JJ Knight se folla el culazo de Andy Star sin condón en el campo y le rellena la boca de leche con su enorme rabo | MASQULIN

Motel Slutsville 1

Nos echamos a la carretera, abandonamos todas nuestras ataduras. Mi grupo de amigos y yo nos prometimos viajar hasta que no nos quedaran fuerzas, vivir la vida a tope. Estábamos como en un sueño, recorriendo esas carreras infinitas que se pierden como espejismos en el horizonte, visitando lugares que jamás había pisado el hombre.

Pueblos como Pollas de Doce, Lamer el Rabo en los Muelles o Entrando en Dildo, pero al final nos dejamos llevar por una señal que nos conducía al pueblecito de La Villa de las Putas, porque nos habíamos centrado tanto de ir de fiesta en fiesta y disfrutar del camino, que llevábamos varios días sin follar y nuestras pollas ya nos estaban pidiendo guerra.

El que peor lo estaba pasando con este tema era mi colega JJ Knight. Acostumbrado a follar varias veces cada día, a tener culitos a su disposición casi las veinticuatro horas del día por lo atractivo que era y lo bien dotado que estaba, tenía las bolas sobrecargadas. Le pillamos por el retrovisor, haciéndose una paja en el asiento de atrás desde que vio el cartel de la villa, como si el nombre le hubiera provocado una severa erección. Tuve que parar antes de llegar la pueblo para que se bajase, porque necesitaba cascársela a solas y en silencio.

Jamás creeríais la alucinante historia que nos contó cuando regresó con nosotros al coche.

Se estaba cascando un pajote junto a la puerta de una casita rústica cuando por arte de magia, como en una revelación, un adán, un chico guapo, completamente desnudo, musculoso, nalgón y espectacular en todos los sentidos, salió de entre los árboles, se puso delante de él y, sin ningún tipo de pudor, le comió los morros.

Fue extraño. Era como si se conocieran de toda la vida, como si se necesitaran mutuamente e hiciera años que no se veían. JJ liberó las manos de su rabo, porque ahora tenían otro dueño. Andy Star le cogió de los huevos, la meneó dulcemente y se gratificó la vista viendo cómo ese pedazo de rabo enorme se mecía a un lado y a otro. Le agarró la polla con el puño y se la empezó a masturbar, alimentándose de los gemidos apagados de gusto que salían de la boca de ese tio super dotado.

Se resistía a agacharse para empezar a mamar, aunque las piernas ya le estaban flojeando de las ganas que tenía. Andy juntó las dos pollas, las masturbó juntas, le quitó la camiseta, le desabrochó el botón de los vaqueros y volvió a agarrarle de los huevos dando unos ligeros toques para que el enorme rabo se menease de arriba a abajo. Todo un espectáculo.

Cuanto más le tocaba esa polla larga y gigantesca, más cachondo se ponía, llegando a pajearse como un mono. JJ no veía el momento en que ese tio tan guapo empezase a merendarse su trabuco. Se tomaba su tiempo, relamiendo su cuerpo hasta llegar abajo. Lo primero que hizo al agacharse fue elevarle la polla con el pulgar, colocar la cabeza de lado sobre su muslo derecho, con las narices bien pegadas a la base del rabo y el inicio de la bolsa de las pelotas y esnifó.

Esnifó olor a rabo, olor a hombre que se ha tirado viajando varios días en un coche, puede que hasta olor a semen transpirando a través de la piel que recubría sus cojones, que tenían que estar rellenos a más no poder. Cuando se metió la polla dentro de la boca, tan abierta, abarcando todo el diámetro, su cipote relleno de babas por fin después de tantas jornadas, la piel de su pene corriéndose de arriba a abajo, quiso dárselo todo.

Ahora era a él al que le temblaban las piernas. Estaba tan acostumbrado a follar todos los putos días, que se había olvidado de algunas sensaciones que sólo pueden redescubrirse cuando se ha perdido algo. Eso le hizo pensar que a lo mejor de vez en cuando no le vendría mal tomar un respiro y disfrutar de lo que le hacía sentir sacar su rabo a paseo en situaciones especiales en lugar de a todas horas en cualquier retrete de un pub.

Sintió una oleada de gusto mirando a ese tio guaperas masturbándole el rabo entre sus labios, llenándose la boca de polla. Por un momento le vio chupar más rápido y fuerte, puede que con razón, porque a lo mejor JJ se había dejado llevar por las emociones y alguna gotita se le habría escapado cuyo saborcito habría proporcionado un placer extra a las papilas gustativas de ese mamón.

Por lo grandote y alto que era, por el tamaño de su miembro viril, los demás chicos siempre había visto a JJ como el machote empotrador, por lo que cuando hablaban de sexo, sus mentes se lo habían imaginado siempre dando por culo a otro tio o dando de mamar rabo. Pero a JJ también le gustaba chupar pijas. Ahí estaba, con todo lo grandote que era, con las rodillas hincadas en la arena, atragantándose con el enorme rabo de ese chulazo desconocido que había salido de la nada.

Seguía de rodillas cuando Andy se dio la vuelta y le enseñó su precioso trasero redondito y super suave. JJ pasó de chupar rabo a comerle la raja del culo. Le relamió el ojete, por el que rezumaba un calor indescriptible y por el que creyó oir unas vocecitas que decían a lo lejos fóllame, fóllame. Andy dio un par de pasos dirigiéndose hacia unas columnas de tejas que había cerca de la puerta y elevó una pierna poniendo la rodilla en la parte superior, dejando abierto el culo.

Con las converse puestas, los vaqueros por los tobillos, JJ dio unos pasitos de pingüino, se cogió la chorra con la mano, la dirigió al ojete de ese rico culazo hasta que tuvo el cipote dentro y se folló a ese chulazo sin condón. Empezó a meterle la verga despojándose de su rabia de varios días sin meterla en un agujero. Había olvidado el gustito que se sentía.

Atrajo el cuerpazo de ese chulo hacia su cuerpo, haciéndole sentir el calor de su torso sobre la espalda, agarrándole con las manos por delante, dejándoles hacer un tour por el cuerpazo musculado de esa belleza, deteniéndose en la protuberancia de sus marcados pectorales y su tableta de chocolate para acabar agarrándole por los hombros y petarle reventándole el ojete.

JJ había perdido ya la noción del tiempo y el espacio, pensó incluso si no estaría en el asiento trasero del coche, todavía de camino a la villa de esas putas, echando una cabezadita y soñando eso que estaba sucediendo ahora, con sus amigos mofándose de él, mirando la tienda de campaña que se le levantaba bajo los pantalones, producto de ese sueño erótico.

Hace unos días estaba en la oficina enganchado al portátil y ahora estaba en un lugar perdido, al lado de una casita deshabitada, tumbado en el suelo, con un chulazo espectacular al que no conocía de nada, y al que se estaba conteniendo para no regalarle toda la lefa de sus cargados huevos, saltando a pelo sobre su polla. Parecía todo tan real…

Qué bueno que estaba ese cabrón. Su cara guapa, sus ojazos brillantes, ese torso tan definido, el roce de su gran polla dura rozándole la barriga mientras se lo zumbaba. La atmósfera idónea para perder la compostura y liberar a los cojones de su carga. Andy se dio la vuelta y siguió saltando sobre las piernas de JJ mientras se cascaba una paja.

JJ sabía que se la estaba meneando en secreto por el revelador movimiento de su brazo derecho. Entonces sintió un buen chorrazo caliente de líquido mojándole la pierna y el interior del muslo. El chaval se levantó sacándose la polla del culo. Pudo ver entre sus piernas cómo todavía caía alguna hilera de semen desde su rabo al suelo.

De nuevo Andy de rodillas en el suelo, como cuando empezó a mamar, solo que ahora JJ estaba desnudo como él, apenas con las converse puestas y con una pierna decorada con su lefa. Se estaba pajeando la larga, gorda, gigantesca y majestuosa polla delante de sus mismísimas narices. Andy miró hacia arriba y cuando vio en su rostro dibujado ese gesto de gusto tan revelador, abrió la boquita, la acercó al cipote y un montón de abundante leche espesa y calentita le inundó la boca, en tal cantidad que le caía por el labio inferior, pringando y deslizándose por su barbilla, colgando pegajosa.

No paraba de eyacular esperma por esa polla, Andy sin ser consciente de que estaba recibiendo la leche contenida de varios días. Chupó la delicia de su cipote con los mecos rezumando por la raja y de repente, cuando deslizó los labios hacia un lado, un chorrazo largo de lefa bien espesa y blanca voló ante sus ojos.

Arrepentido de haber dejado escapar ese lefazo que hubiera ido directo a su paladar, se metió la polla dentro de la boca y se comió toda esa delicia de leche. Le había dejado los morros tan mojados y estaba tan guapo mirándole desde abajo que JJ bajó a darle unos besotes pringándose los labios con su propia lefa. Fue entonces cuando el chaval le sonrió, feliz por haberle sacado todo el caldo de los huevos y le dio la bienvenida a La Villa de las Putas.

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