Connor Peters da de comer de su enorme rabo a Reece Anderson y se lo folla a pelo | Bentley Race

Después del partido de los domingos a primera hora de la mañana, a Connor Peters y Reece Anderson les gusta quedar en el rellano de las escaleras. Mientras el resto de chicos se han ido a las duchas del estadio, ellos han puesto como excusa que iban a correr por la ciudad. Lo cierto es que les gusta hacer cosas con los cuerpos sudaditos y a tope después de hacer deporte.

Demasiado jovencitos como para entrar en casa de uno o de otro, donde todavía viven con sus padres, sin muchas pelas para quedar en un hotel, sus únicos refugios son zonas en las que apenas pase nadie, aunque corran el riesgo. Reece tiene antojo de rabo y sabe que lo que Connor se gasta entre las piernas es capaz de satisfacer a cualquier hombre.

El momento en que se apoya contra la pared de las escaleras, se sube la camiseta y él le baja los calzones, le vuelve loco. Le gusta todo de ese pollón gigantesco, desde la larga vena que lo recorre por la parte de arriba, lo gordo que es, hasta ese deslumbrante cipote con una larga raja para escupir leche.

Hoy están especialmente cachondos. Reece pide a Connor que se la guarde como pueda, a ver si con suerte convence a su padre de que es un amigo con le que va a estudiar para el exámen del lunes. Ya en la habitación echa le pestillo para que nadie moleste, se desnudan y dan rienda suelta a sus pasiones. Se quedan un rato besándose, arrodillados en la cama, restregándose los rabos.

Connor se tumba boca abajo, elevando un poco el culete y pasando la polla por debajo. Reece piensa que no puede haber una vista más alucinante. Se agacha para rechupetearle el rabaco, los huevos y la raja. El chaval se ha ganado un buen culo donde meterla, así que Reece se pone a cuatro patas y deja que Connor se las apañe por ahí detrás clavándosela sin condón.

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