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No me rompas el culo: Bo Sinn mete su polla gigante por el culo a Alex Neveo | BROMO

La mayoría de chavales del campus tenían las paredes de sus habitaciones llenas de póster de tías en bolas. Las de Alex Neveo era un santuario de pollas, pero no cualquier tipo de pollas, sino pollones gigantes, rabos de buena envergadura, trancas rompeculos. Así estaba el cabrón, empalmado todo el puto día y sin sangre que le regase el cerebro para que le entrasen ganas de estudiar y poner a trabajar a sus neurosas, a las que había dado vacaciones de forma indefinida.

Ahora que los cabecillas pensantes de la clase de ingeniería habían puesto en marcha la beta de una app de citas, ¿por qué no probarla poniendo a prueba los filtros para buscar a un tio que la tuviera así de grande como en los póster? Lo que no sabía es que sólo funcionaba en la zona del campus, así que se presentó en su habitación uno de los de último curso que jugaba al rugby, Bo Sinn, un greñas forzudo y tatuado que estaba de muerte.

Le miró el paquete y supo que ese chulazo no había puesto lo de que estaba bien dotado por poner, qué va. Se le marcaba perfectamente la polla bajo los vaqueros y aquello tenía pinta de ser enorme. Fue gateando por la cama hasta ponerse a la altura de su entrepierna, con nervios y ansias le desabroichó los pantalones y le sacó una mole de rabo impresionante que lo dejó loco.

Sólo diremos que a Alex se le pasó por la cabeza que no podía imaginar jamás que entre las piernas de un hombre pudiera tener cabida algo de semejante tamaño. Hasta la mano alrededor del tronco se le quedaba pequeña, su boca apenas podía digerir el cipote, sobre el que ese mamón podía hasta hacer girar una peonza, y algún que otro centímetro y aquellos cojones parecían de otro mundo de lo grandes que eran.

Jamás había tenido que pedir a un tio que por favor no le destrozara el culo, pero es que esa polla era lo más gigantesco que había visto en su puta vida. Le daba el mismo respeto que ganas tenía de ella. Se puso a cuatro patas y dejó que sucediese lo que tuviera que suceder, aunque al día siguiente no pudiera sentarse, ni el día siguiente ni en varios días. Por disfrutar de ese macho empalándole el culo a pelo y partiéndoselo en dos, merecía la pena.

 

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