Teddy Bryce culazo blanco para los tres pollones negros de Ray Diesel, Timarrie Baker y Zeero | Blacks On Boys

Jugar al billar y tocar las bolas con el palo es lo único que parece calmar los nervios de Teddy Bryce. Su novia acaba de dejarle y está que trina. Sus coleguitas del club de ocio Ray Diesel, Timarrie Baker y Zeero aguantan el chaparrón y escuchan las quejas de su amigo, al que parece que no le hace ni puta gracia ni entiende que siendo tan guapo, tan machote, teniendo tan buen cuerpo y follándole tan bien el coñito a su nena, le haya dejado por otro.

Está tan rabioso que estaría dispuesto a cometer cualquier locura con tal de descargar tanta energía, hasta hacérselo con los tres a la vez, él tan abierto de mente que es, a sabiendas de que sus colegas son de piel morenita y ya sabe lo que les cuelga entre las piernas. Lo que sea por un amigo y si hay que donar rabo, se dona y punto.

Teddy baja los pantalones a Ray y le agarra su enorme cacharra gorda y larga de treinta centímetros como si nada, arrodillándose y metiéndosela en la boca, mientras deja que los otros dos le soben y descubran el precioso culo con el que se folla a su nena. No quiere a ninguna mujer más en su vida, para qué si puede follar con tios cuando quiera sin tener que aguantar tanta tontería.

Un rabo termina convertido en tres. Timarrie y Zeero abandonan por un momento las caricias a su culete para levantarse y arrastras sus enormes pollas por cada hombro de Teddy, esperando su turno para ser mamadas. Pero Teddy está hecho un pedazo de cerdo impresionante y no va a hacer esperar a nadie. Una mano para pajear cada polla y la otra a chuparla con la boca.

Está con el subidón el cabrón y se lo traga todo, con la boca y con el culo. Se pone boca arriba en el sofá, se abre bien de piernas y azuza al primero para que le taladre el culo a placer. No hay mejor consuelo que tener un rabo rellenándote el ojete como un pavo mientras te comes otro del mismo tamaño y un tercero espera su turno para ocupar uno de los dos agujeros disponibles. Y porque no tiene más, que si no este cabrón se cepillaba el tercer rabo como buenamente pudiera.

Acaba igual que empezó, con la misma energía y ganas de polla, de rodillas, esperando las pajas de esos tres maromos negrazos de pollas gigantes y toda la leche de sus grandiosos huevos encima de la jeta y dentro de la boca. La última paja la pone él, ya con el saborcito a macho en la lengua y el semen de tres rabos pringándole la barbita y esa preciosa cara de empotrador. Ahora piensa hacerse un selfie así de guapo, con los tres rabos corridos de fondo y enviárselo.

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