Luciano mete un folladón a pelo a Ridick sobre los neumáticos del taller mecánico y se corre sobre su barba y la corbata de su traje | Men At Play
Don't Fuck With The Mechanic
Últimamente Ridick frecuentaba más el taller mecánico. No es porque se le estropeara la caja de cambios ni nada de eso, sino porque, si ya de por sí le molaba el olor a gasolina y herrumbre, ahora tenía un incentivo más para ir allí, Luciano, el nuevo chavalito que estaba como un tren. En lugar de irse a hacer otras tareas y volver después, Ridick prefería quedarse mirando ese cuerpo musculadito, su ajustada camiseta de tirantes blanca manchada de grasa.
Y su culito. Dios mío, cada vez que se agachaba para aflojar alguna pieza y el pantalón azul se le bajaba por detrás desnudando su cintura, descubriendo su hucha. Tenía pinta de ser blanquito y suave y para Ridick se había convertido en un sueño después de tantas veces. El sábado que le pilló a solas en el taller, decidió dar un paso adelante, forzándole, exigiéndole que tuviera preparado su coche para ese mismo día sin esperar al lunes, soltándole un buen fajo de billetes si además de eso le dejaba tocarle el culo.
No pudo reprimir decírselo, porque estaba deseando sentir en la palma de sus manos el tacto de esas nalgas. Era todo o nada. El chaval le cogió por las solapas de la chaqueta del traje, lo estampó contra la mesa de herramientas y Ridick pensó que había sido bonito mientras duró. Entonces Luciano, con cara de pocos amigos y el rostro serio y decidido, le dejó bien claro que iba a ser él el que se follara su culo.
Forzó a Ridick a ponerse de rodillas frente a la mesa y le puso a comer rabo. Luciano plantó las manos a cada lado de la cabeza de Ridick, acompañando el ritmo de la mamada. Luciano sintió un cambio de temperatura en su cuerpo, así que se alzó la camiseta y se la pasó por detrás del cuello. Ridick alzó la vista y flipó de lo lindo con ese cuerpazo increíble, lo que le animó a chupar más a fondo esa pija bien larga.
El cazador cazado. Luciano levantó a Ridick, le colocó mirando hacia la mesa de herramientas, lo lanzó hacia ella inclinándolo, le desgarró la tela de los pantalones descubriendo el culazo de su cliente y se lo folló a pelo, arrugando la chaqueta con sus manos por detrás de la espalda y usándolo como riendas para darle ritmo. Luego le puso sobre una pila de neumáticos, le abrió de piernas y se la enchufó de nuevo.
Joder con el chaval. Estaba buenísimo, con esa cara tan linda y ese cuerpazo musculadito. Ridick jamás hubiera soñado con que su primer encuentro acabaría así. Siempre había creído que sería un cachorrito domable, que se pondría cachondo y se le abriría el ojete al sentir las manos de un santo varón acariciando su culete. Pero qué va, había salido un dominante follador de culos.
Todavía sobre los neumáticos, Ridick le invitó a acabar sobre su jeta. El chaval tenía una leche de calidad suprema, blanca y espesita, que salió disparada por su larga polla, depositándose en la cara, los pelos de la barba y la corbata de Ridick, que se quedó con la boca abierta y la lengua por fuera permitiendo que el chico se vaciara los huevos encima de él. Al acabar, Ridick le sonrió mientras se relamía los labios con su semen encima. A veces lo inesperado era mejor que los sueños.









