[MEN] Dennis West se folla a Theo Ford encima de la mesa en “Gay Of Thrones, Part 8”

Las relaciones, decisiones y opiniones sobre el campo de batalla están más tensas y dispares que nunca, pero por los siete reinos que sus habitantes saben cómo calmar la ira y reconducirla para hacer algo mejor. Tras una acalorada discusión entre los hermanos Dennis de la morada de Palo Alto, Theo Ford decide poner paz entre ellos quedándose a solas con Dennis West y cogiéndole el paquete con la mano tan fuerte entre las vestiduras que entre los cuatro muros resuena un gemido que ni tres dragones podrían proferir.

Los hermanos de Palo Alto nacieron todo rabos, diez hombres que crecieron hasta convertirse en machos rudos y fuertes, sedcutores natos y bien conocidos en el reino por portar entre sus piernas unas buenas pollas colgantes y un buen par de huevos. Cuentan las leyendas que al alcanzar la mayoría de edad, su padre les hizo un regalo a todos llevándoles a unas termas.

Desnudáos hijos míos y disfrutar de la estancia – les dijo mientras se retiraban la única toalla que cubría sus partes íntimas.

Por todos era conocido el secreto de que cinco de ellos gozaban de coños en la cama y los otros cinco preferían comer pollas. La puerta principal de la estancia se abrió y por ella apareció alguien que consiguió ponersela a unos y a otros morcillona sin diferencia. Cara con apariencia de hombre, un bello y atractivo rostro masculino que contrastaba con un buen par de tetas voluminosas y gigantes, tersas y enormes para perder la cabeza entre la raja central. Aquel ser que ni parecía hombre ni parecía mujer se quitó la toalla y los muros fueron testigo de diez gritos de asombro. A cinco de ellos se les empinó durísima al ver la polla que le colgaba, lo más gordo y grande que habían visto nunca. Salivando los cinco se acercaron y arrodillaron comiendo como pollitos de esa mamá polla.

Con un vicioso gesto de lujuria y con esas cinco bocas mamándole el rabo, el medio hombre mujer se dio la vuelta y se abrió el culo para mostrar algo que se la puso dura a los otros cinco hermanos. No era ni uno, ni dos, sino tres agujeros preciosos, tres irresistibles almejas para sus largas pollas. Uno a uno se fueron acercando eligiendo hueco y dos de ellos compartieron agujero. Los gemidos de las corridas y de bocas alimentadas llegaron a oídos de padre, que abrió la puerta y se encontró a sus diez hijos felices como cachorrillos, a cinco de ellos les correteaba lefa por la babilla, el pelo y la cara y todavía escupían parte de ella por la boca, los otros cinco aún la tenían dura y bombeando las últimas gotas de leche que les resbalaban por la punta de la polla.

Dennis West de Palo Alto no sabía cómo lo conseguía, sabía que tenía que ser por el tamaño de sus cojones colgando, por la longitud de su largo rabo, pero todos los chicos terminaban arrodillados a sus pies blandiéndole la polla con la boca y toqueteándole los huevos con la mano libre. Acostumbrado a compartir todo con sus hermanos, a que cuando mamaba un rabo siempre había otra cara enfrente esperando su turno, a Dennis le encantaba disfrutar de estos momentos a solas con algo para él solo. La de Theo Ford, larga, venosa y curvadita, se la comió ocn tantas ganas que hasta se atravesó la garganta con ella, glotón de cipote.

Desde el regalo de su padre había comido tantos rabos que sabía lo que más les gustaba a los tios y a él mismo, metérsela hasta el fondo de la garganta hasta ahogarse. Eso les volví a todos locos y también tenía su recompensa, porque sin excepción alguna todos terminaban dejando aparecer por la raja del cipote esa gotita de miel blanca que tanto le gustaba recoger con la lengua cuando les hacía eso.

Igual que sus otros cinco hermanos eran los más famosos comedores de almejas, él y los otros cuatro fueron reclutados en la Guardia de la Noche para calmar las pollas de los guardianes junto al frío Muro. Cada noche se jalaban entre veinte y treinta rabos, siendo el semen, debido a la escasez de comida, su único alimento de proteínas para no pasar hambre. Habían nacido para eso, para comer pollas y descargar las pelotas.

Al ser el menor y tener que compartirlo todo, todavía no sabía lo que era meter una polla dentro de un culo durante más de veinte segundos, siempre llegaba alguno de los abusones de sus hermanos para sacarle el rabo del agujero y ocupar su lugar y él terminaba a un lado apartado, pajeándose mientras contemplaba e imaginaba que se sentiría frotando su rabo sin parar durante tanto tiempo dentro de un agujero tan estrecho y amigable.

Pero observar desde lejos no había sido todo un inconveniente, porque ahora sabía cómo abrir un buen ojete como el de Theo, aprovechando la experiencia de todo lo que había visto. Tenía que utilizar la lengua y relamer la entrada dando ligeros toquecitos con la punta, echar saliva y seguir así, chupando hasta comprobar que se dilata el agujerito. Y así una vez abierto, enfilar la polla y meterla dentro. A Theo le encantó sentir la furia de Palo Alto en todo su culo, pero lo mejor y de lo que todos los chicos del reino hablaban, el poder sentir unos voluminosos y calentitos cojones golpearle el pantero cada follada que le pegaba.

Sin sus hermanos alrededor para aguarle la fiesta, para Dennis meterla tanto tiempo era algo nuevo. Ahora comprendía, cuando entonces era pequeño, por qué los perros de la aldea adoptaban esa postura cubriendo a las hembras, les nombraba varias veces y nunca hacían caso. Tenían que seguir, no podían parar, como él, notando un cosquilleo recorriéndole desde la cabeza hasta la punta de los pies, un gusto intenso que se concentraba en su polla aprisionada por ese culo inmenso.

Le encajó la polla hasta dejar que los pelos de su pubis se juntasen con los pelos del culo de Theo antes de tumbarse sobre los siete reinos recreados en la maqueta encima de la mesa y asistir a una exprimida de rabo sobre la que perdió el control. Aquel culo bajaba y subía a su puto antojo empalándose en su polla, las piezas caían al suelo, la estrategia se desmoronaba y se iba a tomar por culo. Todos preocupándose por sentarse en el jodido trono de hierro cuando había cosas mucho más interesantes sobre las que posar el culo.

Con tanto bombeo de rabo nunca había aguantado tanto, un calorcito extraño se le empezó a acumular en el centro del cuerpo y sintió que toda la energía se le iba a escapar de un momento a otro por la polla. Agujereó ese culo por última vez taladrándolo desde arriba logrando que Theo se sacase la leche con un géiser de semen que salió disparado hacia arriba, le sacó el rabo del culo y se pajeó sobre él hasta dejarle toda la estirpe de Palo Alto encima.

El hambre que pasó en el Muro cuando su único alimento eran proteínas de macho, era una época que todavía permanecía muy arraigada en él. No podía olvidar los rabos bombeando leche dentro de su boca, algunos con tan buen tiro que le ahorraban el tragar, cuando de un hostiazo de lefa se la colaban certera hasta el fondo de la garganta. Cada uno tenía un sabor distinto y con el tiempo llegó a apreciarlo, tanto que una vez su semen sobre el cuerpo de Theo, no podía evitar recoger la mezcla de sus dos corridas con la mano y llevársela a la boca para saborearla con mucho gusto.

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