Myles Landon se folla a pelo el culito joven de Jace Madden | Yes Father

El padre Myles Landon había hecho los votos para intentar alejarse del lado pecaminoso que le atormentaba. De joven fue lo que se puede llamar una buena puta, follando culos y donando el suyo por las callejuelas a borrachos que salían de las cantinas, sorbiendo semen de pollas que sabían a pis. Un buen día decidió que ese camino le estaba conduciendo a la locura, al vicio, así que tomó la determinación de llevar una vida más calmada. Hasta que vio a Jace Madden.

El chavalito, rubio, guaperas, capitán de equipo de fútbol de su adinerada y prestigiosa escuela, labios carnosos, fue para Landon como ver a un ángel que le trajo de vuelta todos los recuerdos de por qué se había dado al vicio. Y no sólo le trajo de vuelta los recuerdos, sino que le devolvió la vida a su polla, que quitando las debidas sesiones de pajas a solas, hacía tiempo que no se despertaba con tanta ansia hasta el punto de romperle los ajustados pantalones bajo la sotana.

Había llegado el equipo de fútbol al completo un sábado por la mañana para confesarse un día antes de recibir la sagrada confirmación. Myles le dio el día libre a su compañero de misa. Necesitaba estar en el confesionario cuando ese rubiales contara sus fechorías tras la reja. Y llegó el momento. Las palabras del chaval fueron como susurros de un amor perdido para sus oídos.

Le confesó que se masturbaba varias veces cada día, que se la meneaba viendo a otros chicos en los vestuarios, que le molaban los tios maduritos como el entrenador y que esa misma mañana se había metido en su oficina, le había comido la polla y se había dejado follar. Con la voz entrecortada y el pito más tieso que un poste, el padre Myles iba a dictar su sentencia a varios padres nuestros y ave marías, pero todas esas guarradas merecían un castigo mucho mayor, cuanto menos citarle en su despacho para recibir una buena reprimenda.

Al tenerle frente a frente, Myles pudo verse a sí mismo a través del espejo. Al fin y al cabo él había sido así de cerdete cuando tenía su edad. Iba a llevar el castigo a la vieja usanza. Le hizo bajarse los pantalones, quitarse los calzoncillos y tumbarse bocabajo sobre sus pantorrillas. Cuando el chaval creía que le iba a llegar una buena tunda de azotes en el culo, el cura sacó del cajón un juguete de cristal y se lo metió por el culo.

Mucho mejor que rezar y que la azotaina. Myles se quitó la ropa y como continuación a la penitencia le hizo comerle el rabo. Para Jace, que como bien había confesado le gustaban los maduritos, fue un placer mamar de un pollón tan grande y grueso. Sus majestuosos labios comenzaron a rodar por encima de la piel gruesa de ese desable rabo amorcillado y gordísimo que se iba abrillantando por momentos con sus babas.

No tenía boca suficiente para mamársela entera, no tenía capacidad suficiente dentro como para abarcar tanto rabo. Myles lo llevó a la mesa. Los dos pusieron la pierna derecha encima de ella. Myles le sacó el frío cuerno de cristal del culo y lo intercambió por su gigantesca polla caliente y empezó a follárselo sin condón. El padre sabía que eso que estaba haciendo le volvería a conducir por el camino del pecado, pero hostia lo bien que sentaba pecar de esa forma, enganchando un culito joven con su experta y grandísima verga.

Puede que el señor no se lo perdonase, pero sí la madre naturaleza. Antes de poner a saltar a Jace sobre sus piernas cabalgándole el rabo, pudo ver al chaval en todo su esplendor, demostrando lo contento que estaba con la penitencia, con la pija tiesa de un tamaño más que generoso que sin duda era la envidia entre sus compañeros de equipo en los vestuarios.Terminó el castigo penetrándole el culo desde arriba, con el chaval tirado por los suelos y condenando su polla a una buena paja lechera.

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