Francisco Sants se folla a Chucho Martin sin condón fisteándolo con polla y mano | Tim Tales

Ahí estaba de nuevo, vuelta a la carga entre las piernas de otro hombre, entre las piernas de Francisco Sants y su gordo pollón, con lo que disfrutaba él de un buen cipote inundándole la boca y todos los sentidos. Chucho Martin lo arropaba entre sus labios y le hacía toda clase de virguerías con la lengua, antes de quedarse sin respiración.

Para Francisco, las vistas desde su posición no podían ser mejores, con su larga herramienta hacia el frente y esa cara guapa y viciosa comiéndole el trabuco. Sentir el gustito de la mamada de ese chicarrón aplicado mientras con la mano le sobaba dulcemente la cabeza y el pelito de punta engominado era la hostia. De vez en cuando notaba en su cipote los pelillos del bigote o de la barba cuando el rabo se resbalaba por sus labios. Todo un plus.

La mamada de Chucho iba por niveles de intensidad, nadie se la podría haber hecho mejor que ese experto. Tan pronto le agarraba el pollón con fuerza con los labios como se ponía a acariciar y dar un repaso al tronco y los huevos con esa lengua que era como un pincel, todo arte. Fuera cual fuera el grado de intensidad, Fran ya podía sentir que los huevos se le estaban inundando de leche. Su meta: intentar aguantar el trabajo manual del chaval sin mirarle a los ojos, porque cada vez que levantaba la mirada, era tan guapo que le entraban ganas de inundarle la jeta con lefa.

Ya se aseguraba Chucho que las vergas que salían de su boca estaban listas para penetrarle el culo con fuerza y sin condón. Francisco no necesitó siquiera meter sus morros en la raja del chaval, fue ponerse detrás de él y azotarle el trasero a pollazos a pelo. Lo mejor eran las sensaciones que le dejaban ese agujero, dilatado y perfecto para pollas grandes como la suya y muy parecido a las caricias que el chaval le ofrecía con la lengua.

Estar dentro de su culo era como estar dentro de su boca, el mismo placer infinito. Tras un rato dándole por detrás, Chucho empezaba a girar la cabeza para ver la cara de su macho follador. Y otra vez tuvo que evitar su mirada, porque de no haberlo hecho, le habría dejado una rica preñada dentro de ese dulce ojete. Decidió concentrarse en su culo, que se lo tragaba todo sin compasión.

Aplicó la misma táctica al follárselo boca arriba, frente a frente, por mucho que él se intentara en mantener contacto visual. Sus ojos eran un peligro, brillantes, grandes y penetrantes como un pozo sin fondo que te atrapaba.

A medida que se lo iba follando, el agujero dilataba que daba gusto, por lo que Fran tuvo que buscar algunas nuevas técnicas para frotar bien la polla ahí dentro. Le cogió las piernas y se las dejó bien juntas para que los cachetes permaneciesen lo más apretados posibles. Ni con esas, Fran no se explicaba cómo podía tragar tan a fondo y tan profundo.

Como no se lo creía, junto con la polla le metió unos dedos y casi sin darse cuenta ya tenía toda la mano dentro de su agujero. Desapareció como por arte de magia en el interior de su cuerpo. Al principio sintió dolor propio y se la sacó enseguida, pero después le moló y le fisteó unas cuantas veces al ver que al chaval le gustaba la experiencia.

Después de eso a ver quién era el guapo que se atrevía a meter una polla que no tuviese el diámetro suficiente como para poder abarcar el pedazo agujero que le había hecho. Ante la impotencia de no tener tamaño suficiente, Francisco determinó penetrarle a la vez con polla y mano.

Con el puño dentro de su culo, ahora sí afrontó su mirada. La tenía clavada en sus ojos aunque perdida en algún punto lejano, como si no le mirase directamente y la boca abierta. Echó la cabeza hacia atrás y empezó a correrse y cuando parecía que ya había acabado, el cabrón empezó a soltar más perdigones de lefa. Miró hacia abajo y sonrió al ver lo sucio que se había puesto.

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