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Daniel hace gozar a Troye Dean metiéndole la polla sin condón después de que le haya comido el rabo a Caden | MEN

Throuple Trouble Part 1

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Qué suerte la de Daniel por tener a una mujer tan concienciada con el servicio público. Cuando la residencia universitaria cerca de su casa entró en obras, ella no se lo pensó dos veces a la hora de ofrecerse para acoger a algunos de sus estudiantes. Así se presentaron en su puerta Caden y Troye Dean, con lo puesto y un par de maletas. Daniel salió a recibirles como se merecían.

Al más jovencito le metió un apretón convertido en abrazo y, para que su mujer no lo viera, le pasó las manos por detrás y le apretó el culazo. Más tarde en la cocina, mientras ella les presentaba las estancias, a Daniel se le estaba poniendo tocha al pensar en la que se podía liar en su propia casa con esos jóvenes universitarios destilando hormonas. Miró a Troye a la vez que se cogía la chorra por encima de los pantalones cortos de deporte que se lo marcaban todo sin dejar lugar a dudas de que la tenía bien larga y hermosa.

El chaval parecía demasiado asustadizo, pero Daniel conocía bien a los de su clase. Bajo esas gafitas y esa apariencia de no haber roto un plato, su culito era un manjar virginal dispuesto ma ser explorado. Ya tendrían tiempo de conocerse mejor, pero todo ocurrió antes de lo esperado cuando, nada más enseñarles las habitaciones para que colocaran sus cosas y se pusieran cómodos, Daniel escuchó detrás de la puerta d euna de las habitaciones unos característicos sonidos que también conocía bien.

Desde su época de estudiante no recordaba aquella situación, cuando alguno de sus compis se traía a otro chico y se metían en el baño a hacer cosas. El soniquete de una mamada y los gemidos que proporcionaba al que la recibía, eran inconfundibles. Se preguntó quiénes serían esos dos guarretes. Se agachó, echó una ojeada a través de la mirilla y vio a Troye de rodillas y al guaperas de Caden posando una mano por detrás de su cabeza, recibiendo una inolvidable mamada.

Mientras Caden se retorcía de gusto y le metía un rapidito en toda la jeta a Troye dejándole las gafas y la cara con su moco pegajoso, Daniel se fue a su habitación a cascársela. Justo estaba a punto de quitarse la camiseta, con el rabo tieso y duro, cuando Troye entró por la puerta casi sin poder ver, con toda la lefa en la cara. Ya que estaba allí, si su compi no había acabado la tarea de follarle el culo, él lo haría con gusto.

Se acercó a él y le besó. Daniel no eran de los que hacían ascos a comerse las babas de otro ni tampoco su leche. Le supo deliciosa. Morreó al chaval y le conquistó con su bella mirada, con esa sonrisa reluciente y embriagadora entre su barba de canela. Se sentó en la cama y disfrutó de esa boquita mamona a la que le encantaba comerse las pirulas a fondo, atragantándose y sintiendo el roce de unos buenos pelos negros y robustos de polla en sus labios.

Hacía tanto tiempo que Daniel no probraba a un chavalito así. Eso de casarse le había desprovisto de los mejores momentos. Volvió a recordar que no había nada como la boca y la mano de un tio para hacerte feliz. Levantó a Troye hacia arriba agarrándole de los pelos. Tenía muchas ganas de follárselo y se lo demostró apretando los dientes a la vez que le miraba fijamente, le tumbaba en la cama y le sacaba los pantalones.

Antes de hacerle lo que tenía que hacer, se puso de rodillas, se metió entre sus piernas y volvió a recordar cómo se hacían las mamadas y a qué sabían. Especiales, sin duda. Resultó que el chaval la tenía larga y bien gorda. Esta generación estaba saliendo con unos pitos descomunales. Por los gemidos y las caras que ponía, se notaba que Troye había dado más placer del que había recibido, pero ahí estaba Daniel para equilibrar la balanza.

Ahora sí, le dijo que se abriera de piernas, le atrajo hacia él hasta dejarle el culete al borde de la cama, dobló las rodillas y penetró su blandito y apretado culo con su dura herramienta, a pelo, cascándole sus huevos colgantes en toda la raja. Qué tiempos, cuando hacían guarradas de esas en sus tiempos universitarios, a escondidas por las habitaciones a cualquier hora, sin nadie que les juzgara. A Daniel esa follada le sirvió para llevarle de vuelta a una segunda juventud.

Al ponerle a cuatro patas, descubrió que el ojete del chaval era altamente maleable. Vio la forma de su redondito culazo y justo en medio de la raja, el hueco abierto que él mismo acababa de dejarle. Un ojete con memoria. Se la metió a pelo y le dio por culo, luego se subió encima de él y le penetró de arriba a abajo, dejando que notara sus pelotas sobre las nalgas.

De rodillas, piernas abiertas, protegiendo entre los muslos ese culo que ahora era todo suyo, le empotró sin condón. Se tumbaron juntitos, le hizo la cucharita por detrás y le abrazó mientras le encajaba el pirulón por el ano. Volvió a darle una última vez por detrás antes de obligarle a tumbarse bocarriba sobre el colchón para disfrutar de un espectáculo único que estaba a punto de regalarle.

Daniel se la peló justo encima de sus pectorales. Un sonoro gemido desgarrador cargado de vicio acompañó a una fuente de esperma vibrante y apoteósica. Un chorrazo de lefa que parecía no tener fin salió de su polla y cuando por fin se cortó, empezó a expulsar leche a toda hostia y a presión. Uno, dos, tres, cuatro, hasta cinco lefazos de calidad dejando el pecho del chaval llenito de caldo de macho.

Se le tuvieron que quedar los huevos secos. Troye respondió como mejor sabía, arreándose una paja y soltando su esperma. No lanzó ni de coña como Daniel, pero es que lo de ese tio era casi inalcanzable e irrepetible. La hostia puta, no hacía ni una hora que acababan de conocerse y ya habían acabado gozándolo sobre la cama. Se venían unos días muy ricos.

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