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Leo Levine da consuelo a Samm Fitness después del partido follándoselo a pelo en los vestuarios y regalándole su leche en todo el pechote | MEN

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Rivales en el campo, mejores amigos en el vestuario. Después de una dura derrota en el partido decisivo de la temporada, Samm Fitness se maldice sentado sobre el banco junto a las taquillas del equipo visitante por no haber hecho ese pase, por no haber realizado aquella jugada. No hay nada que pueda consolarle excepto una persona especial, su rival y compañero Leo Levine.

Se pueden practicar mil y una jugadas, entrenar como el que más, pero Leo tiene algo que los demás no tienen y que engancha, que en un factor más a tener en cuenta, sobre todo si te molan los tios y es que el cabrón es jodidamente guapo, tiene un encanto que te hace querer cuidarlo con todas tus ganas y para colmo anda muy bien dotado. Cuántos han besado la hierba por quedarse mirando su paquete, sin el protector contra golpes, con la minga ahí bien aprisionada en el frontal de los pantalones, marcándose todo el rabo largo que tiene colgando entre las piernas.

Esa noche, el único consuelo que puede ofrecer Leo a Samm es su cuerpo, que además sabe que le gusta, porque muchas veces se lo ha pedido a cambio de nada, entre bromas y verdades. Encantador cuando se baja los pantalones y se le queda la picha larga y gordita toda morcillona rebotando sobre las pelotas. Por si no es suficiente encanto, se sube la camiseta para mostrar su alucinante cuerpecito atlético, con cada músculo bien marcado.

Uno son complemento del otro. Tú de rojo, yo de azul, tú tienes la polla que busco, yo te doy el culo que quieres. Samm le da la espalda, se queda bien cerca de su colega y se baja los pantalones empezando por detrás, para que Leo admire el culazo respingón y algo peludete que tiene, para que se le antoje tanto como a él ya se le ha antojado su rabo.

Sentado en el banco de los vestuarios, desnudos de cintura para abajo, empalmados en cuestión de segundos, se dan un beso sin que nadie se entere, ni jugadores, ni entrenadores ni público. Samm se inclina y arropa entre sus labios la polla de Leo, mucho más larga de lo que le parecía al mirarla de lejos, mucho más gruesa, hasta completar su boca. Leo gime de gusto, siente que pierde el equilibrio y se aferra con una mano a la nuca de Samm, que ya se la está masturbando, tragando y sobándole las bolas.

Por un momento Leo piensa que su compañero puede que no sea el mejor con el balón de fútbol en el campo, pero que en el debido terreno y con otras pelotas, hay juegos que se le dan de puta madre. Leo la tiene cada vez más dura y Samm tiene cada vez más hambre, se juntan el hambre con las ganas de comer y Samm acaba empujando con una mano los huevos de Leo hacia arriba, intentando autopenetrarse la garganta con ese pedazo de pito.

Vuelven a besarse y cruzan pajas, sintiendo el sexo del uno en la mano del otro, diferente presión y ritmo al que acostumbran cuando se la tocan a solas. Les gusta y les da morbo tocar la cosa de otro hombre en el lugar más apropiado para ello, un lugar solo para tios, un lugar donde ver rabos dando bandazos, culazos increíbles contoneándose delante de tu jeta y el agua de las duchas resbalando por cuerpos musculosos, está a la orden del día.

Samm da la espalda a Leo, hinca la rodilla en el banco, se inclina y le da culo. Leo le coge con mucho tanto por las caderas, se acopla a la perfección detrás de él y va hundiendo la polla dentro de ese agujero peludo y super apretado. Empuja, empuja, empuja, sin condón, se goza ese apretón que le deja bufando de vicio y poco a poco la va colando hasta tenerla entera dentro del ano, sintiendo cómo los pelos mojados del culo de Sam se frotan contra su pene erecto.

Tan juguetón en el campo como fuera de él, Leo se pone el casco. Quiere que Samm imagine que están en la cancha y se lo trinca por detrás. No podrá robarle el balón, pero le está robando el culo, quién sabe si también el corazón. Samm se tumba bocarriba en el banco, se abre de piernas y se regala las vistas con el torso de Leo, con su carita de ángel peligroso. Está bueno, está muy bueno y tiene una tranca que flipas.

Fuera equipamiento, fuera fetiches. Se desnudan por completo como cuando se van a las duchas y por un momento aprecian sus cuerpos. Leo está delgadito, pura fibra, un yogurín bien preparado para dar amor. Samm está cachas, otro guapo de manual con mucho vello por todo el cuerpo que le hacer parecer un daddy de lo más sexy.

Vuelve a darle culo, pero esta vez se queda mirando a Leo de lado, apreciando su musculatura y su belleza, la forma que tiene de menear las caderas mientras se lo folla. Es joven, pero sabe lo que se hace. Samm anima a Leo a sentarse, le da la espalda y se cabalga su pijote haciéndole una buena paja con el culo, con amplios saltos, generosos, por culpa de la polla tan larga y grande que tiene, una que se hace querer.

Leo intenta resistir como puede el apretón y el masaje de ese culo, además Samm se le ha puesto de lado y puede ver cómo en cada salto le brinca el rabo, una mata de pelazos negros en la base como no había visto nunca en un tio, que encima le sienta divina. Sin embargo es Samm el que, además de ser vencido en el juego, también se vence en el amor y acaba expulsando por la polla unos buenos lechazos que dispara al aire y acaban en la pierna de Leo.

Entregándose como trofeo, Samm se arrodilla ante Leo y saca pecho. Leo se la pela delante de él, apunta hacia sus pectorales y los decora con todo su esperma, con los lefotes impregnando sus pelos. Samm aprecia que queda caldo en esos cojones, que la leche sigue fluyendo por la raja del cipote, así que menea los hombros dejando que el glande de Leo le acaricie las tetillas, dejándoselas impregnar también con su leche. Perder el partido más importante no es el final, es solo el principio.

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