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El follador loco Bo Sinn penetra a pelo el culito de Noah Scott con su gigantesco y demencial rabo | BROMO

Tras varios días en el manicomio, Noah Scott has escuchado historias sobre la celda 112. Según dicen, allí habita un tiarrón con cara de follador nato y una polla enorme, capaz de empalarte el culo y sacarte la verga con toda su leche por la garganta sin despeinarse. Aseguran que los gritos espeluznantes que se escuchan cada noche, nada tienen que ver con pacientes, sino de algún perturbado que ha cruzado su puerta.

A medida que pasan los días, Noah siente una atracción más fuerte por acercarse a esa celda. Cada noche siente una irresistible tentación de levantarse, evadir a los guardias y abandonarse a lo desconocido, hasta que por fin se atreve y traspasa el umbral. Bo Sinn está sentado en una esquina, completamente desnudo, apenas con una camisa de fuerza puesta que no logra cubrirle la verga.

Se le queda mirando un buen rato. Está quieto, con la mirada fija. ¿Es que no le va a hacer nada? Ha ido allí para que le reviente el culo con su enorme polla. Noah le coge de los hombros intentando que reaccione y le haga algo, pero hasta que no lo tumba en el suelo, se sienta sobre su cara para que le coma la raja del culo y le agarra la polla para mamársela, no se activa el interruptor de la locura.

De alucine. De repente ese cabrón empieza a sacar su lado animal y le come el ojete con rabia. La polla, antes blanda, crece diez veces más y se pone dura hasta que se encuentra un cilindro enorme, casi la polla de un caballo, entre sus manos. Esa lengua hábil sigue follándole el culo, pero él quiere rabo. Le coge el pollón con la mano y se sienta encima.

Según le pajea la porra con su trasero, Bo va ganando fuerza y empieza a quitarse la camisa. Liberado de esas ataduras, da por culo al chaval de una manera insana. Ahora Noah lo tiene frente a frente. Puede ver su cuerpo sudado, su cara de follador loco concentrado en meter el rabo a gran profundidad dentro de su culo. Nadie puede hacer nada por rescatarle de allí, los seguratas no distinguen entre gritos de locura y de follada, ni quiere que eso pase. Quiere vivir hasta el final la experiencia de estar en una habitación encerrado con ese loco sin poder escapar. Y que le meta la leche por donde quiera.

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