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Jhon Whitex empotra a pelo el culazo tragón de Aron Levie contra un árbol con su enorme pollón malagueño de 21 cm | Fucker Mate

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La playa siempre había sido el lugar perfecto para conocer gente. ¿Cuántos amores y amistades habían nacido de las olas? Amor y sexo. Las olas también traían hasta la orilla condones extralargos que a uno le hacían imaginar las pedazo pollas que podían haber albergado dentro, satisfaciendo un buen culazo. A Jhon Whitex y Aron Levie la cama se les quedaba pequeña. Necesitaban el mundo para follar.

El malaguita y el colombiano habían hecho buenas migas. Todavía no sabían cuántas cosas tenían en común, pero sí sabían que se gustaban y que tenían ganas de conocerse. Se internaron en el bosque para hacerlo, rodeados de naturaleza, junto a un árbol. Allí Jhon descubrió lo mucho que le gustaba sobarle el culo a Aron, y este no pudo evitar llevar la mano al frontal de las bermudas de Jhon, donde ya se estaba formando una buena tienda de campaña, para comprobar que ese tio la tenía enorme.

Menuda chistorra salió colgando al bajarle las bermudas, larguísima, gordita y encapuchada, algo durita ya apuntando alto. Menudo pirulón se gastaba el malagueño. Veintiún centímetros de rabo que enseguida se pusieron firmes y que Aron no se puso resistir a meterse dentro de la boca. Al descubrir de lo que era capaz, Jhon le folló la boquita penetrándosela con toda la polla entera, hasta palmearle la barbilla una y otra vez con los huevos.

Joder, cómo boqueaba el cabrón cada vez que se la calzaba en la boca y la forma en que se la tragaba como si no le costase, metiéndose toda esa fusta hasta el fondo. Vaya que si tenía hambre. El rabo de Jhon solía despertar pasiones pero nunca un tio se la había dejado completamente sudada con babas hasta las bolas en tan poco tiempo.

El colombiano se había bajado la parte de atrás de las bermudas. Cada vez que se comía la polla hasta las trancas, podía verle el culete en pompa y sólo podía pensar cómo sería metérsela si se le daba tan bien tragar por el pandero como por la boca. Iba a ser toda una delicia poder empotrarlo en plena naturaleza. Le golpeó con la polla en los morros y en la nariz. Sonó un buen palmeo que les puso a los dos bien cachondos.

Lo que Jhon tenía entre las piernas ya había crecido a tope. La pollaza que se alzaba firme, larga y gruesa tenía un tamaño descomunal. Empoderó las caderas hacia el frente a sabiendas de lo que tenía ahí abajo. Un gran pene para darles de comer a todos y para romper culos. Aron le dio la espalda y se apoyó contra el tronco del árbol, mirando hacia atrás y elevando una pierna para regalarle su culito. Jhon se la metió por detrás sin condón.

Lo que esperaba. Ese tio estaba abierto para él de par en par. Era un tragoncete y ese culazo tenía un vicio tremendo. Cuando lo normal era meterla poquito a poco para que cualquier chico se acostumbrase a su envergadura de rabo, con Aron fue diferente. Nada más meterla se dio cuenta de lo que tragaba y cómo tragaba por el ojete y empezó a zumbárselo desde el primer segundo.

Placa, placa. El soniquete de los muslos, las caderas y los huevos chocando contra el pandero no cesaba y se unía la de los pajaritos que revoloteaban contentos. Joder con el malagueño. Vaya que si sabía cómo follarse a un hombre. Aron nunca había tenido a un tio tan ardiente dentro de él. En la playita le había seducido con su acento, luego con su larguísima polla y ahora con su buen hacer. Aron acabó de brucen en la hojarasca, bocabajo, con las piernas abiertas y ese hombre dentro de su cuerpo que no paraba de zumbarle.

Jhon se sentó apoyando la espalda en el árbol del amor y Aron también lo hizo sobre sus piernas, introduciéndose la polla por el culo toda a pelo. Se la pajeó enterita con el trasero. El vicio llamó a la puerta de Jhon, que por primera vez desde ese encuentro, se arrodilló para chuparle la verga al colombiano. Se fueron turnando para darse gusto a las mancuernas.

La lefa de Jhon le salió del trabuco disparada casi sin avisar. Fue de repente. Un buen chorrazo dirigido con potencia hacia el pelo del chaval seguido de un buen caldo con el que le bañó los morros en semen. Con toda la lefa en la boca, mamando ese descomunal pollón ahora corrido, Aron se agarró la pija y se la masturbó a plena potencia mojándose el puño de leche. Mientras lo hacía, Jhon bajó a saborear sus morritos, cubiertos de su propio esperma.

Al levantarse para vestirse con la poca ropa que tenían, Aron se fijó en el pene del malaguita, en la forma en la que le colagaba al muy cabrón. Lo tenía algo rojizo, todavía larguísimo y venoso. Le colgaba una barbaridad y se mecía entre sus piernas firme y recto. Le encantaba. Pensar que lo había tenido entero dentro de su boca y de su culo le hizo sentirse satisfecho. Jhon se acercó para besarle antes de ir de nuevo a la playa y sin querer queriendo, le rozó con el rabo en la pierna. Estaba caliente y todavía duro. Quizá más tarde, ocultos entre las olas, podrían tontear de nuevo.

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@ fotos por Oscar Mishima

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