Ricky Blue mete una buena follada a Andy Star en el estudio de fotografía de la Universidad | Men At Play

Private Project

Los fotógrafos le ponían mogollón. Estaban todos tan sexys… Andy Star se paró un momento a la entrada del estudio sin que su colega Ricky Blue detectara aún su presencia y le observó tan al milímetro como pudo, algo que no podía hacer en situaciones normales.

Sus manos fuertes y masculinas sosteniendo el objetivo de la cámara. La correa deslizándose por detrás de su cuello, musculoso, morenito, rozando esos pelillos tan suaves de la nuca que lo hacían tan irresistible. El perfil de su atractiva cara que tanto le gustaba, el pelito corto por los lados, las gruesas patillas recortadas, su tatu detrás de la oreja. Destilaba masculinidad por todos los poros. Estaba buenísimo.

Los dos ejercían de profes en la Universidad, Ricky en el Grado de Comunicación Audiovisual y Andy en Administrativas. Nada que ver el uno con el otro, pero Ricky se fiaba del buen ojo de su compi para enseñarle el trabajo en el que estaba centrado. Hacía ya tiempo que no se veían. Primero le soltó el ordenador encima de la mesa para echarle un ojo. Andy ya estaba nervioso mirando de reojo a Ricky, que ese día llevaba puesta camiseta ajustada de manga corta marcando musculazos y biceps y pantalones blancos cortos que no podían disimular lo bien dotado que estaba el cabrón.

Más nervioso se puso, taquicárdico, cuando se sentó a su lado, muy cerca, demasiado cerca diría, pegado a su cara para contemplar los dos la pantalla, cuando le susurró al oído que ese trabajo se lo había inspirado él. Andy se aflojó la corbata de la fiebre que le estaba entrando y un gesto de Ricky hizo que se rindiese a sus encantos, que tanto tiempo llevaba deseando.

La manaza caliente y masculina de Ricky cogiéndole por detrás de la cabeza, atrayéndole hacia su cuerpo, fue una invitación a un mundo de nuevas sensaciones. Después de tantos años, Andy creyó que no habría nada que superara la magia de sentir la primera corrida. Pues se equivocaba.

Mirar a la cara de ese machote al que siempre había deseado desde que llegó a la Uni, ver cómo gemía de placer cuando le metía la mano por los pantalones y le tocaba la polla, sentirlo tan cerca, el calor de su cuerpo, el contacto de su lengua contra los pezones, contra cada centímetro de su musculoso cuerpo. El momento en que se sacó la enorme verga de los pantalones, un pedazo de trabuco y se lo metió dentro de la boca. Sin duda había momentos que superaban al de una mera eyaculación.

Tanta pasión le hizo poner el culo como una puta. Ricky, que tan cuidadoso era en su mundo artístico, se comportó como el macho que esperaba de él en la cama. Sin ningún tipo de cuidado, tiró de los pantalones de pinzas hacia abajo destapándole las turgentes nalgas y posó su enorme pito en la ranura del culo, paseándolo por encima, restregándolo indecentemente por la raja de la hucha, usándolo para hacerse una paja.

Rasgó un condón que sacó del bolsilló y le inundó las entrañas con una buena polla, dándole por detrás cada vez más rápido y más duro. Andy giró la cabeza de lado a lado. Su culo ya tenía dueño de por vida si él lo quería. Vio a Ricky avanzar un paso con el pie derecho, el izquierdo subido al respaldo del sofá. Tenía su trasero bien apostado entre sus muslos. Le empaló con la gruesa y larga polla, le azotó con sus grandiosos cojones. Andy se desvalijó la polla corriéndose encima de la camisa y la chaqueta del traje y todavía con el gustazo de la corrida, vio a Ricky sacarle la polla del culo, quitarse el condón y soltar los últimos disparos sobre él como sólo un buen fotógrafo sabe hacer.

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