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Lorenzo Ricci y Harry Coleman se dejan comer los rabos por Ennio Leone en el establo y se corren a lefazos en sus lindos morritos | Bel Ami Online

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Un pequeño establo a las afueras del pueblo, ese era el lugar donde Lorenzo Ricci y Harry Coleman podían intimar igual que lo harían en la habitación de un hotel dos chicos de la gran ciudad. Cada domingo por la tarde se cogían las bicis y no daban una sola pedalada sin estar nerviosos, deseando llegar a su nidito de amor y hacerse lo que tantas ganas tenían de hacerse durante toda la semana.

Nada más cruzar la puerta del establo, se quitaban las camisetas explorando sus cuerpos atléticos, cada vez más convertidos en hombres de pleno derecho, abandonando la adolescencia. No tenían reglas. Llegar, desnudarse y disfrutar. Lorenzo se ponía a tono sentado sobre una bala de heno, con Harry en su regazo, pasando la cara por sus pectorales, sacando la lengua, relamiendo sus pezones a la vez que metía las manos por detrás de sus pantalones y se los iba bajando sobando sus tersas nalgas.

Tantos viajes al mismo lugar, tanta rutina, acabaron por dejarles expuestos ante otros chicos curiosos que iban enterándose de qué era eso de practicar el sexo. Ennio Leone les había seguido la pista durante varias semanas y un buen día se acercó para ver qué hacían esos dos allí dentro. Les pilló besándose e intimando y les espió por la puerta varias veces, tocándose la cola, disfrutando de la peli porno del fin de semana, hasta que a él también le descubrieron y le metieron dentro del establo a la fuerza con ellos obligándole a prometer que no contaría nada.

No se podría decir de Ennio en el pueblo que no fuera un chaval listo y con la cabeza amueblada. El chantaje a veces era una forma de salir ganando ante una clara desventaja, así que les propuso que si no querían que dijera nada, tendrían que dejarse comer las pollas. Nada que no supusiera una ventaja para todos. Lorenzo y Harry accedieron, presionaron cada uno por un lado los hombros del chavalín y le hicieron agacharse.

Durante un buen rato Ennio les sobó los paquetes por encima de los pantalones. No llevaban calzones. Con tanto manosea enseguida se les puso dura, momento que aprovechó Ennio para bajarles los pantaloncitos y descubrir sus vergazas. Iban bien dotados los dos cabrones, con unas pijas largas y bien duras. La de Harry era super gruesa y con un cipote descomunal. Se las fue mamando por turnos, entregando bien de saliva, haciendo que se pusieran cachondos.

Tenía la de Harry emborrachando su boca cuando la corrida llamó a su puerta y el pequeño Ennio se corrió en el pajar. Al ver la leche saliendo por la polla, Harry se contagió de las ganas, se masturbó sobre la cara del chico y le impregnó los morros con su semen, lanzando unos chorrazos largos que mancharon las piernas de su colega al otro lado. Lorenzo se acercó pajeándose a la cara de Ennio y proyecto unos buenos chorretes sobre ella.

Se las estrujaron y se sacaron hasta la última gota antes de subirse los pantalones y largarse en bicicleta como habían llegado. Ennio se quedó allí de rodillas sobre la paja, sintiendo la leche de esos dos cachitas pegada en su cara. Se relamió y la saboreó. A falta de agua, usó la bebida energética que se habían dejado olvidada para echársela por la cara y limpiarse.

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