[Lucio Saints] Hugo Urbina se folla a Alex Rubio en la fiesta privada de calzoncillos mojados

Cuántas manos no se habrán perdido entre la espuma rozando lo que les ha venido en gana, un culito por aquí, un paquete voluminoso por allá, en las fiestas de camisetas mojadas de los locales de todo el mundo. Una forma interesante de acercarse a quien te gusta, con la excusa de la diversión y de iniciar una lucha amistosa. Después llega el agua para refrescar y limpiar a todos los asistentes y las risas, que no cesan, pero sí van dejando paso a miradas lividinosas, que no pueden resistirse al ver un torso musculoso con abdominales de aupa, enmarcados en una tela blanquecina y semitransparente. El deseo de acercarse y hacer que lo que resta de tela desaparezca bajo tus manos, de notar el calorcito y la fuerza de un cuerpo sobre el que te encantaría montar, que sudase de lo lindo sobre ti, todo lo que quiera, mientras te empotra con fuerza.

Hugo Urbina y Alex Rubio van a tener su particular fiesta privada de camisetas mojadas, aunque más que camisetas será otra cosa lo que se les moje, gracias a algún vecino indiscreto y cachondo que lo que quiere es ver disfrutar de dos bellezones rubitos y guapos enzarzados como perracos, follando, para él trajinarse una buena paja viendo la escena.

Un puto calor dentro de casa que no hay quien lo aguante, casi 40º que seguro pones a freir un huevo en el suelo y se hace en unos segundos como si fuese una freidora. Hugo y Alex ya no saben qué más quitarse de ropa. Empezaron por las camisetas, quedándose descalzos y después tuvieron que tirar de pantalones, pero ni aún así fueron capaces de mitigar el calor y tuvieron que salirse a la terraza como última opción, tumbándose en las hamacas y conservando la energía, vestidos únicamente con un par de taparrabos.

Hugo ya se lo dijo a su coleguita antes de salir, que no se llevase la revista, pero él erre que erre, que no podía quitar vista a los tios buenorros de las páginas. Así le pasa, que con tanto cuerpo desnudo y tanta polla tiesa ante sus ojos, le empiezan a entrar los calores y a apretar la polla. Pero ni consejos ni hostias, ni Hugo tirando del sombrero de paja para abanicarse es capaz de que ese puto calor desaparezca. Con tanto bochorno se están empezando a poner cachondos y el vecino cabrón debe haberlo visto bien claro desde arriba cuando decide darles una ayudita.

No saben ni de dónde les viene, porque cuando miran hacia arriba sólo ven la lluvia caer, fresquita y de los colores del arco iris cuando las miles de gotas se cruzan con la luz del sol. Lejos de importarles quién es el cabronazo que les riega, deciden darle las gracias sea quien sea, regalándole la visión de sus cuerpos mojados, de los gayumbos completamente pegaditos a la polla y los huevos, formando un velo transparente que les envuelve los rabos gordos que les están creciendo mientras se tocan para darse placer. Saber que alguien les está observando desde arriba les pone cachondos. Seguro que es uno de esos vecinos buenorros que se han mudado al piso de arriba, que cuando se cruzan en el ascensor no les quita ojo. Seguro que cuando se va a la cama piensa en ellos y se masturba imaginándoles follando juntos y comiéndose los rabos. Pues le van a regalar su momento de intimidad al aire libre para que deje de soñar.

Un buen morreo rozándose los pelillos de la barbita y el bigote lleva a Hugo a reparar en el paquetón de Alex. Primero se lo mide con la mano, apretando bien por encima de los calzones mojados dando forma al contorno de su polla. Se la desplaza hacia arriba, le deja desnudo y con la boca abierta, baja la cabeza como una bala y le come toda la polla. Ese bocado rápido y apretado hace que Alex no pueda contener un gemido. Hugo tiene unos buenísimos labios para arropar pollas, muy masculino, una cara bellísima y labios gruesos, el tipo de chaval que todo hombre desea tener pegándole una mamada. Para poder acaparar toda esa barra y tragársela entera, Hugo se ve forzado a abrir un poco más la boca e incluso a anclar los dientes para tener un punto de apoyo que lo ayude a seguir deslizando ese rabo hasta penetrarse la garganta.

Los pajaritos cantan y las pollas se levantan. Con el rabo morcillón colgando, Alex se levanta y coge a su colega haciéndole entender sin palabras que ahora es su turno para chupársela. Le quita los calzoncillos y descubre algo que le encanta, una buena pollaca larga y todavía blandita, con lo que a él le mola eso de chupar y notar cómo se pone dura dentro de su boca viciosa. Diez caladas es lo que necesita para ponérsela dura, un poco de batido de huevos y ahí la tiene delante de sus ojos, toda tiesa como la de un potrilo salvaje.

Le encanta la polla de su amigo porque es curvadita y eso le supone un reto, a él que le encanta tragarse las pollas hasta el fondo. Esta es diferente, porque al estar curvada hacia arriba no lo tiene tan fácil. Por eso cada vez que se la chupa intenta pulir un poquito más sus habilidades como mamador. Esta vez lo intenta hacer de nuevo, arqueando la cabeza para ponerla en la posición exacta para comenzar a tragar. Después de un primer bocado, abre la boca y se ayuda con los labios para seguir bajando. Casi lo logra, se queda a apenas un par de centímetros y con el gustazo de saber que ha conseguido hacer que Hugo suelte un gemido intenso justo en el momento en que su capullo empezaba a perforarle la garganta apretadita. Sabe que algún día conseguirá posarle los labios sobre la base de la polla, aunque tenga que aguantar la respiración.

Aunque sabe que su amigo es activo, Alex siempre le pide que le deje pegarle una comida a la raja del culo, porque lo tiene tan redondito y blanquito que se le cae la baba. A Hugo le encanta que se lo chupe, que sea activo no significa que no le dé gusto que le hagan un buen trabajo con la lengua en el ojete, hasta algún día puede que se decida a dejar meterle la polla por primera vez. Alex está deseando que sea en ese momento, por eso intenta ponerle empeño jugueteando con su pandero por detrás. Quizá consiga ponerle tan cachondo que pronuncie esa palabra mágica “fóllame” y por fin sentir las bondades de ese culazo acogiendo su rabo, culeando con esos cachetes duros y blanquitos golpeandole los muslos y las caderas.

Según le roza el ojete con la punta de la lengua para hacerlo delirar de gusto, Alex no puede quitar la vista a las pedazo pelotas que le cuelgan entre las piernas a Hugo, grandes, gordas y pesaditas. Lo tiene en la posición perfecta para hacer lo que más le mola, darse la vuelta, tumbarse boca arriba y meter la cabeza entre las piernas, cogerle la polla con la boca y dejar que le folle la cara. Lo que más le gusta de esa postura es notar cómo le golpean y rebosan por la barbilla los cojones calentitos de un machote. Siempre que encuentra a un chaval al que le cuelgan los huevos es algo que le encanta hacer.

Hugo le folla la boca sin compasión. Escuchar el chapoteo de sus propios huevazos chocando contra la barbilla de su coleguita le hace penetrarle con más fuerza y energía. Pero también hay otro agujerito que está deseando explorar con su rabo largo. Le pone de rodillas y se desfoga con su culito metiéndole toda la polla como una taladradora, penetrando duro, hasta el fondo y con un ritmo endiablado. Los huevos cargaditos de leche de Hugo ahora chapotean en la raja del culo de Alex con un soniquete que seguro hasta el vecino cabrón de arriba puede escuchar perfectamente como pisadas de un caballo al trote y al galope.

Hugo tiene una forma de follar como una bestia, abandonándose al gustilo y haciéndolo como un animal. Cada uno con su rabo, pero los dos enzarzados en besos y caricias, se dan caña a los rabos pajeándolos hasta sacarles brillo. Hugo es el primero en correrse echñandose los pringotes de lefa en la barriga entre gemidos ahogados. Alex se alimenta de las vistas del charco de leque que se ha dejado su colega encima para correrse después. Y seguro que alguien allá arriba también ha dejado caer todo el jugo de sus cojones por la ventana.

>> HUGO URBINA LE METE LA POLLA A ALEX RUBIO EN LUCIOSAINTS.COM

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