Gianni Maggio penetra a pelo el virginal culito de Anteo Chara con su gigantesco pollón y le decora el ojete con siete chorrazos de esperma | Fucker Mate

Morning Creampie

Sabía cómo recrearse con una buena polla y hacer disfrutar al tio al que se la estaba tocando. Puede que hombretones de talla XXXL como Gianni Maggio acostumbraran a toparse con chavales que, impresionados por el gigantesco tamaño de su rabo, sintieran la imperiosa necesidad de tragar como putas y pajear tan fuerte como si estuvieran manejando entre sus manos un bote de spray, pero el rollo de Anteo Chara, místico, relajante y sensual, era harina de otro costal.

Se echó un poco de lubricante en las manos y empezó la tarea. Con los dedos de la mano derecha le masajeó las pelotas, con la izquierda le cogió el pene por la parte trasera, usándola de apoyo para después ir deslizando con suavidad las yemas de los dedos de la otra mano sobre la piel de ese enorme rabaco. Al volver a la base, la empuñaba y corría toda la piel hacia arriba, pivotaba sobre el glande y se la descapullaba del revés.

Miraba a Gianni para intuir cuál era el movimiento que más le gustaba, para ver sus reacciones. De momento lo veía concentrado en los movimientos que él hacía con las manos sobre su miembro viril. Por experiencia sabía que podían darse dos tipos de situaciones al masturbar el rabo de un tio de esa manera tan sensual. Uno de esos resultados era que le siguiera el rollo y acabaran follando de la misma manera pausada y sensorial, el otro era que le destrozase el culo a pollazos para calmar el gusto que le había dejado en la polla. ¿Cuál de esas dos reacciones sería la de Gianni? Estaba a punto de descubrirlo.

El tiarrón se incorporó en la cama. Anteo se puso cachondísimo al ver cómo acercaba esa cara de machote a la suya. Se le hizo el culito pepsi cola al tenerle tan cerca, tan atractivo, el contacto de sus carnosos labios, las cosquillas de su bigote sobre el suyo, el salivazo que le soltó en la boca, un pase por adelantado para que empezara ya a comerle la polla. Por cosas como esa y muchas más, Anteo tuvo claro bien pronto por qué le gustaban los hombres.

Le miró la verga. Con los besitos se le había puesto incluso más grande y más dura. Gianni se puso de pie, dejando frente a su jeta su grandioso rabo, que se mecía de arriba a abajo deseando ser mamado y por si acaso no tenía suficiente con la saliva que le había dado, lanzó un escupitajo desde arriba que cayó directo a su tronco. El salivazo recorriendo el diámetro de la polla hasta caer al suelo.

Anteo continuó con la boca lo que había comenzado con las manos. Colocó su cara al lado de ese majestuoso pollón y lo fue acariciando con los labios desde la base. Cuando se fue acercando al cipote, sacó la lengua y sostuvo el peso de la polla sobre ella. Fue en ese momento cuando Gianni decidió su reacción o quizá decidió su polla, porque de una culeada rabiosa se la metió toda gorda y potente por la boca y le hizo tragar como una zorra, agarrándole por detrás de la cabeza y haciendo que le dejase todas las babas encima.

Preparado para cualquiera de las dos reacciones, a Anteo también le molaba que se portaran de forma tan bestia con él, que le hicieran sentirse una putita. A bocados se la merendó haciendo sufrir a su garganta, recogiendo los escupitajos que Gianni le lanzaba desde arriba y usándolos para que esa maza se deslizase mejor entre sus labios.

También estaba preparado para recibir hostias sobre la jeta, unas hostias cálidas de rabo de cuarto de kilo o más, tan larga como su cara. Anteo se aseguró de tragar todo lo que podía para que después no pesara sobre su conciencia haber dejado pasar esa oportunidad de chupar un rabo gigante con todo lo que tenía. La polla tan gorda que le forzaba la comisura de los labios, la boca completamente llena de rabo. Dejó pasar la punta del cipote a través de su garganta.

Gianni se puso cachondo al ver su miembro embadurnado en saliva, brillante, masturbado por una boquita completamente dedicada a darle placer. Ahora que había penetrado un poquito su garganta, tomó la iniciativa y le folló la boca a pollazos, primero culeando desde abajo tumbado sobre la cama y después haciéndole pasar a Anteo la prueba de fuego, poniendo su cabecita al borde de la cama y él de pie, con la cabeza entre sus piernas, doblando las rodillas y follándose el amplio agujero de su cara como si fuera un ojete abierto de par en par.

La cara roja, la vena hinchada de la cabeza, un gag the fag en toda regla, amordazando con la polla a ese cabroncete que, lejos de asustarse, estaba disfrutándolo, abriéndose de piernas como un perrete al que le estuvieran dando su comida favorita. Gianni le dejó respirar, un ratito. Bajó a lamerle los morros para dejárselos lubricaditos de cara al siguiente acto.

Acostumbrado a follarse a todo tipo de chicos, Gianni tenía una relación especial con los delgaditos. Como particularidad, le ayudaban a reforzar su ego. Forzarles el agujero del culo con la polla le hacía sentirse casi un abusón, porque la proporción y la comparación de tamaño era inevitable. Él con un miembro tan grande y los chavalitos aparentemente tan indefensos.

Pero Anteo de indefenso no tenía nada. Se volteó sobre la cama y se puso de rodillas pidiendo rabo. Estaba tan delgadito que se le marcaban los huesos. Menudo agujero tenía el chaval, tan abierto que al menos cabían por él un par de dedos así ya de inicio, un ojete rojito y delicioso en el que Gianni perdió los morros antes de joderlo y mancillarlo con su larga polla.

Gianni se puso bien perraco, hasta el punto de no poder controlar las ganas. No dejaba de escupir y lubricar el ojete, como si sintiera esa necesidad de dejarlo preparado para su estaca gorda. Después de escupir directo al ojal, le mecía los cachetes del culo con las dos manos hasta que veía desaparecer sus babas dentro de ese agujero tragón. Intercalaba este ritual con el de palmear el glúteo del chaval con su pollón y cuanto más veía el tamaño de su polla comparado con el culito delgadito y estrecho, más cachondo y perro se ponía.

Gritó, gritó como sólo puede hacerlo la mejor de las putas. Gianni le metió la mitad de la polla sin condón, atravesando las paredes de su culo. Disfrutaba mirando cómo su miembro penetraba el agujero y después se la sacaba, observando cómo rebotaba enorme y dura sobre su rajita. Sin manos, deslizando el cipote guía a través de la ranura, volvía a metérsela a pelo, sintiendo el gustazo del ojete atrapando su polla y oprimiéndola.

El mejor de los regalos era ver cómo cada vez que se la sacaba, el chaval respiraba por el ojal, apretándolo y expandiéndolo, mostrando orgulloso el diámetro que le había dejado al encasquetarle semejante pollón. Eso animaba a Gianni a joderle más y mejor. Se puso de pie sobre la cama, cubrió el culete de Anteo entre sus muslos y le taladró de arriba a abajo con la tranca.

Si se la metía demasiado a fondo, el cabrón se levantaba gritando. Entonces Gianni le forzaba a agacharse de nuevo y a aguantar. A besar las sábanas, putita. Anteo estaba encantado con que lo tratasen de aquella manera tan sucia. El enorme tamaño de esa polla jodiéndole las entrañas le llevaba al punto de no retorno desde el paraíso. Le estaba metiendo una enculada tan rica y tan bestial que no se daba cuenta del amplio movimiento de sus propios atributos masculinos entre las piernas, con la picha y los huevos colgando y meciéndose de lado a lado como el badajo descontrolado de una campana.

De haber pasado alguien por la puerta de esa habitación, se hubiera quedado asombrado y con la boca abierta al ver el percal de lo que sucedía en ese momento. Un chaval delgadito, con su precioso culito blanco, redondito y virginal en pompa. Un pollón enorme, gordo y gigante de veinticuatro centímetros perforándolo sin compasión, desafiando las leyes de la naturaleza.

Anteo disfrutó como una putita hasta las últimas consecuencias. Después de saltar un rato sobre las piernas de ese machote con el rabo clavado en su interior, Gianni se puso de pie llevándolo en brazos y con su polla metida dentro. Con las manos lo impulsaba fuerte hacia arriba y el chaval caía hacia abajo, tragándose todo el rabo grueso a pelo por el culo.

Cuando a uno le metían algo tan grande, el pasivo tenía también dos posibles reacciones. Estremecerse y que su rabo se mantuviera flácido o trempar como un campeón con la polla dura. Anteo elegía a placer en función de la postura y estaba claro que sentarse sobre una verga gigantesca dando la espalda, se la ponía a tono. Su rabo grande le colgaba entre las piernas mirando al frente bien duro y la parte posterior de su huevera se beneficiaba del masaje del enorme rabo que estaba entrando por su culo.

Gianni terminó follándoselo boca arriba. Tenía los huevos cargados y no aguantaba más. Sacó su pollón del culo y, mirando el pedazo de hueco que había hecho con su herramienta, se desvencijó los huevos como nunca. Soltó un primer par de lefazos regando el culete del chaval y hasta metiéndole el semen con buena puntería por el agujero todavía abierto. Cuando parecía que había terminado, se vino arriba y le encasquetó otros cinco lefazos más, nutriéndole las pelotas y los muslos con su esperma.

Cuando los tios nos corremos, nos quedamos embobados, paralizados, en una especie de trance crítico en el que un gusto infinito recorre nuestra espalda, se agolpa detrás de nuestra nuca y se libera despejando nuestra mente, así una y otra vez a cada lefazo. Dependiendo de las ganas, unas veces es más intenso que otras. Acabaré diciendo que lo de Gianni fue intenso, muy intenso, porque para que se le salieran las babas por la boca cayendo en hilera por la comisura de sus labios mientras se corría, hay que haberlo gozarlo mucho.

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