Jay Roberts se abre piernas y se deja dar a pelo por los detectives buenorros Dato Foland y Andy Toro | MEN
The Broligarchy Part 3
Nunca más volvería a caer en el pecado de la carne, se dijo a sí mismo Jay Roberts después de caer tan fácilmente en la trampa de Paddy aquel día. Palabras que ni él mismo se creía, pues donde estuviera un tio guapo con un buen pollón, bien merecía la pena perder el honor y la gloria. Su imperio se estaba despedazando por momentos y algo le decía que si era así como iba a acabar la broligarquía, lo mejor era morir matando.
La cosa no iba a mejor. El día que los detectives Dato Foland y Andy Toro irrumpieron en las oficinas de su empresa tecnológica para arrestarle, después de sufrir una tremenda vergüenza viendo las caras de sus trabajadores mientras salía esposado, algunos cabizbajos y otros sonrientes, Jay se juró que regresaría más pronto que tarde a cargarse a estos últimos por su osadía.
Todavía era un hombre con poder y dinero y si se tenía eso y además ofrecías sexo a cambio, lo tenías todo ganado. Sí, hasta con un par de detectives. Una vez más recurrió a la naturaleza del hombre, solo que esta vez con dos a la vez, dándoles donde más les podía doler. Su libertad a cambio de unas mamadas. No, ningún hombre podía negarse al contacto de unos labios suaves rozando la erección de su polla.
Parecían tipos duros, incluso mantuvieron el rictus serio mientras le quitaban las esposas y le hacían agacharse entre los dos. Por suerte para todos, ninguno de los dos llevaba calzones. La de Dato tiraba de lujo en el frontal de los pantalones y la de Andy, joder con la de Andy, si parecía que tuviera una tercera pierna ahí colgándole entre medias, tan jodidamente larga que campaneaba a sus anchas a un lado de la bragueta, en la pernera del pantalón.
El primero en sacársela fue Dato. Menuda chistorra, bien larga y gordita, con su capuchón puesto. La de Andy no defraudó. Tan larga como presentía, cilíndrica, gruesa pero lo justo para que te nazca en la cabeza la palabra pollón al verla colgando, venosa, tan guapa que a Jay se le despertó el animal que llevaba dentro y acabó comiéndosela hasta los huevos a la primera chupadita.
Se la dejó embadurnada de saliva, colgando toda morcillona antes de ir de nuevo a por la de Dato. Jay salía a tomar aire a bocanadas y seguía mamando rabo, el sonido del hambre. Los detectives empezaban a tener calor, se quitaron las chaquetas. Andy tenía los pantalones por los tobillos. Jay pasó una mano entre sus piernas, le acarició el lindo culete que tenía, suave y varonil, le apretó la nalga para atraerle hacia su boca y volvió a comerle la polla hasta las trancas.
El pene tieso y duro de Andy salió de su boca como un desatascador, empapado en sus babas. Jay estaba completamente excitado, fuera de sí. Su rabo estaba tan duro que tuvo que sacarlo de su encierro. Se pajeaba, mamaba, jugueteaba con la pija de Dato, aprovechándose del trozo de piel que recubría su cipote, apretando fuerte con los labios para sacarlo hacia afuera, pasando la lengüita dentro del hueco hasta toparse con la raja del capullo.
Le pusieron de pie. Jay se desabrochó y se bajó los pantalones. Un cachete de Dato le hizo inclinarse y en cuestión de segundos se la estaba chupando a Andy mientras Dato se lo follaba por detrás sin condón. No sabía con cual quedarse, así que continuó dejándose hacer por los dos. Dato era puro sexo, guapo, atractivo, ojazos, con un curpo musculoso y envidiable. Andy era más el poli malo, tenía un pedazo de pollón, un buen culito y te ganaba por KO con esas caras de vicio que ponía, como deseando follarte a todas horas. Ese estilo de malote encendía a Jay hasta subirle la temperatura.
Su boca seguía succionando rabo, esta vez el de Dato, porque acababan de ponerlo sobre la mesa del comedor, abierto de piernas y Andy ya se lo estaba tentando, primero rozándole el ojete con la punta del pene y luego bajando a abrirle el agujerito a base de lengua. Un escupitajo y otra para adentro, esta más grande y larga. Jay abandonó un momento la de Dato sacándola de su boca para gemir en alto. Qué gustazo.
Madre mía, qué pollón el de Andy, a simple vista no parecía tan grueso pero se le quedaba ajustada a más no poder dentro del ano. Dato decidió hacer una sentadilla sobre la cara de Jay. Las vistas de Jay no podían ser mejores. El culo flipante de Dato cada vez más cerca de sus ojos fue abriéndole el apetito, luego Dato forzó la polla hacia abajo y se la metió por la boca follándosela, haciéndole un gag the fag.
Los huevos de Dato taponándole la nariz y ese culo grande y reventón tan cerca de sus ojos, no pudo evitarlo, acabó metiendo los morros en su raja, gozándose ese culo gigante. Dato se inclinó sobre él y comenzó a acariciarle y comerle la polla. Contagió las ganas a Andy, que abandonó por un momento la calidez y comodidad del interior del culo para bajar a comerle la chorra a Jay dándole un buen repaso con la lengua desde las pelotas hasta la punta, comiéndose las babas de Dato, limpiándole la tranca a dos bocas.
Todavía abierto de piernas sobre la mesa, Dato y Andy se pusieron en fila turnándose para follarle el culo. Cuando le tocó a Dato, Andy, que no podía aguardar más su turno, levantó la camisa a Dato por detrás, vio ese pedazo de culo y le pidió permiso para follárselo. El detective accedió a ello y acabaron los tres enganchados haciendo un trenecito, con Dato en medio.
Eso estaba bien rico. Jay quería más. Se puso de lado en la mesa haciendo hueco para dos tios más, elevó una pierna al pecho, se dio una palmada en el muslo para que los dos le siguieran, Dato le hizo la cucharita y elevó también una pierna para dejar paso a Andy dentro de él. Tres pollas, tres pares de cojones, culitos abiertos, muslazos, Dato se puco cachondo y comenzó a mecer las caderas hacia adelante y hacia atrás, dando cuando metía y recibiendo cuando la sacaba.
Él fue el encargado de orquestar el ritmo. Tras desenganchar los vagones, Dato siguió tumbado sobre la mesa, enderezó su pija y Jay se sentó sobre ella empalándola dentro de su culo, cabalgándole. Mientras lo hacía, Andy se inclinó para comerle la polla a Jay.
Ahora de rodillas sobre la mesa, los dos detectives estaban de pie en ella, uno a cada lado, como habían empezado pero en un lugar más alto y con los cojones más cargados sin duda. El primero en desalojarlos fue Jay. La visión de esos dos tios pajeándose al lado de su cara fue más que suficiente para lanzar leche y mojarse los nudillos.
Andy le hizo mirar hacia su lado, le plantó la mano sobre la cabeza y la dirigió hacia él, apuntó con el rabo hacia su cara y le pringó la barbita canosa con su semen. Dato avisó con poco tiempo. Jay ni lo vio venir. De repente un lechazo blanco y largo salió despedido de la polla dibujándole de blanco todo el bigote, dejándole la parte dle pecho de la camisa azul llena de lamparones. Pero ni todo el dinero ni el poder de Jay, ni siquiera ofreciéndose a tener sexo acudiendo a las fantasías sexuales de los hombres, fueron suficientes para engañar a los detectives, que una vez obtuvieron lo que quisieron, continuaron con el trabajo que les habá sido encomendado.









