Andy Onassis penetra a fondo el culazo de Emir Boscatto con su gordísima tranca | Men At Play

Perks Of Business Travel

El viaje de negocios a Sao Paulo, estaba proporcionando a Andy Onassis numerosas horas de placer. Bastaba un paseo vestido de traje y corbata por las calles más concurridas para que los cruces de miradas con pibones que estaban de aúpa, estuvieran a la orden del día. Alguno llegó a ponérsela realmente dura en mitad del gentío, hasta tener que fingir que se agachaba a atarse los cordones de los zapatos para respirar hondo y domar su gran verga salvaje que empezaba a pedir guerra.

Así llegó, todo calentito al hotel, más caliente que una parrilla, que cuando entró el chófer Emir Boscatto a dejarle la documentación para el meeting del día siguiente, le invitó a una copa y según le tenía sentado al lado, le cogió la mano y la aproximó a su paquete para que le metiera un buen apretón.

Sentir la mano caliente de otro tio amorcillando su rabo por encima de los pantalones, le hizo sentir cierto alivio, pero las ganas seguían intactas. Agachó la cabeza y vio la manaza grande del conductor apretando su entrepierna y dándole gustito. La tenía guapa el cabrón, una mano masculina, venosa, con dedos gordos y algo peluda. La siguió mirando mientras se aflojaba un poco la corbata.

La tienda de campaña que se le había formado bajo los pantalones no era ni medio normal. Todo empitonado, se tumbó hacia atrás y dejó que el chófer tomara el control al volante de su entrepierna. Vio cómo le desabrochaba nervioso el botón y la cremallera, pero empatizó con él, porque lo que estaba a punto de descubrir era realmente enorme y gigantesco como para conservar la calma.

Le sacó por la bragueta toda la polla gorda, dura y tiesa y no supo por dónde empezar. Andy deseaba metérsela por la abertura de esa boquita rodeada por bigote y barbita tan sensual, pero se dejó deleitar por una balada de la lengua sobre la punta de su pene. De repente la balada se convirtió en rock duro, porque Emir le pegó un morreo al cipote engrasándolo bien y a continuación intentó comerle la polla como un poseso, a bocados, pero todavía sin poder digerir ni la quinta parte de lo gorda que la tenía.

Se la comía más con los ojos que con la boca, pero el deseo fue en aumento y Emir se empeñó en que ese rabo iba a estar dentro de él sí o sí. Conservó toda la ropa que llevaba puesta a excepción de los pantalones, de los que se liberó antes de sentarse sobre las piernas de ese macho y clavarse su soberana polla. Ahora sí se la comía enterita y saltaba tan alto que podía notar los sablazos que le pegaba con la manguera de su rabo entre las piernas. Mientras se corría de gusto, por la cabeza de Andy pasaron una buena cantidad de imágenes de culos, paquetes, miradas y cuerpazos de todos los chulos con los que se había cruzado ese día.

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