Abel Sanztin estrena el culazo de Loman Sinan a pelo y le mete un buen facial | Fucker Mate

Introducing Loman

Qué jodidamente guapo era el cabrón. Loman Sinan estaba deseando sacarle la chorra a Abel Sanztin de los calzones, de hecho poco le faltaba ya para estar fuera de ellos, porque la tenía tan larga y gorda que se le estaba escapando por un lateral, pero Abel estaba enamorado de esa carita guapa con rasgos árabes, su barbita, su nariz, sus ojazos oscuros y a la vez esa mirada especial que dejaba entrever más de una raza en su sangre.

Al final Abel se dejó llevar por sus sentimientos y acabó con el rabo tieso, imposible de esconder, sobresaliendo y mucho por encima de la goma de los apretados slip que llevaba puestos. La mano de Loman fue instintivamente al pan. No hacía ni unos minutos que se habían conocido. Quizá por eso fue cortés y no bajó directamente a comérsela. Se entretuvo unos segundos a seguir besándole en la boca y en los pectorales antes de comerle toda la barra.

Abel sólo veía el pelo de su cabeza. De nuevo el instinto le llevó a culear, haciendo tragar a ese guaperas más de lo que deseaba chupar en ese momento de presentaciones. Cada vez más larga, cada vez más dura, cada vez más gorda, Loman regresó a la niñez y se sintió como un enano chupando la tetilla de un biberón, solo que ahora convertido en todo un hombre con pelos en los huevos, apresando una buena polla entre sus labios pero aún así de nuevo deseando sacar toda la leche de su interior. Hay cosas que no cambian.

Esa lengua apoyada en la parte baja del rabo, haciendo de ancla para tragar cada vez un poquito más. Abel se quitó los gayumbos para que se la mamara mejor. Nada más hacerlo, Loman le cogió los huevazos con una mano y se puso las botas asfixiándose con la polla dentro de su boca. La sacó de ella reluciente y hermosa, todo un mástil. La miró con vicio, bizqueando los ojos de tenerla tan cerca y tan grande y se autoflageló con ella dándose de pollazos en toda la jeta.

A Abel le encantaba que le miraran la polla con esas miradas lascivas, con tanto apetito. A veces sentía celos de ella. Terminaba cada vez más abierto de piernas, con los cojones colgándole entre las piernas, la cabecita bombeando su miembro a buen ritmo y escuchando los gemidos apagados de un maromo soltando todo el aliento sobre su mamporrera verga.

No se cansaban de chupársela, de pringarla con sus babas, de atragantarse con ella, de dejarse dominar con una buena somanta de pollazos en la lengua, de rebozársela como cerdos por la cara en cuanto veían asomar por la raja del cipote la primera gota saladita y amarga de semen. Y cuanto más le crecía, cuanto más dura, larga y gruesa se le ponía, más cariño le daban.

Un gag the fag es lo que se merecía esa buena puta. A ver si lo aguantaba, a ver si aguantaba las ganas de correrse cuando tuviera toda esa verga, el culo y los cojones de Abel bailando sobre su cara, con el pito a punto de atravesarle la garganta. La primera arcada. Pero bien que buscó la polla con la lengua para atraerla de nuevo hacia el interior de su boca.

Abel se la sacó, mojada y llena de saliva, se la pajeó y por un momento deseó correrse sobre su carita y seguir metiéndosela cargadita de leche, pero se lo pensó mejor y se guantó las ganas para volver a atravesarle la garganta con su gigantesca mancuerna. La tráquea desplazándose por su cuello arriba y abajo a cada pollazo. El mamón se la estaba tragando y el espacio mera cada vez más estrecho.

Era fácil detectar que Abel tenía un buen colgante entre las piernas. Vestido, por a longitud de sus brazos, sus largos dedos, sus largas piernas. Fácil adivinar que todo lo tenía igual de largo. Llamó a una de sus manos, la derecha, para agarrar su pene y conducirlo al calentito agujero que ya le estaba esperando sobre la cama. Se la metió a pelo y Loman gimió de gusto al sentir dentro la polla más grande que jamás le habían metido.

No le temblaron las rodillas, el rabo no se le vino abajo, el tio permaneció anlcado con las rodillas en el colchón, aguantando las embestidas de su nuevo amiguete, permaneciendo firme y cascándose un pajote aprovechando que el tener algo tan grande perforándole su orificio de atrás, lejos de haberle rebajado la polla, se la había puesto más tiesa aún.

Tras un rato de batida, Abel paró en seco, le sacó el churro del agujero y le separó las nalgas con ambas manos, observando la circunferencia del agujero que le estaba dejando en el pandero. Su culazo delgadito pero tragón ya estaba más que preparado para cabalgar. Abel intentó follárselo una vez más por detrás, dejándose llevar por su instinto de macho, pero Loman le empujó hacia atrás poniéndole una mano sobre sus curtidos abdominales.

Le quería sobre la cama, con la polla en vertical. Quería sentarse encima de sus piernas y zamparse toda esa polla por el ojete. Era tan larga que no le entraba entera. Abel volvió a dominarle enseguida, cogiéndole del culo y empotrándole desde abajo, con su barra firme y gruesa penetrándole, ajena a su enorme tamaño. Entre las babas que le había dejado como lubricante y que Loman estaba con el culo chorreando, hasta una polla tan larga como esa se le salía del culo para quedarse reposando en toda la raja de su trasero, imponente, enorme.

Ese culazo le tenía la polla tan oprimida que a punto estuvo Abel de correrse dentro. Paró, con un gusto indescriptible recorriéndole el cuello y la parte posterior de la cabeza, un gusto que Abel conocía bien, ese que anticipaba los chorrazos de lefa saliéndole por la polla. Pidió a Loman no moverse. Un milímetro más de roce sobre su miembro y estaba perdido.

Respiró hondo, apretó los machos y salió victorioso de esa primera tentativa de corrida que se hubiera convertido en una buena preñada. Volvió a culear desde abajo como si nada hubiera pasado. Dio la vuelta a Loman y se lo siguió follando sentado sobre su vientre, dejándolo en volandas. Abel se miró la polla. Por ella resbalaba ya el poso de la duda.

Volvió a sacar su polla del agujero, a separar las nalgas con sus manos, a observar que el agujero por el que dejaba penetrar su rabo era cada vez mayor. Ahora ya si les iba tocando desenvainar sus espadas y soltar toda la carga de amor. Abel se le folló frente a frente, inclinado sobre su cuerpo. Loman se cascó una paja llenándose el puño de leche, soltando perdigonazos de lefa por todas partes.

A Abel le gustaba ver a un tio correrse, pero él seguía metiendo rabo, dando alas a esa corrida en la que él tenía toda la culpa. Loman se soltó la pija. Por el cipote todavía le salía la leche y en la mano con la que se la había estado pajeando le colgaba un buen tesoro. Abel le sacó la chorra del culo, su mazo de juez y dictó sentencia.

Volvió a poner la cara de Loman entre sus piernas para que le viera bien la polla, el culo y los huevos y se la empezó a pelar duro, todo lo que su mano daba de sí recorriendo una polla tan larga. Se le vino todo el gusto encima y empezó a gemir. Loman se preparó abriendo la boca, sacando la lengua, persiguiendo la punta del rabo con la cabeza.

Cerró los ojos, sintiendo los chorretes de semen mojándole la mejilla, entrando por su boca, como pasta sobre sus dientes, correteando por encima de su labio, oprimiéndole las pestañas, dejándole ciego. Recuperado de la corrida, Abel le metió la polla por la boca. Resbaladiza, todavía dejándole posos de lefa sobre la lengua, cuando la tuvo fuera Loman se mordió el labio en señal de lo mucho que le gustaba. Se quedó así un rato más, con los ojos cerrados, esnifando el olor a rabo y semen sobre su cara, notando el aliento de Abel, que se acercaba a su boca para relamer de ella el poso de sus cojones.

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