Mi primera vez follando con un tio

He escuchado algunas historias de cómo fueron las primeras veces de algunos tios con otros chicos y me encanta oirlas, si es con todo lujo de detalles muchísimo mejor, más que nada por eso de compartir las experiencias, jeje. Si quereis contarme vuestra primera vez podeis hacerlo aquí o a través del correo, quizá las publique en un recopilatorio o lo que se me ocurra, que siempre es interesante este tema. Para abrir camino, ha llegado el momento de contar cómo fue mi primera vez con un chico, que en realidad fue hace pocos años.

Nota: Todas las imágenes que aparecen en este texto son mías, sí, incluída la de arriba del todo xD

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Me inicié con los tios un poco tarde, apenas entrado en la veintena. Hasta los 16 más o menos, aún me tiraban las tias, pero a esa edad algo cambió y comencé a fijarme más en los chicos. La cosa empezó cuando empezaba a ir a natación y al gimnasio, en los vestuarios no podía evitar fijarme en los culazos, los músculos, el olor a macho de zapas, calcetines, calzoncillos y montones de rabos en un reducido espacio. Cuando estaba en la ducha hacía todo lo posible por recrearme la vista con algunos chavales que me molaban y con los que hacía por coincidir siempre allí, una panda de amiguetes que estaban tremendos. Me molaba también meterme después en el cuarto de baño de al lado del gimnasio donde nos peinábamos y arreglábamos, un tio perfumadito, engominado y guapete es lo mejor de lo mejor.

La lástima es que no terminaba de lanzarme, se me hacía complicado lanzarme a un tio a pesar de que en algunas situaciones lo tenia a huevo, cuando en las discotecas alguno llegaba a tocarme el culo o mirarme un buen rato. Finalmente conocí a un par de chavales mayores que yo, tenían más de 30 años. No es que fuesen mi tipo, pero se acercaron y me propusieron quedar en un hotel de la ciudad por la noche, porque les había gustado y querían hacer un trio. Me dejaron el número de teléfono. Era verano, lunes por la noche y a pesar de que ya sí tenía la oportunidad al alcance para estrenarme encima con una pareja de tios, dudé un buen rato, pero al final me decidí y fui a por todas.

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Salí de casa y por el camino les llamé. Estaban los dos en el hotel, pero al haber tardado, ellos dos ya se lo habían montado juntos y uno de los chavales se iba, pero el que me cogió el teléfono me comentó que me esperaba arriba. Pensé que iba a estar más nervioso, pero en cuanto entré por la puerta del hotel todo fue hacia adelante sin nervios y con mucha seguridad. El chaval me abrió la puerta, era más bajito que yo, le sacaba una cabeza por lo menos, el otro ya se había marchado, la cama estaba desecha de la follada que se habían metido hacía un rato y pensé en lo que me había perdido.

Empezamos a hablar sentados sobre el borde de la cama durante un buen rato hasta que el tio se cansó de parlotear y pasó a la acción. Cuando empezó a tocarme y acercó su boca a mi cuello y a mis labios para besarme me asusté un poco. Soy bastante imprevisible y hasta en ese momento yo me sorprendí de lo que estaba haciendo. El otro chaval volvió a intentarlo mientras yo estaba tieso como una estatua sin reaccionar. Qué pensaría de mí, al final se iba a cansar y me iba a mandar a la mierda. Me pregunté a qué coño había ido yo allí, a follar por primera vez con un tio, ¿no? Así que le eché un par de huevos al asunto y me quité esa coraza que había llevado puesta tantos años deseando hacérmelo con un chaval.

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Le correspondí los besos y las caricias y empezó a ponerse cachondo. Con cuidado empezó a quitarme la ropa, empezando por la camiseta, después las zapatillas, los calcetines y los pantalones hasta dejarme solo con los calzoncillos puestos. A base de besarnos me llevó tumbado boca arriba sobre la cama. Allí me dejó mientras doblaba mi ropa con cuidado y la dejaba sobre una silla. Se supone que era yo el que debía estar nervioso, era mi primera vez, pero al acercarse y seguir tocándome el cuerpo, noté que era él el que estaba temblando. Me confesó que le molaba mucho. Para mi fue todo un halago que me hizo tomar las riendas y dar la vuelta al asunto a mi favor para meterle caña y vaya si lo hice como un campeón. A saber la de veces que nos habíamos cruzado y me habrían echado el ojo antes de proponerme follar. Por la pinta que tenía, parece que ya lo estaban deseando desde hacía tiempo y eso me encantó.

Tomé el mando de la situación, me incorporé y le comí la boca mientras con la mano le toqué el paquete y le bajé los calzones cogiéndole la polla y pajeándole. Antes había tocado otras pollas con los colegas viendo una porno y con jueguecitos entre amiguetes, pero nada más allá, aquello lo superaba. Cogió un poco más de confianza y me volví a tumbar boca arriba, llevando los brazos tras la cabeza e invitándole a hacerme una mamada. Me bajó los calzoncillos y le encantó verme el rabo ya duro y grande. Me lo pajeó un ratito, pero no tardó en ponerse en posición de mamada sobre la cama, frente a mí, de rodillas y dejando su culo bien abierto, me la cogió, bajó la cabeza y empecé a notar el cosquilleo de sus labios rozándome el cipote, los dientes rozandome la polla y el sonido de la chupada. Me volví loquito, aquello era alucinante, ahí estaba un tio comiéndome el rabo, era como que no podía dar crédito a lo que estaba pasando.

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Me desaté y le solté de todo entre gemidos y guarradas, le hinché la boca a pollazo limpio y el tio aguantó las embestidas como un profesional. Durante más de una hora, sí, más de una hora, estuvo chupándome el rabo. Desde los 13 que me hice mi primera paja creía conocer a mi polla perfectamente, pero de repente ahí me la miraba cuando me la comía y estaba mucho más grande y gorda todavía. Le di de comer sin descanso, jugueteó con mis huevazos que le encantaron porque son grandotes e incluso se divirtió un poco metiéndome la lengua por el culo y dándome un buen repaso desde el agujero hasta la punta del capullo dejándome loco y con la polla a punto de reventar. Se sacaba el rabo de la boca, lo agarraba con la mano y me lo exprimía hacia arriba para sacarme algo de leche, me la lamía con la lengua y vuelta a la boca.

Después, hacia el final de la mamada, hizo varios intentos de tragársela entera hasta los huevos, yo le ayudaba encorvando la espalda y levantando el culo. Ahí estaba el tio con la boca bien abierta y yo taladrándole entero hasta la garganta notando que eso se hacía más estrechito y me daba más gusto.

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El chaval se incorporó sobre la cama y me soltó como quien no quiere la cosa un “¿quieres follarme?”. Poco me importaron los gemidos que pegaba y si había alguien en la habitación de al lado a cada pollazo que le metía en ese culo estrechito. Solo sé que estaba disfrutando como nunca y que iba a terminar lo que empecé y de lo que tantas ganas tenía. Después de casi una hora y media entre mamada y follada yo ya no podía más, le propuse tumbarnos juntos y pajearnos. Él aprovechó para saborearme la polla y yo le devolví la mamada. Estábamos los dos enzarzados pierna con pierna y cada uno con la polla del otro en la mano.

Le dije que me iba a correr y el cabrón me acercó la boca a la oreja susurrándome que no me corriese todavía mientras me pajeaba con más fuerza. Fue decirme eso y me corrí como nunca, escupí lefazos a chorrazo limpio que terminaron en la pared sobre la cabecera de la cama y los siguientes en mi pelo, la cara y todo el torso. Cuando me recompuse de esos segundos de gustazo, ahí estaba mirándome, entre alucinado y sonriente. Acercó la boca a los lefazos y empezó a pasarme la lengua por todo el cuerpo, recogiendo la lefa para después acercarse a mi boca y saborear mi leche juntos.

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Después de eso quise que él se corriera pero como lo había hecho con el otro tio le costó bastante. Me metí en la ducha y salí a despedirme completamente en pelotas antes de vestirme para marchar. El tio no hacía más que mirarme la polla colgando y me dijo que me quedase, que quería más. Me tumbé en la cama y me quedé allí desnudo mientras el tio ponía su cabeza en mi pecho y me tocaba. No sé si él había cumplido algún sueño, pero por supuesto yo sí. Me sorprendí, aquello había hecho que me descubriese de nuevo a mí mismo y me dio la confianza para entrar a otros tios que me molaban, comprobando a la vez que había bastantes que se habían fijado en mí pero que creían que era hetero y por eso no lo habían intentado. El sexo entre tios mola, vaya que sí.

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