Lucha de poder el novato Diego Reyes se zumba al veterano Donato Reyes en la oficina | Men At Play

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Hasta ahora, Donato Reyes no había notado apenas la diferencia de edad respecto a otros chicos, hasta que llegó a la oficina Diego Reyes. Se dio cuenta de que con el tiempo sí había cambiado su carácter, convirtiéndose en un hombre más calmado y responsable, aunque aún veía en ese novato a su no tan viejo yo, descentrado y lleno de energía.

Había que ser ciego para no darse cuenta de que a Diego le molaban los tios y sobre todo los tios con un buen trasero. Él se creía que no se daba cuenta, pero Donato aprovechaba todos los viernes por la tarde que se quedaban solos en la oficina para hacer con que se daba un garbeo. A veces se lo ponía a huevo, agachándose para coger papel de la impresora, dejando que el chaval gozase de las vistas de sus pomposas nalgas apretadas contra los pantalones de pinzas. Diego sacaba el móvil y lo grababa todo, seguro que para después ir al baño a hacerse una pajilla, cuando se tiraba tanto tiempo en el retrete.

Estaba en esa edad y a Donato no le pillaba tan lejos como para no recordar la de cincos contra uno y la de veces que se había machacado la pija. Le hubiera encantado abrir la puerta y pillarle en una masturbada, porque la verdad es que el cabrón estaba buenísimo, con esa carita guapa que se la ponía tan dura, pero ideó algo mejor, girarse en el momento oportuno en que le estuviera grabando el trasero y proponerle grabar un video mucho mejor.

La polla a reventar tenía cuando le metió el primer morreo. Cómo besaba el tio para ser un cachorrito, la lengua hasta el fondo y pegando unas buenas relamidas. Donato se desabrochó la bragueta para dejarle un respiro a su minga y el chavalote bajó a mamársela, apresándola fuerte entre los labios y tragándosela entera. Su intención era follárselo, enseñarle modales de un daddy en ciernes, pero necesitaba sentir la energía de un capullo así.

Se bajó los pantalones, antes cogió un condón del bolsillo, se lo pasó a Diego, dejó su culete en pompa y el cabroncete acudió raudo a penetrarle y darle por culo dejándose el alma en cada pollazo. Menuda estaca, bien dura y gorda y encima qué bien la metía. Cuando le dio la vuelta para follárselo cara a cara, se enamoró de su torso a pecho descubierto, algo peludito y musculoso y se dejó llevar por la corrida, mirando su guapísima cara, sus gestos de esfuerzo con aire de cabronazo metiéndole por el culo toda la minga.

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