Tiago Santana devora el gigantesco y grueso pollón de Josh con su boca y su culo y le jala todo el semen | MEN
The Girthy Farmer Part 1
Como cada día que se echaba la siesta en el barracón, Josh se despertaba con ganas de marcha. No sabía cómo coño pasaba, pero siempre amanecía cachondo con la polla bien dura. Llevaba tanto tiempo trabajando entre otros tios que ahí ya todos se la cascaban estuvieran o no a solas. Si les apetecía se sentaban en el sofá o donde les pillara bien, se sacaban la cola y venga a darle al manubrio, cosa que a veces calentaba a los demás y acababan todos a pajas mirándose unos a otros.
Qué bien les vino tener una putita, Tiago Santana, el nuevo chico.Pronto descubrieron a que ese chulazo musculado con buenos pectorales, un six-pack envidiable, ojazos verdes, una gran boca, sonrisa para derretirse de gusto y mejores labios, le gustaba comer buenos rabos y poner el culo. Un día Josh se despertó de esa siesta, se sacó el rabo larguísimo, bien grueso y gordo, el que más larga la tenía de todos los hombres que trabajaban en la granja y cuando se dispuso a arrearse una buena paja, se acordó de que por qué iba a usar la mano cuando si buscaba a Tiago tendría su boca y su culo disponibles, que eran infinitamente más apetecibles.
En cuanto fue en su busca y Tiago se fijó en lo que se le abultaba la parte delantera del mono de trabajo, sonrió a Josh, se agachó y la atrapó con la mano con la firme intención de chupársela. Estar con la cara mirando hacia un buen paquete siempre le ponía las pulsaciones a todo trapo, se incrementaban al escuchar el sonidito de la cremallera bajando y una especie de amor incondicional recorría todo su cuerpo al ver ese pedazo de pollón impresionante, uno de los más grandes que habían visto jamás sus lindos ojos color oliva.
Mira que se la había comido veces, pero ese tamaño siempre le dejaba sin palabras. La pajeó suavemente, abrió la boca y se la empezó a chupar a lo grande. Por eso les gustaba tanto a los tios del barracón esa boca, por la presión que le metía a los labios bien pegados al rabo, su forma de arrastrarlos por la piel del tronco, la forma en la que la jalaba como si se estuviera comiendo lo más grande, emitiendo sonidos que no habían escuchado en otro hombre que se las hubiera chupado, un sonido que ya de por sí les fabricaba la leche en los cojones, una leche difícil de retener si se paraban a mirar detenidamente los ojazos de ese mamón, su boca chupona y que directamente se les salía sin control si se detenían a pensar en el culo que les esperaba después.
De todos, no sin dificultades, Josh era el que tenía más aguante y el que no se corría a las primera de cambio al mirar esa cara guapa, incluso se atrevía a azotarla con su enorme pene mientras Tiago se colaba entre sus muslos para devorarle las pelotas. Era un buen come pollas. Hasta le rezaba al rabo colocando las dos manos a cada lado y acariciando los laterales mientras se comía el fruto prohibido.
Después del entrante, venía el plato fuerte. El gemido de gusto que salía por la boca de Josh cada vez que bajaba los vaqueros a Tiago y descubría su precioso y apetitoso culazo, era de pura pasión. Ya les ponía a otdos cachondo con los pantalones puestos, pero es que desnudito era una auténtica gozada. Nalgas musculadas, redonditas, blancas, perfectas. El sueño húmedo de todo hombre.
A Josh le gustaba quedarse ahí de pie un rato, admirándolo, recreándose la vista, paseando el rabo por la raja hasta que se decidía a penetrarlo sin condón y entonces pasaba a otro nivel, sintiendo lo apretado que estaba ese agujero. Se lo follaba a pelo gozándoselo bien, se inclinaba y le buscaba la boca para darle un beso, saboreando en esos morros el sabor saladito y dulzón de su propia verga.
Sentado en una bala de heno, Josh se la dejaba chupar de nuevo. Las caricias profundas de esos labios le hacían cerrar los ojos y fantasear lo más grande. Con la polla bien empapada en saliva, Tiago se montaba sobre sus piernas, se la encajaba dentro del ano setándose encima y daba pequeños saltitos pajeándosela con ese impresionante culo.
En esa postursa Josh no podía hacer otra cosa que amar a ese chico, le quería con todas sus ganas. Sentir su pollón bien gordito y amorcillado restregándose contra su estómago en cada salto le gustaba mucho, más todavía cuando Tiago se daba media vuelta y Josh las pasaba canutas viendo ese culazo desvalijando su polla una y otra vez.
Sin duda Tiago sabía bien cómo calentar a un macho con su cuerpo. Estaba buenísimo y usaba ese arma para encandilarles hasta el extremo. Con Josh le gustaba echarse hacia atrás, culearle el rabaco y dejar que Josh volviera a recrearse la vista esta vez con la polla de Tiago bien dura, ahí toda suelta estampándose contra el vientre y brincando. Era ciertamente hipnotizante.
El asunto acababa casi siempre con Tiago tumbado de espaldas y abierto de piernas sobre esa misma bala de heno, machacándosela mientras Josh se lo follaba, soltando toda la lefa encima de sus abdominales. Josh aguantaba pacientemente su turno y cuando Tiago ya se había sacado la rabia de dentro, le agarraba la cabeza por la nuca atrayéndolo hacia su entrepierna, pajeánose apuntando hacia esa cara bien guapa.
Leche jugosa, calentita, saliendo con todo su amor por la punta de la polla como lava, introduciéndose por la boca del chaval, desperdiciándose entre los dedos del puño y su barbilla, goteando sobre el heno del pajar. Si algo les volvía locos a esos hombres era ver esa cara tan guapa llena de su semen, los morros bien sucios, la lefa colgando pegajosa, resistiéndose a caer por los pelos de la perilla de su barbita. Se le daba de lujo chupar rabos antes y después de descargar. Como Josh decía, mucho mejor eso que hacerse una gayola en el sofá tras la siesta. Dónde iba a parar.
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