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Fabio Stallion se folla los culazos de Nathan Luna y Joaquin Santana sin condón y se corre encima de sus caras | Fucker Mate

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A su edad, los chavales se iban de fin de curso de instituto a recorrer el mundo a ver monumentos. Nathan Luna y Joaquin Santana también, pero otro tipo de monumentos que les gustaban mucho más. Mientras que el resto de sus compañeros se hacían una visita al Louvre, ellos se escaparon para conocer a un chulazo francés con el que habían quedado. Fue ver a Fabio Stallion en la pantalla del móvil y los dos se miraron a la vez sonriendo, convencidos de que les gustaba demasiado.

En persona era incluso más guapo, atractivo y encantador. Les invitó a pasar a su casa y a ponerse cómodos. Y en cuanto a cómodos quería decir quedarse casi en bolas. Menudo gañán estaba hecho. Joaquin y Nathan nunca habían cruzado la línea. Compartían gustos similares por los tios y alguna que otra paja había caído, cada uno con su mango en la mano. Fabio consiguió lo que ellos nunca habían hecho por respecto a su amistad. Estaban besándose los tres cuando el francés les cogió de los cuellos y les unió las bocas para que se pegaran un buen morreo.

Les gustó y mucho más compartirlo con ese chulazo al que acababan de conocer, que estaba buenísimo. Nerviosos y excitados, con sus calzoncillos blancos de slip ajustados, no dejaban de mirar hacia abajo, hacia ese bulto que remarcaba una buena polla empalmada bajo la tela negra de los gayumbos de Fabio. A Nathan le apretaba ya el rabo en la huevera. Se la sacó por fuera. La tenía morcillona y bien larga. Joaquin se atrevió a tirar hacia abajo de la goma de los gayumbos de Fabio y le sacó todo ese mástil erecto, largo, gordísimo y gigantón. Se la cogió, dándose cuenta de que era tan gruesa que apenas podía abarcarla con la manita.

Los dos se excitaron al ver su enorme miembro. Fueron bajando por su cuerpo, besándolo, hasta acabar de rodillas con un buen rabo frente a sus caras. Mientras su compañeros de clase estarían admirando a la Mona Lisa, ellos estaban adorando un buen pollón. El aroma de la ciudad del amor. Olisquearon como perros esa polla gigantesca y juntaron sus labios con el rabaco entre medias, dejando que Fabio se los follase haciéndose un buen pajote.

Nathan se empalmó enseguida y al levantarse su compi aprovechó para pegarse un festín mamando las dos porras. No se llevaban mucha diferencia, pero la de Fabio era jodidamente gorda. Nathan le pidió el turno e hizo lo mismo. Les juntó los cipotes, apreciando cómo entrechocaban y se blandían los capullos rosáceos, cómo las rajitas húmedas se desplazaban una por encima de la otra, soltando el precum, humedeciendo la cabecita de la polla contraria.

A Fabio le encantaba recibir ese tipo de visitas, que llegaran chavalitos de otras tierras lejanas para vivir una fantasía. Cuando tuvo a los dos encima de su cama a cuatro patas, entregándoles sus culitos tiernos, redonditos y suaves, el rabo se le puso como el de un toro. Cató con la lengua y los morros esos agujeritos tan apretados. Su polla era tan grande y tan gorda que lo iban a flipar.

Se puso de rodillas delante de ellos para que le mamaran un poco más la polla. La tenía ya robusta como un roble, surcada de venas, un poderoso falo follador sobre el que Nathan y Joaquin depositaron todas sus babas, porque lo amaban con deseo y locura, porque así no haría falta condones que interrumpieran la acción cuando ese macho pasara del agujero de un culo a otro sin contemplaciones. Querían una follada salvaje.

Fabio se puso detrás de ellos. Nathan y Joaquin se prepararon bien para recibir lo suyo, dilatando los ojetes, mirándose el uno al otro con lujuria y expectación, separando un poquito las piernas mientras el francés ya se estaba escupiendo en la mano llevándola hacia su miembro para embadurnarlo con lubricante de su saliva. Nathan fue el primero en sentir la fuerza de ese nardo. Fabio entró con todo. Le rellenó el culo de polla penetrándolo hasta el fondo, hasta que sólo quedaron sus cojones a la vista.

Se lo folló apenas unos segundos y cuando Nathan se estaba acostumbrando ya al diámetro de ese pollón, Fabio salió de su cuerpo y se introdujo en el de Joaquin con la misma fuerza. Por sus acciones notaron que estaba salido y cachondo y que le molaban sus culazos. Pegaba dos toques y salía de un hueco para meterse en otro, como un glotón visioso al que le pones varios postres que le gustan delante de sus ojos.

Como amante, Fabio era de diez. Se subió a la cama con ellos y por turnos les fue empalando la figa, protegiéndoles las nalgas entre sus poderosos muslos y arreándoles una buena mandinga de pollazos. Ellos, además de disfrutarlo, no paraban quietos. Cuando no tenían rabo dentro, se dedicaban a mirar cómo esa enorme polla penetraba el culo del compañero y el otro a su vez aprovechaba para llevar la manita al ojete que acababa de dejar abierto Fabio hacía un rato, apreciando el enorme agujero con la yema de sus dedos.

Nathan miró hacia atrás justo en el momento en que Fabio estaba a punto de penetrar de nuevo en Joaquin. Le encantó lo que vio. Esa machote atractivo con barbita, un cuerpazo fibradito y ese pollón bien grande y tieso. Pensó si podría con los culos de todo un autobús de estudiantes de instituto y por un momento fantaseó con todos sus compañeros entregando su culo a ese follador nato, todos gimiendo, abiertos de piernas para él.

Esa fantasía hizo a Nathan volverse loco de deseo. Dio un toque a su colega y los dos se quedaron bocarrica abiertos de piernas. Así mucho mejor, pudiendo ver a ese hombre entregándose a ellos en cuerpo y alma, su cara guapa de empotrador, sus abdominales marcados, el flequillo de su pelo revolviéndose en su frente llena de sudor a cada pollazo que metía.

Cada vez que Fabio salía del culo de Nathan, este no se lo creía y se llevaba la mano a la raja, incapaz de comprender cómo ese tio podía haber metido algo tan grande dentro de su apretado culito. El chico más curioso de su clase, disfrutaba aprendiendo de las costumbres de los ciudadanos de los lugares a los que iba y no iba a salir de esa habitación sin que ese empotrador le enseñara cómo meter una buena batida.

Mientras se estaba follando a Joaquin, se puso de pie mirando a un lado de la cama. Entonces Fabio le enganchó el rabo cogiéndoselo con la mano, ejerciendo de mamporrero y no lo soltó hasta que la hubo metido en el agujero de su colega. El beso de antes había sido un nuevo paso en su amistad, pero eso ya rebasaba todo lo que había imaginado. Se la estaba metiendo por el culo y sin condón a su amigo y le estaba gustando mucho.

Lo hizo igual de bien que Fabio, hasta que el francés llegó por detrás y le metió su robusta polla. Toma trenecito, por si el baúl de fantasías todavía no se había llenado lo suficiente. Iba a llegar a casa más sabio y más experimentado. El sandwich fue brutal y Nathan sintió unos deseos irresistibles de correrse en ese momento, incapaz de salir del cuerpo de su colega, incapaz de zafarse del pollón de Fabio le que lo estaba fulminando por detrás.

Cuando pudo hacerlo, se puso encima de Joaquin y le dejaron a ese machote los dos agujeros a tiro bien juntitos, para que la fuera metiendo sin control en uno y en otro sin perder ni un segundo, sólo tenía que elevar o doblar un poco las rodillas y la podía meter en el agujero que más le apateciera. Lo mismo hicieron al cabalgarle, dándose la espalda el uno al otro, poniendo los dos culos cerca de su polla, los dos turnándose para pajearle el pollón con sus traseros.

Volvieron a ponerse bocarriba para dejarse follar a pelo. Nathan se dejó llevar y se metió una buena corrida encima. Fabio recogió su esperma con unos cuantos dedos y lo llevó a la boca de Joaquin que se los rechupeteó con deseo antes de ponerse de rodillas en la cama pajeándose encima de sus caritas. Un primer chorrazo largo mojó el cuerpo de Nathan, otro pegote espeso de lefa dejó ciego a Joaquin de un ojo. El esperma caía entre sus caras, sobre sus narices, en sus bocas, llenándoles de placer y deseo. Se besaron con la leche en los morros y esa polla corrida resbalando encima de sus caras. Joaquin acababa de correrse.

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@ fotos por Oscar Mishima

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