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Gianni Maggio se folla sin condón el culazo de Santiago Rodriguez con su gigantesca polla y se corre encima de su cuerpazo | Fucker Mate

Getting Caught

Nunca sabría si le había contratado por sus habilidades o por lo que había visto en Gindr. Santiago Rodriguez nunca se había visto en una de estas, a punto de firmar un contrato, con su flamante jefe Gianni Maggio delante de él, simulando que no había pasado nada cuando unas horas antes la noche anterior los dos se habían visto desnudos y se habían mandado por mensaje privado lo más grande.

Fue por eso que en cuanto firmaron, se levantaron y se dieron la mano, se desató la pasión. Lo primero que hizo Santi fue agacharse y bajar los pantalones de su jefe. Necesitaba saber si eso que tenía ahí entre las piernas colgando era de verdad o había hecho un fotomontaje. Era de verdad y nunca había visto una polla tan grande. Qué hijo puta, si la tenía como la de un caballo.

Con dos cojones, Santi se la agarró por la base y empezó a llenarse la boca de rabo. Apenas le cabía un tercio del nabo de lo gigantón que era, pero chupaba y chupaba dejando resbalar ese cipote grueso y caliente por su lengua, succionando y llenándose los carrillos de polla, dejándose azotar por ese miembro enorme que Gianni meneó de lado a lado para darle unos buenos hostiazos y que sintiese su envergadura.

Si bien Gianni era el mejor dotado de los dos, no era el único que estaba bien dotado. En realidad apenas se llevaban tres centímetros, aunque la de Gianni parecía infinitamente más grande por su grosor. Él también se agachó para descubrir lo que había visto la noche anterior. Tiró con fuerza hacia abajo de los vaqueros de ese guaperas y le descubrió todo el tronquito. Ese chaval le había enamorado desde el primer momento con su carita guapa, pero terminó de seducirle con su gran rabo. Una pieza única, bien grande, larga y encapuchada que le volvía loco.

Le agarró la polla, escupió encima y se la metió dentro de la boca hasta el fondo, hasta atragantarse con su pirula. Era tan diferente cómo la mamaba uno y cómo la mamaba otro. A Gianni que era un tiarrón grande como un armario emotrado, parecía como si no le costase lo más mínimo. De hecho cuando ponía la manaza encima del rabo lo hacía empequeñecer y eso que era grande. Cuando Santi se la metía en la boca parecía que se la estuviera comiendo a un elefante, imposibilitado de tragar algo tan enorme.

Gianni sintió que sus huevos crecían y se llenaban de leche. Las vistas que tenía desde arriba no las habría cambiado por nada del mundo. Un tio guapo mamándole la verga, ya con la camisa desabrochada pero todavía puesta, la corbata colgando igual que el rabo del chaval que se meneaba durito por ahí abajo al fondo. La mano apretando, masturbándosela fuerte, sus labios rebozándose por su cipote y su cacho pirulón, esos morritos guapos llenos de babas.

Qué guapo era el cabrón y qué bueno que estaba, se lo iba a zumbar como nunca se había zumbado a un hombre. Antes le enseñó a tragar un poquito más. Le dio unas palmaditas en la cara ordenándole que soltara la polla y abriera la boca y culeó metiéndole un trozo más de polla hasta que le sacó una arcada. Se chuparon los rabos por turnos, pero Santi era el que más tiempo pasaba de rodillas.

Chupa huevo“, le dijo Gianni desde arriba con voz de macho al que se le ha subido toda la sangre a la cabeza, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera sexo. Y Santi le comió toda la huevera, Gianni dejó caer su enorme rabo encima de su cara, viendo lo bien que quedaba encima de una jeta así de guapa y se puso tan perraco que meneó las caderas y volvió a fostiarle a pollazos, de los que dolían.

Qué buen contrato acababa de firmar. Puso al chaval de espaldas a él, apoyado en la silla con un pie en el asiento para que abriera el culito. Lo tenía del mismo tono morenito que todo su cuerpo, suave, sin un solo pelo, con esa caidita de rabo y cojones entre las piernas que ponían la guinda al pastel. Así tan suave parecía tan virginal como su primer día. Gianni se lo escupió varias veces acertando en el ojete y distribuyendo la saliva con los dedos por los alrededores a la vez que se encargaba de abrirle poco a poco el agujerito.

Se levantó y le ayudó a abrirlo rozándole la nalga y el orificio con su gigantesta polla. Era su técnica secreta e infalible. Tener un rabo así de grande y gordo acariciándote la entrepierna hacía que cualquier tio se abriera de par en par. Otra cosa es que un pollón de veinticuatro de largo y siete de ancho pudiera entrar por tu puerta, pero expandirse vaya que si se expandía el ojal.

Y a Santi le entró toda, a pelete. No se quejó, era grande pero no le hacía tanto daño como creyó que le haría, porque estaba dura pero no tanto como para joderle por dentro como si le hubieran metido una estaca por el culo. Cerró los ojos y se concentró en sentirla dentro, grandiosa, perforando su ano y encontrando sensaciones de placer que estaba descubriendo en ese momento, pues ningún tio se la había metido tan larga como para tocarle ciertos puntos antes desconocidos para él.

Tan respetuoso y amable mientras le hacía firmar el contrato de trabajo y tan cerdo follándole, metiéndosela hasta las trancas, gritándole desde atrás que abriera el culo con ese vozarrón de macho. A Santi no le quedaba otra que ser su putita fiel, encorvar la espalda, pegar el pecho a la mesa y abrirse de piernas para que su nuevo jefe pasara dentro con su gran jefazo.

La de días que pasarían después en la oficina dándole al sexo, comiditas de polla por debajo de la mesa, fines de semana en los que le haría currar a posta hasta tarde cuando sólo quedaran ellos dos nada más para follárselo. Santi miró hacia atrás. Gianni se había desnudado del todo y sólo llevaba la corbata puesta. Estab tan sexy, con ese cuerpazo en plena acción.

Imaginando cómo serían las mañanas de mamadas bajo la mesa, Santi sentó a Gianni en el sofá y le comió de nuevo la polla. Una cara bonita, una buena boca, su pirula gorda resbalando por encima de ella, rozando su nariz, sus labios, el cuerpo fibradito y musculoso de Santi desnudo ante él, chupándole el nardo, dejándole todas las babas encima. Gianni comprendió que ese tio le iba a dejar los huevos secos.

Le puso en pie, él también se levantó y acercaron los sables para jugar a un juego de caballeros. Efectivamente de longitud eran parecidas e iban sobrados, era la envergadura de uno y de otro lo que marcaba la diferencia y lo que hacía parecer a la de Gianni como la de un caballo de grande. Gianni sentó a Santi en el sofá, le ensalivó la polla y la juntó con la suya para masturbarlas juntitas.

Qué duras, qué grandes y lustrosas. Qué bien resbalaban una encima de la otra. Se miraron fijamente sintiendo el gustito de la paja, el calor que despedían sus pollas calientes, el tacto de sus pares de cojones rebozándose como amigos. Santi se dio la vuelta arrodillado en el sofá mirando hacia el respaldo, se agarró las nalgas con las manos para abrirse la raja dle culo y sedujo a Gianni con el agujerito que él mismo le había dejado abierto hacía un rato.

Al verlo, Gianni acudió con toda la polla dura y se la encajó a fondo. Entraba super ajustada y lo que más le jodía eran esos escasos cinco centímetros que no terminaban de entrar dentro del agujero. Se empeñó en hacerlos entrar buscando la postura idónea, subiendo una pierna al asiento juntándola con la de Santi para darse impulso, escupiendo encima para darle lubricante, pero no había forma. La tenía demasiado grande y era como tratar de llenar un depósito que había llegado al máximo de su capacidad.

Se lo sentó encima, con las nalgas apoyadas en sus muslos, en volandas, cogiéndole por las piernas y abriéndole de par en par, encargándose él mismo de pasar una mano por delante, agarrarle la polla y hacerle una pajilla a ver si así se ponía tierno y cedía el agujero, pero tampoco. Santi se inclinó hacia adelante y le cabalgó el miembro saltando encima. Qué bien le colgaba la polla dura, brincando arriba y abajo, alegrando la vista.

Demasiado buenorro, demasiado guapo para contener la leche, Gianni quería llenarle ese cuerpo con todo su caldo. Le hizo sentarse en el sofá, se pajeó delante de él y en el momento en que sintió que le iba a salir la corrida, le agarró por el cogote apartándole la carita y soltó su esperma como lluvia caliente encima de su cuerpazo, con la leche cayendo sobre sus pectorales duritos, sobre sus abdominales, dejándole más guapo de lo que ya era.

Luego le ayudó a separarse la corbata del cuerpo, que se había quedado bien pringada, y le invitó a cascársela y correrse uniendo su leche a la suya. Santi se hizo un pajote y se cubrió el esternón con un chorrazo de lechecita. Antes de eso, otro chorrazo largo le dejó la gomina en el pelo y la carita con una cicatriz blanca. Gianni recogió un poco con los dedos y se lo llevó a la boca para probarlo. Le gustó tanto que recipitó cogiendo un poco de lo que se había dejado en su frente.

Con la polla de semental colgando, que ni flácida escondía su enorme tamaño y grosor, le dijo a Santi que se vistiera para verse luego en el curro. Santi se levantó y se quedó mirando cómo su jefe se iba por la puerta, con esa chorra gigante meneándose cuando andaba y lanzó una sonrisa de malote, todavía con su leche y la de otro macho encima.

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