El brasileño Carlos Leao empotra sin condón el culazo tragón del pelirrojo italiano Dshock con su enorme rabo de veinticuatro centímetros | Fucker Mate

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Cuerpo blanquito, calzones abiertos por el culo, cabellos pelirrojos. Cuerpo moreno y fornido, un pedazo paquete voluminoso en la delantera de los gayumbos y pelo con tinte platino, casi blanco. Explosión de colores. Dshock se lanzó a los brazos de Carlos Leao. No veía el momento en que ese macho brasileño se hiciera dueño de él. Mano sobando nalgas, mano colándose por la raja del culo y alimentando el ojete con la yema de los dedos, roce de paquetes.

Apretando la cabellera roja, Carlos impulsó hacia abajo la cabeza del chaval para que se agachara a comérsela. Dshock lo hizo con gusto, tiró hacia abajo de la goma de los calzones y a su encuentro salió colgando y rebotando una larga y gorda cachiporra de chocolate que enseguida se metió en la boca. Tenía tanta hambre que no contó con que el roce de sus labios la haría crecer y ponerse dura, por lo que tiró hasta el fondo y se llevó unas cuantas arcadas.

Segundos antes era una polla enorme pero asequible, ahora era un pedazo trabuco ingobernable, descomunal, brillante con sus babas encima y gigantesco. Carlos tomó asiento en el sofá. Con una mano se agarró la polla y con la otra agarró los pelos de ese mamonazo, orquestando la comida de rabo a su antojo. Dshock se sentía en el paraíso, encantado con estar entre las piernas de un tiarrón con una minga así de grande.

Disfrutó lengüeteando el cipote, acoplando sus labios mojados al glande, metiéndosela dentro de la boca y sintiendo cómo le follaba la garganta, pajeando con la mano la parte de rabo que escapaba a su boca. La soltó, ladeó la cabeza y le comió los huevazos estirando su escroto hacia afuera mientras Carlos le daba una paliza en la mejilla con la durísima polla.

Se aferró al sofá abriendo piernas y dejando el culete en pompa para que ese macho se lo trabajara. Pudo sentir el calor que desprendía le cuerpazo musculado de Carlos por todos sus poros, también sintió su miembro enorme rozándose contra sus piernas. Se puso tan cachondo que el ojete le dilató al instante y Carlos aprovechó para metérsela sin condón y crujirle a pollazos.

Le había entregado tanta saliva que entraba de puta madre por el agujero. La mejor parte de estar entregando su virginidad en esa postura fue sentir que Carlos le cacheaba los alrededores del ojete con sus enormes cojones. Pudo sentirlos calientes, cargados de leche, rugosos, acoplándose a la entrada de su esfínter. Carlos volvió a tomar asiento y miró fijamente a Dshock con esa mirada de empotrador salvaje mientras el chaval se acercaba para montar sobre su enorme verga latina.

Dshock se fijó en el rabo sin comprender muy bien cómo algo así de grande podía entrar dentro de un agujero tan estrecho. Bien pinchado en la gigantesca y gordísima polla, Carlos le cogió por las caderas y lo impulsó hacia arriba para que se empalase bien su ametralladora. Veinticuatro centímetros de gruesa polla entrando y saliendo una y otra vez de su caliente agujero.

A veces a posta, Dshock saltaba de más y dejaba salir la polla por su recto sólo para tocarla con sus manos, sentir su textura, su tamaño y su calor y volver a ponerla a resguardo en el interior de su ano. Carlos le cogió por los muslos con la fuerza que le caracterizaba, se puso en pie y le empaló en volandas, impulsándole con fuerza hacia arriba, haciéndole tragar polla cuando bajaba.

Fue entonces cuando se fijó en el tamaño del pito del pelirrojo que no dejaba de dar bandazos entre sus cuerpos rebotando de un torso al otro. El cabrón también iba bien armado. Le hizo montar otra vez sobre sus piernas, ahora de espaldas, para no ver esa picha y tener pensamientos obscenos más allá de los que ya tenía. Qué bien encajaba su rabo dentro del culo, perfecto. El contraste entre el cuerpo blanco de Dshock y la polla enorme y destacada de color chocolate hacían el tándem perfecto.

Al final Carlos no pudo contenerse, necesitaba ver esa polla blanca otra vez, así que le dio la vuelta y se la pajeó mientras se lo seguía follando. Dshock se arrodilló en el reposabrazos del sofá. Rodillas separadas, sus pies justos, apresados entre los grandes muslos de Carlos. El tiarrón le empotró arrasando con toda su grandísima polla, el soniquete del plas plas de los huevos fustigándole el ojete.

Le estaba trabajando un agujero bestial que de tanto roce, de tanto meter y sacar, se estaba convirtiendo en un bonito rosetón de color en carne viva. Carlos comenzó metiéndosela de pie y luego subió sus pies al reposabrazos, apoyando el pecho en su espalda y cubriéndole por completo. Dshock se tumbó en el sofá. Antes de acabar quería ver a ese machote a plena potencia, recrearse con su musculoso cuerpazo moreno bañado en sudor.

Se hizo una paja mirándole. Por un momento cerró los ojos al sentir que el gusto le invadía todo el cuerpo y los abrió para ver cómo se su polla manaba semen como una fuente, lanzando chorros sin parar. Carlos se la metía y su polla expulsaba lefa, otra empotrada y otro chorrazo. Carlos salió de su culo y se puso de pie pelándosela encima de su cara.

Se corrió sin control, soltando perdigonazos por todas partes que cayeron por la jeta de Dshock y le bañaron esa cabellera pelirroja de blanco como copos de nieve. Cuando parecía que el agua nieve había acabado, llegó la lluvia y una segunda ronda de leche empezó a salir de la polla de Carlos, virutas blancas haciendo piruetas en el viento al salir de su picha, más cargadas, espesas, depositándose en la cara y dentro de la boca del chaval. Mojado y ciego de un ojo acabó el mamón.

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