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Fran Gitano y Dan Gut hacen un trío con el repartidor Talex Madriz y se lo follan a pelo en la habitación | Latin Leche

Room Service: Did You Order a Big Dick With a Side of Cum?

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Una de las cosas que más le gustaba a Fran Gitano de Dan Gut es que era un puto sobón de la hostia. Siempre estaba buscándole, con las manos tocando alguna parte de su cuerpo, necesitado de contacto físico para demostrar el cariño que sentía por la otra persona. Y al final acababa siempre de la misma forma, los dos juntos morreándose, deseando ir más allá.

Estando rodeados de gente aquello se hacía complicado, siempre calientes y con la tienda de campaña montada. Por eso decidieron irse a un motel. No tenían muchas pelas para hacerlo, pero se buscaron una habitación a las afueras de la ciudad, un lugar entre edificios altos pero a la vez integrado en plena naturaleza, tanto que las raíces de las plantas se instalaban por todas las paredes, como si estuvieran viviendo un episodio de The Last Of Us.

Comenzaron su domingo pidiendo sushi a domicilio y mientras llegaba siguieron dándose mimos, quitándose las toallas que llevaban anudadas a la cintura después de una ducha. Los dos la tenían morcillona después de tanto beso. A Fran le molaba el pirulón de Dan, porque lo tenía largo y gordito y por la forma en la que caía entre sus piernas como una banana. Dan podía decir lo mismo del rabaco de Fran, bien dotado con un generoso pollón bien grueso, con el cipote recubierto de pellejo.

Necesitaron apenas unos segundos tocándose los rabos para que a los dos se les pusieran bien duras. Las pollas cuadruplicaron su tamaño y la de Dan especialmente, que le había crecido a lo largo y a lo ancho dejando como siempre alucinado a Fran, que le dedicó una sonrisa como diciendo «pedazo de polla, cabrón«. Por si acaso, Dan se la cogió con la mano y se la zarandeó entre las piernas, alardeando de tamaño.

Se besaron, se pajearon mutuamente e intercambiaron mamadas, paseando con gusto los labios húmedos por sus pollas grandes y mojadas, dejándolos completamente tiesos.

El repartidor siempre llegando en el mejor momento, cuando los dos estaban retozando en la cama, cuando un tio tenía que ir a abrir la puerta tirando de imaginación o de experiencia para ocultar lo dura que la tenía. Dan se ofreció a hacerlo. De nada le hubiera servido ponerse calzones o pantalones holgados. Aquello no se podía esconder de ninguna manera, así que salió a recibir a Talex Madriz en bolas.

Sí que intentó esconderse tras la puerta asomando la cabeza, poco de poco le sirvió, porque no llevaba el dinero encima y tuvo que volver a por él a sus pantalones, dejando la purta abierta, al chaval esperando y mirando cómo un tio en pelotas se paseaba delante de sus narices. A ver, no es algo que sorprendiera a Talex tras esos años de oficio, pero cuando veía a un tio buenorro, se le iban los ojos.

Dan regresó sin el dinero. Menuda situación, no lo encontraba. Invitó al chaval a pasar dentro mientras lo buscaba. Era mono. Si le iba el rollo, además de sushi esa mañana podrían comerse a un pibe. Nada mejo que dejar a ese chico en la leonera en que se había convertido la habitación para que decidiera si quería quedarse con ellos. Dan encontró por fin la cartera, le dio los billetes y algo de propina, por las molestias.

Al girarse hacia él se fijó en el bigote encima de sus morritos. Era guapo. Le propuso quedarse a desayunar y buscó la mirada de Fran, al que no le importaba en absoluto que se ese chaval se quedara con ellos. A ver, desayunar, lo que se dice desayunar, Dan le plantó un beso en la boca y enseguida se fundieron. Qué labios tan ricos. Fran empezó a tocarse en la cama viendo a su novio y al otro tio dándose el lote. Le puso cachondo.

Se llevaron al chaval a la cama y comenzaron a desnudarlo para quedarse los tres en igualdad de condiciones. Aunque siempre había curiosidad por ver la polla de otro tio, ellos ya iban armados y lo que buscaban era un culito. Talex lo tenía y qué bonito. Cada uno desde un lado lo abrazaron y le plantaron las manos en las nalgas, estrujándolas con fuerza, deseándolas.

Nada más hincarle la lengua dentro del ojete, Talex se entregó por completo. Fran se tumbó en la cama, el chico se inclinó hacia su entrepierna y empezó a chupársela. Menuda boquita tenía el colega. Este más que de repartidor de comida podía dedicarse a comer pollas, porque madre mía, qué bien lo hacía y cómo tragaba, deslizando sus suaves labios por encima del tronco, hasta las pelotas, para luego sacarla de su boca totalmente empapada. Y vuelta a la succión, dándole lengua al asunto.

Dan se colocó al lado de Fran en la cama y dejaron que el chico lidiara con los dos mientras ellos se besaban y disfrutaban de ese nuevo camino que habían abierto. A los dos les excitaba, así que por qué no continuar. Talex atacó en ese momento el pirulón de Dan, profiriendo un sonido gutural tremendo, señal de que se la había colado hasta el fondo de la garganta.

El repartidor fue pasando de una polla a otra, cada vez más grandes, más duras y más preparadas. Cuando los dos lo vieron conveniente, hicieron subir a Talex a la cama con ellos, uno por delante y el otro por detrás, Dan le dio de comer rabo mientras Fran se lo follaba primero. Si no había pelas ni pa pagar el sushi, cuanto menos para comprar condones en la farmacia. Fran esperó que el chaval lo comprendiera. Le plantó el cipote en el ojete y, como no se opuso, lo penetró a pelo.

Fran se flipó con ese culito. No dejaba de mirar cómo entraba su rabo dentro una y otra vez. Era hipnótico. Dan se acercó a ver qué era lo que tan concentrado tenía a su chico y enseguida lo vio. Las nalgas del chaval eran pura delicia. Se las palmeó, las agarró, las sobó y las abrió un poco para que su novio entrara mejor. Había algo tan morboso en el acto de abrazar a un tio al que se estaban follando, ver sus ojitos, su carita de placer, escuchar sus gemidos, sentir su aliento en la nuca, que Dan no podía salir de ese juego.

Le abrieron de piernas sobre la cama y le metieron rabo por sus dos agujeros. Fran volviendo a perforar su ojete y Dan con la cabeza del chaval entre los muslos, follándole la boca. Dan se dio cuenta de que Fran se estaba yendo de madre. Pocas veces lo había visto así, penetrando con tanta fuerza, vicioso, salido. Fran se inclinó sobre Talex y le metió caña, acompasando el ritmo de sus caderas con el del poder de su culazo peludo para meter la minga dentro de ese tio.

Se intercambiaron y Dan tomó lo que era suyo también dando otra propina al repartidor. Esta vez no eran monedas ni billetes, sino un buen rabo. El chaval no aguantó más y se corrió encima dejándose la lechecita bajo el ombligo, todavía abierto de piernas y con la polla de Dan dentro del culo. Fran y Dan se pajearon juntos comiéndose las bocas, dejando que Talex zorreara entre los dos.

De repente Fran se vino arriba, se puso firme, apuntó hacia la entrepiernas de Dan y se corrió encima de él soltándole la lefa en los pelos de la polla. Dan siguió meneándosela, con rapidez, cada vez más cerca del éxtasis. Fue un beso robado de Talex el que terminó por sacarle la leche. La cercanía de su boca, el calor de su aliento. Se dejó ir y de la raja de su cipotón borbotó una buena cantidad de leche blanquita y pegajosa. Al ver cómo le salía el esperma, Talex se interesó, le agarró la polla y continuó el trabajo manual, apreciando de cerca cada descarga que salía del pollón y caía entre los muslos de Dan, sobre las sábanas. Cuando ya no salía más, les comió las pollas a los dos para llevarse un buen sabor de boca antes de seguir repartiendo.

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