tiempo para recibir un goterón bien lefero que le abrió el apetito. Con las piernas temblando, Mark no supo dirigir el resto del tráfico que salía por su verga, dirigiéndola en todas las direcciones pero no muy lejos de la carita dulce de Joey.
Con la respiración agitada, Mark se sentó junto al chaval y le miró la cara, con su semen encima. Joey lo supo, no podría resitirse, ningún hombre podía resistirse a eso cuando observabas de cerca tu obra magna. Mark se inclinó y metió un morreo a Joey probando de su propia leche, jugando con ella entre su boca y la del chaval. Se relamió hasta los dedos. Cosas de chicos que quedaban entre chicos. Ahora Joey ya tenía a otro tio que lo follara y lo alimentara. Lo complicado iba a ser alternar entre ellos sin que su novio se diera cuenta.









