Dato Foland se folla a pelo el flipante y tremendo culo de Heath Halo, el chulazo de ojos azules al que le acaba de vender una propiedad | Men At Play
Real Estate Broker Part 4
Cuando uno hacía un trabajo brillante había que reconocérselo. Heath Halo había conseguido gracias al agente inmobiliario Dato Foland el mejor chalecito de la zona. Los dueños anteriores habían decidido dejar todos los muebles y decoración tal y como estaban, todo muy minimalista y con muy buen gusto. La verdad es que sentía una inmensa felicidad por dentro, saber que desde ese momento esa casa era suya, poder salirse a la piscina y darse un chapuzón, pasear por ella en pelotas o como le diera la gana. La inconmensurable libertad de un hombre.
Se lo agradeció como era debido, pero para un hombre de negocios como Dato las palabras no eran suficientes. «Bueno, para celebrarlo podemos organizar una fiesta a la que estás invitado«, le dijo Dato acercándose peligrosamente a Heath, invadiendo su espacio personal. No iba a negar Heath que el atrevimiento de ese tio le puso perraco, aparte de que le intimidaron sus ojazos, su mirada, su atractiva cara, el tener al alcance de la mano ese culazo que le había visto marcado bajo los pantalones del traje.
La atracción era mutua. Heath era jodidamente guapo, tenía unos ojazos azules que quitaban el hipo, que enamoraban, que te obligaban a hincar las rodillas para pedirle matrimonio. Qué coño, los dos se habían molado desde que se vieron, eran guapos, estaban buenísimos y tenían un rollo de machotes viriles que no podían con él. Sus caras estaban casi pegadas, se miraban fijamente, se gustaban tanto que se les escapaba una sonrisita nerviosa.
«Podemos empezar la fiesta por aquí«, le contestó Heath agarrándole el paquete todo lo grande que era con la palma de la mano. Porque sí, a atrevido no le ganaba ni Dios. Empoderaron las caderas hacia adelante para rozarse los bultos bajo los pantalones. Los tenían bien prominentes y creciditos. Se besaron con lengua, más bien Dato le relamió todos los morros, lo que solo podía significar una cosa, que bajara a chupársela. Heath tenía curiosidad por saber cómo tendría la polla ese chulo.
Sació su curiosidad enseguida, nada más bajarle la cremallera de la bragueta y sacarle toda la chola y los huevos. Le jaló el rabo a cabezazos. Dato le enseñó lo buena que era la cocina, cogiéndole poderosamente en brazos y sentándole en la vitro, desnudándole de cintura para abajo, colándose entre sus piernas y comiéndole el badajo tragando como un poseso, a bocado limpio. Heath abrió los ojos como platos y una oleada de leche le invadió los huevos. No esperaba de un tio así que la chupara con tanto brio.
Heath se dio la vuelta mirando hacia la cocina, subió una pierna colocando la rodilla en la encimera y puso todo su precioso y grandioso culazo de macho a disposición de Dato para que continuara la fiesta. Redondito, blanco, peludo, el sueño de todo hombre delante de sus narices. Dato le dio por culo intentando contener la lefa en las pelotas, porque cada vez que miraba ese pedazo de culo genial y Heath empezaba a bombearlo, le entraban unas ganas tremendas de preñarle. Se alegró de haberse controlado, porque así pudo ver su semen pegado en su bigote y su barbita arreglada, con esos ojazos azules implorando clemencia mirándole desde abajo.
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